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viernes, 19 de junio de 2026

Apología de naturalizar la coima, con los adornos de mi ley en Argentina

Sobre adornos y sobornos, y de la tentación de la plata dulce

La práctica de compartir la función pública con negocios extracontables forma parte de muchas carreras políticas desde hace varios siglos; por eso, es interesante analizar las diversas palabras que en los distintos tiempos definieron a la corrupción.

Walter Neil Bühler 19 de junio de 2026


Hay personas que llevan en la sangre el oficio o el talento que ejercen. Sus nombres y apellidos guardan una íntima relación con sus ocupaciones y, a veces, con su destino. De ellos puede hacerse una lista tan larga como variada, y en distintos idiomas.

En 1952, el psicólogo Carl Jung escribió en su libro Sincronicidad como principio de conexiones acausales que "entre el nombre de una persona y sus peculiaridades hay una coincidencia a veces bastante grotesca".

Cuando un nombre tiene un significado relacionado con la persona que lo lleva, se lo conoce técnicamente como "aptónimo". El periodista argentino Walter Duer exploró este fenómeno en su libro Marcados por el destino. Allí pueden leerse casos como el de las licenciadas Adriana Caldo y María Pappa, que trabajan juntas en el área de trastornos alimentarios, o el de un experto en violencia familiar que responde al nombre de Norberto Garrote. Duer encontró también a Gloria Perrupato, médica veterinaria egresada de la Universidad de La Plata; a los doctores Bustos y Teti, ambos especialistas en patologías mamarias. Tenemos también a José Barritta, alias "el Abuelo", jefe de la violenta barra brava de Boca Juniors; y al Dr. César C. Carman, quien presidió el Automóvil Club durante años. A nivel internacional, aparecen Estrella Torres, designada directora de American Airlines, y Emilio Botín, presidente del Banco Santander, acusado de fraude.

Todo esto de los aptónimos viene a cuento porque no se ha prestado suficiente atención a la etimología de la palabra "soborno". El término proviene del verbo sobornar, que deriva del latín tardío subornare, compuesto por el prefijo sub- ("por debajo" o "en secreto") y el verbo ornare ("equipar", "adornar", "proveer"). Su significado original era "preparar o instruir a alguien de forma oculta". Ya en la época clásica —empleado por Cicerón— y luego durante la Edad Media, el concepto fue adaptando su sentido hasta llegar al actual: preparar o incitar a alguien a actuar contra su deber mediante dádivas o promesas.

El presidente Julio Argentino Roca- ese que tanto admira Milei - tuvo un hermano, Ataliva, quien, al igual que Adorni, fue funcionario público, y al igual que Manuel Adorni, fue empresario inmobiliario; roles que, al igual que Adorni, no siempre supo distinguir con demasiada claridad. Los manejos poco transparentes de Ataliva llevaron al ingenioso Domingo F. Sarmiento a acuñar el verbo "atalivar", que se conjugaba en privado cada vez que se sospechaba que alguien obtenía un beneficio espurio en alguna gestión gubernamental o particular. Hoy no hace falta recurrir a ningún neologismo: la palabra "adornar" ya forma parte de nuestro lenguaje histórico, como lo atestigua el Diccionario del lunfardo de José Gobello, donde figura junto a "afanancio".

Obediencia

Se nos ocurre una eficaz línea de defensa si el jefe de Gabinete llegara a ser llevado a juicio —Dios y las fuerzas del cielo no lo permitan—: podría alegar obediencia debida. ¿Recuerdan que a fin de año Milei obsequió a sus ministros, a modo de filosofía de gestión, el librito Defendiendo lo indefendible de Walter Block? Adivinen qué defiende este anarcocapitalista, entre otras aberraciones: el soborno. Para Block, el soborno no es una agresión ilegítima sino un mecanismo de mercado que surge como respuesta a la regulación y la prohibición estatal. Sostiene que, si el Estado no tuviera el monopolio para prohibir ciertas actividades o mercados, no existirían los incentivos para que los privados sobornen a los funcionarios. Tanto el chantaje —amenazar con revelar información verdadera a cambio de dinero— como el soborno son vistos por Block como intercambios entre adultos responsables. Bajo su marco filosófico libertario, dado que no existe violencia física inicial, la transacción es considerada parte de la libertad de mercado y un contrato entre las partes involucradas. Este pensamiento es compartido por los principales referentes del ultraliberalismo: Rothbard, Von Mises, Friedman y Hayek, todos ellos ídolos de Milei. No deja de tener su lógica: ¿qué funcionario público argentino estaría dispuesto a promover la construcción de puentes, rutas o aeropuertos —en síntesis, obra pública de cualquier tipo— si no supiera que hay un retorno?

Otra estrategia de defensa posible sería lo que el filósofo alemán Theodor W. Adorno - vaya con el apellido - llamaba la táctica del salami: negar aspectos menores para destruir la credibilidad del conjunto. Como fetas de salame que diluyen el todo, siempre queda el recurso del "Ah, pero los kukas", o, en este caso, la tabla salvadora del Mundial de fútbol.

En el contexto de las denuncias judiciales por el patrimonio de Adorni, un sondeo de la consultora Trespuntozero reveló que el 97 % de los encuestados estaba al tanto del caso. Sospecho que el 3 % restante se lo quedó Karina. Milei clonó a su perro tres veces y se siente parte de la Santísima Trinidad —si no las tres personas a la vez—. Karina, en cambio, prefirió una teología más práctica: el tres por ciento. Juntos armaron el triángulo de hierro. En esta familia, el tres es claramente el número sagrado. Ataliva Roca los entiende perfectamente desde el más allá. Y si Milei realmente cree en el mercado, debería saber que, con tanta oferta del tres, el precio va a bajar.

Coima y literatura

La palabra coima es de etimología incierta, aunque muchos la emparentan con el portugués cooymha, que a su vez procedería del latín calumniare. En algunos países latinoamericanos, coima designa a una prostituta, una amante o una empleada doméstica. En México se la llama "mordida"; en Perú, "cutra"; en Colombia, "corbata"; en Venezuela, "matraca"; y en Cuba, "botella". La acción de sobornar en Argentina recibe también los nombres de: coimear, aceitar, morder, adornar, untar y cometear. (Todos estos datos los extraje del Manual de Ética Empresarial usado por los CEOs de Odebrecht).

"Es que estamos en el Imperio de la Coima, en el reinado del pichuleo, en el país de la granjería. La coima es la polilla que roe el mecanismo de nuestra administración, la rémora que detiene la marcha de la nave del Estado; la coima es el aceite lustral con que cuanto bicho inspector y subinspector que vagabundea por ahí lubrifica sus articulaciones y engorda su estómago; la coima es la madre de muchos bienestares, el alma de numerosas prosperidades, el ángel tutelar de los que venden aserrín por harina, achicoria por café, pan quemado por chocolate, mármol molido por azúcar; la coima es la diosa protectora de todos los tahúres que pululan en nuestra tierra, de todos los comisarios que entran flacos y salen gordos, de todos los magistrados que se taponan los oídos para no escuchar los alaridos de la justicia. ¿Qué no es la coima, la enorme, la nutritiva coima? Donde se clave la vista, allí está: invisible, segura, efectiva, certera. La coima moviliza los escritos en un juzgado; arranca un certificado de buena conducta para el más acreditado facineroso; le da ciudadanía de honestidad a un granuja; ablanda y humaniza al inspector personudo, al abogado recio, al escribano melifluo, al oficial de justicia inexorable, al médico talentudo. Invisible, penetrante, ardua e infalible, penetra por todas partes y compra al grande, al cogotudo y al severo, como al pequeño, al modesto y al humilde que se conforma con que le den para un café con leche. Panaderos, lecheros, hueveros, mercaderes de aceite, de vino, de drogas, dueños de fábricas, de industrias, de millones, ministros, covachuelistas, embajadores, jueces, presidentes de cualquier cosa, escritores, periodistas, comisarios: no hay uno que resista la coima, no hay uno que no se doble a su amable presencia, que no se conturbe frente a su poder, que no se le rinda después de una lucha más o menos larga. Y el que no coimea… deja coimear".

Texto

Quizá algún lector encontró ciertos anacronismos en los párrafos de este subtitulo. Ocurre que fueron escritos por el gran Roberto Arlt, en el diario El Mundo, el 16 de enero 1929; luego fue recopilado en su "Tratado de la delincuencia". El tema no era nuevo: ya en marzo de 1907 el diario La Razón publicaba un editorial bajo el elocuente título "El Imperio de la Coima". En realidad, nuestra historia de cometeros se remonta a la Colonia, con el desfachatado contrabando de entonces. También durante la Guerra del Paraguay, en 1867, el marqués de Caxias escribía que "nuestros aliados no quieren acabar la guerra porque con ella están lucrando".

En 1910, el diario La Stampa de Turín afirmaba que en Argentina "la propina es una institución: tiene un nombre solemne de resonancia griega. Se llama coima. Todos coimean: desde quien desempeña cargos superiores hasta el último inspector". Como el uróboro - que simboliza la repetición eterna de los ciclos -, para Argentina todo tiempo pasado fue igual: condenada a repetirse en sus peores vicios. Pero, al fin y al cabo, estamos marcados por el destino: nuestro país se llama Argentina, de argentum: plata. Quizá todo estaba escrito desde el nombre.

https://www.eltribuno.com/opiniones/2026-6-18-22-35-0-sobre-adornos-y-sobornos-y-de-la-tentacion-de-la-plata-dulce

Bendecido por las fuerzas del cielo

Walter Neil Bühler 14 de junio de 2026

Hay quienes nacen con estrella y otros, estrellados. Manuel Adorni, sin lugar a dudas, califica en el primer grupo, aunque con serias y acumuladas probabilidades de terminar en el segundo.

Durante tres meses, como si se tratara de una novela de misterio de Agatha Christie, mantuvo al país en vilo con la presentación de su dichosa Declaración Jurada. El funcionario juraba y perjuraba que todo estaba en regla, pero a medida que la impiadosa calculadora de Comodoro Py sumaba pasajes, hoteles, casas y departamentos, Adorni despertó de una milagrosa amnesia temporaria. Allí advirtió que se le había olvidado declarar algunas chucherías.


La bendición celestial, en realidad, se manifestó hace veinte años. Fue entonces cuando descubrió, junto a su hermano, que su fallecido padre había dejado 200.000 dólares en efectivo escondidos en algún recoveco de la casa heredada (un olvido que, se ve, viene en los genes). Poco después, la Gracia Divina volvió a tocarlo: transformó esos 200.000 dólares en más de medio millón invirtiendo en Bitcoins. Quizás el milagro ocurrió gracias a las enseñanzas de un tal Javier Milei, que por aquellos tiempos daba clases sobre cómo hacerse rico con criptomonedas.

La suerte —o el destino cósmico— ya le había sonreído en 2015. Ocurrió en las pantallas de C5N, y nada menos que en el programa de Gustavo "Gato" Sylvestre, donde conoció a Milei. Sí, leyó bien: C5N y el "Gato" Sylvestre fueron los celestinos que unieron a estas dos potencias. En aquel momento eran dos ilustres desconocidos a los que nadie registraba, pero el universo ya estaba tejiendo su magia.

La varita mágica volvió a rozarlo en diciembre de 2023. Adorni no militó, no pegó carteles ni figuró en las listas electorales de La Libertad Avanza. Sin embargo, la noche en que Milei festejaba su triunfo en el Hotel Libertador, a nuestro querido y deslomado economista se le ocurrió pasar a saludar al "León". Entró como un civil cualquiera y salió con un nombramiento de rango ministerial bajo el brazo: vocero presidencial. Hay quienes ven la oportunidad y otros que la persiguen; a él le cayó encima. Un verdadero oportunista del destino. Meses más tarde, sin la menor experiencia en la función pública ni en la gestión de equipos, las fuerzas celestiales volvieron a sonreírle: lo ungieron como la máxima autoridad en la administración del Estado, nada menos que Jefe de Gabinete de Ministros.

Una vez adentro del gobierno, como aseguró su discreta escribana Adriana Nechevenko, "se le dio todo junto". Tuvo la insólita fortuna de encontrar a dos jubiladas que no solo le vendieron un departamento, sino que además le prestaron el 80% del dinero para que se los comprara, en cuotas y sin intereses. ¡Unas santas del mercado inmobiliario! Adorni camina por la vida y la gente se despoja de su dinero y de sus casas y se mata por dárselos…

También tuvo la suerte de que el presidente invitara a su esposa a Nueva York en el avión oficial, y de que ella resultara beneficiada con jugosos contratos de proveedores estatales. Adorni repitió hasta el cansancio que no se había tomado vacaciones, pero luego tuvo que admitir ante la Justicia un raid de escapadas de lujo: Aruba, Punta del Este, Bariloche, Cataratas e Iguazú. Un merecido desquite para alguien que, en sus 46 años previos a asumir el cargo, solo registraba en su historial migratorio un humilde viaje familiar a Salta en agosto de 2023.

Para coronar esta racha de privilegios divinos, el Gobierno impulsó la ley de "Inocencia Fiscal". Por pura casualidad, la norma olvidó excluir a los funcionarios públicos y a sus familiares directos, permitiéndole blanquear sus olvidos criptográficos. Y como el titánico esfuerzo de rectificar la friolera de 22 declaraciones juradas requería un ejército de abogados y contadores, las Fuerzas del Cielo operaron el último milagro: la Oficina Anticorrupción prorrogó el plazo de vencimiento justo a tiempo.

Dicen que la fe mueve montañas, pero en el caso de Adorni, mueve deudas, duplica Bitcoins, ablanda jubiladas y consigue aviones privados. Esperemos que las Fuerzas del Cielo le sigan mandando señales, porque a este ritmo de descubrimientos patrimoniales, lo único que le falta declarar es el mismísimo jardín del Edén. FIN

https://www.eltribuno.com/opiniones/2026-6-13-22-46-0-bendecido-por-las-fuerzas-del-cielo 


lunes, 1 de junio de 2026

Paranoia reflejada (terapia a 30 años)

 La paranoia, un signo de inseguridad en un líder

La catarata de agravios y la intolerancia a la discrepancia y a la oposición que caracteriza a la retórica del presidente es una forma de autoafirmación e indicio de una inseguridad profunda; un fenómeno observado en innumerables liderazgos de la historia, que no tuvieron un final feliz.

Walter Neil Bühler 29 de mayo de 2026 


Muchos psicólogos y psiquiatras (quizá la mayoría) esquivan el análisis de las personalidades de los hombres públicos bajo la excusa de que es imprescindible la entrevista personal para avalar sus conclusiones. Según ellos, es poco ético que un psiquiatra ofrezca un diagnóstico profesional sobre una figura pública que no ha examinado personalmente.

Como no soy psicólogo ni psiquiatra, no tengo ese problema y puedo impunemente juzgar a la luz de los estándares que todas las personas manejamos si determinadas evidencias nos permiten afirmar que estamos ante un desquiciado, o no.

La ironía y el contrasentido de lo afirmado por los psicólogos es que quien tenga oportunidad de la mentada entrevista personal tampoco podrá informarnos nada, porque estará obligado por el secreto profesional. En segundo lugar, nos veríamos impedidos de analizar los personajes de la historia por carecer de la susodicha entrevista personal, salvo que se tengan contactos en el más allá - como ocurre con algunos presidentes que se comunican con sus canes fallecidos -.

Lo cierto es que esto del imprescindible contacto "tête-Ó-tête" parece un macanazo de toda regla. Casualmente, aquí tropezamos con la "Regla de Goldwater", formulada por la Asociación Americana de Psiquiatría en 1973, a raíz de que, en 1964, durante la campaña presidencial estadounidense, la revista Fact Magazine publicó una encuesta en la que preguntó a más de 12.000 psiquiatras si el candidato republicano Barry Goldwater era psicológicamente apto para ser presidente. Respondieron unos 2.400, y una mayoría declaró que no lo era, diagnosticándolo con todo tipo de trastornos, aunque nunca lo habían examinado. Goldwater demandó a la revista y ganó el juicio, ya que lo que había perdido eran las elecciones.

Sin embargo, las reglas están hechas para romperse. Recientemente, cuando Donald Trump llegó a la presidencia en 2017, un grupo de psiquiatras y psicólogos encabezados por la doctora Bandy X. Lee, de Yale, publicó el libro The Dangerous Case of Donald Trump (2017), firmado por 27 profesionales de la salud mental, argumentando que tenían una "obligación de advertir" al público sobre lo que consideraban un peligro para la nación. Lamentablemente, no fueron escuchados, y hoy tenemos a un delirante jugando con el planeta Tierra como en la famosa escena de El gran dictador de Chaplin.

Lo cierto es que no puede rechazarse científicamente un diagnóstico por falta de contacto directo, ya que la entrevista personal es una convención clínica, no un requisito científico absoluto. La validez de un diagnóstico depende de la calidad y cantidad de información disponible, no del canal por el que se obtuvo.

Ahora bien, el lector habrá pensado que todo este preámbulo es la introducción para analizar la conducta de nuestro presidente, al que llamaremos "Osea Digamos", en homenaje a su muletilla más característica, atrozmente repetida hasta el paroxismo, y que delata algo que el psicoanálisis conoce bien: la desesperada necesidad de llenar el vacío del discurso cuando el pensamiento no alcanza a sostenerlo solo. Veamos ese análisis; no lo voy a defraudar.

La paranoia

En primer lugar, debemos comenzar por definir la patología que más se acercaría al Capitán Ancap (*): la paranoia. La psiquiatría supone que ceden a la paranoia personas en apariencia adaptadas, pero interiormente frágiles. Una fragilidad que podría remontarse a una primera infancia en la que reinaron la frialdad afectiva y los conflictos: algo que encontramos en la vida de Hitler y de Stalin. Ante este tipo de padecimientos, muchas personas reaccionan de modo compensatorio, desarrollando procesos mentales de lógica formal rígidos, fríos y a menudo alejados de la realidad.

Cabe aclarar que la paranoia, en su versión atenuada, se vende y se compra todos los días en medio de la multitud, no en los institutos psiquiátricos. No es un territorio exclusivo de los manicomios. Es una dimensión del funcionamiento mental humano normal, que en circunstancias determinadas puede activarse en cualquiera. En consecuencia, se considera a la paranoia no tanto como una enfermedad, sino más bien como una posibilidad presente en todos nosotros: como un arquetipo, en el sentido que le da a este término Carl Gustav Jung. Este rasgo psicológico puede aparecer un día cualquiera en una persona cualquiera. Es el pequeño Hitler en nuestro interior, el también llamado "enano fascista" que todos albergamos. El paranoico presenta un mal originario que es la falta de autoestima, su crítica tiene un solo sentido y no es flexible. Puede tender hacia el sarcasmo y, más allá, hacia el odio, pero no hacia la autoironía, porque al criticarse teme destruirse. La sospecha invade de modo indefectible al paranoico. La desconfianza no es necesariamente infundada, pero resulta excesiva y distorsionada. Puede suceder que aquel de quien se sospecha sea en verdad un adversario, pero no por eso está complotando para destruir a quien sospecha. En la sospecha, la presencia de enemigos y su número tienden a crecer incluso en ausencia de motivos. En las formas más graves se los encuentra por todas partes: se llega así al síndrome de acorralamiento y a la convicción de ser víctima de un complot. Si el paranoico sufre una ofensa, reacciona de manera desproporcionada: su réplica es exagerada porque está convencido de que esa ofensa es solo el comienzo de una persecución.

"Su narcisismo es el rasgo más fácil de reconocer en todo el cuadro. Presenta todos los síntomas típicos de una persona extremadamente narcisista: solo se interesa en sí mismo, sus deseos, su pensamiento, sus anhelos; hablaba interminablemente de sus ideas, su pasado, sus planes; el mundo es real en tanto es el objeto de sus proyectos y deseos; los demás importan solo en tanto le sirven o puede utilizarlos; él siempre lo sabe todo mejor que nadie. Esta seguridad en sus ideas y proyectos es característica típica del narcisismo intenso. Relacionada con su narcisismo está la patente falta de interés por nada ni nadie que no fuera para su servicio, y su frío alejamiento de todos. A su narcisismo absoluto correspondía una ausencia casi absoluta de amor, ternura o simpatía por nadie."

El párrafo precedente, entrecomillado, es posible que mentes aviesas —mandriles comunistas— hayan pensado que se refiere a nuestro amado presidente. ¡Cuánta maldad! Es un párrafo extraído del libro Anatomía de la destructividad humana de Erich Fromm (1973), específicamente del capítulo 13 dedicado al análisis clínico de Adolf Hitler.

No ofendan a nuestro presidente: él tiene rasgos propios que no piensa compartir con nadie.

a) Se autodenomina "el mejor presidente de la historia argentina" y "el líder de la revolución más importante del mundo". Milei ha usado explícitamente lenguaje mesiánico: se describe como un "instrumento de Dios", habla de una "misión histórica" y consulta decisiones con médiums y con el espíritu de su perro fallecido. Fromm analizó este tipo de grandiosidad como una forma de narcisismo que se vuelve peligrosa cuando se ejerce el poder, porque el líder empieza a confundir su voluntad con la voluntad divina o histórica.

b) Descalifica sistemáticamente cualquier saber que contradiga el suyo —economistas, científicos, organismos internacionales— y tiene una marcada dificultad para admitir errores, tanto en público como en privado. Fromm describe en El miedo a la libertad cómo el carácter autoritario divide el mundo rígidamente entre puros e impuros, salvadores y destructores. En Milei esto aparece como: "la casta" vs. "el pueblo" o "la libertad"; los que están con él son héroes; los que se oponen son corruptos o enemigos de la humanidad. Esta lógica no admite matices ni posiciones intermedias.

c) Theodor Adorno y su equipo describieron en La personalidad autoritaria (1950) un tipo que combina sumisión hacia quienes percibe como superiores y agresividad hacia quienes percibe como inferiores o distintos. En Milei esto se observa como una sumisión marcada hacia figuras idealizadas —Hayek, Mises, Rothbard, Trump, Thatcher—, a quienes cita casi como autoridades religiosas, y, como contrapartida, una agresividad intensa hacia periodistas, académicos, organismos públicos, feministas, etc.

Párrafo aparte merece la inapropiada y desquiciada catarata de insultos que forma parte de su lenguaje habitual, con la cual Freud se haría un festín dadas sus permanentes referencias escatológicas y sexuales. Nos gobierna un presidente que habla de niños envaselinados, que habla de "estar entre sus sábanas", que esta semana dijo: "No es ver cómo me masturbo mejor con un modelo; es que tengo que tomar decisiones en un mundo con una incertidumbre de la reputa madre", y que tiene una obsesión anal permanente.

Un presidente que insulta sistemáticamente a periodistas, opositores y ciudadanos ejerce un poder real sobre personas reales. Que eso pueda tener raíces en una infancia dolorosa lo hace más comprensible como fenómeno humano, pero no menos dañino como fenómeno político.

Por favor, queridos lectores, a la luz de lo relatado y de sus consecuencias, debo pedirles encarecidamente: cuiden, mimen y quieran mucho a sus hijos.

(*) Capitán Ancap, el superhéroe anarcocapitalista con el que se disfrazaba Milei en 2019 durante una convención de anime. Recientemente, en enero de este año insistió con el comic, pero auto promocionado a "General" (narcisista ¿yo?)

https://www.eltribuno.com/opiniones/2026-5-29-0-0-0-la-paranoia-un-signo-de-inseguridad-en-un-lider

 

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