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miércoles, 12 de agosto de 2026

"Asunto entre privados", el principio de revelación

Frente al endeudamiento forzado de millones de familias, Milei y Caputo explicaron por qué no piensan en ninguna salida de emergencia.

Walter Neil Bühler  12 de agosto de 2026


Javier Milei se ha complacido, en reiteradas ocasiones, en invocar lo que él llama "el principio de revelación", una fórmula que le permite transformar sus derrotas políticas en supuestas victorias. Así ocurrió, por ejemplo, cuando numerosos legisladores se resistieron a aprobar a libro cerrado algunas de sus leyes "ómnibus": Milei presentó esa resistencia no como el fracaso de su estrategia parlamentaria, sino como una exitosa operación destinada a revelar a los integrantes ocultos de la llamada "casta".

La semana pasada, sin embargo, fue el propio presidente quien incurrió en una suerte de sincericidio que también puede leerse a la luz de ese principio. Milei sostuvo que las familias que tomaron créditos y hoy no pueden pagarlos deberían resolverlo por su cuenta, porque nadie las obligó a endeudarse.

El ministro de Economía, Luis Caputo, y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, ratificaron la posición: no habrá salvatajes estatales, monetización de deudas, subsidios de tasa ni un peso público destinado a absorber la morosidad.

Para los votantes de Milei, esa respuesta frente a una situación que golpea a millones de familias también puede operar como un principio de revelación, aunque no en el sentido que él imaginó. Lo que se revela esta vez es la distancia entre el discurso de un líder que se presentó como defensor del "pueblo" contra la casta y una concepción del mundo en la que el sufrimiento concreto de las personas queda reducido a un problema de gestión contractual. La solidaridad deja de ser una responsabilidad política y pasa a ser tratada como una distorsión del mercado, algo que interfiere con el precio correcto de las cosas.

El desencanto, por lo tanto, no es solamente emocional. También es simbólico. El dirigente que prometía enfrentar a la casta termina hablando desde una lógica que naturaliza la exclusión y convierte la vulnerabilidad en una falla individual. Quien perdió el empleo, no llega con la cuota o quedó atrapado en una deuda impagable ya no aparece como un ciudadano atravesado por una crisis económica, sino como el único responsable de haber firmado un papel.

En ese momento el voto deja de ser un acto de esperanza y se transforma en un espejo incómodo. Cada votante tiene que preguntarse si eligió a un representante o si, sin darse cuenta, terminó validando una doctrina que, llevada hasta sus últimas consecuencias, prescinde de la compasión como criterio de gobierno y considera que toda obligación colectiva es, en el fondo, una forma de coacción.

Y acá el "principio de revelación" vuelve a jugarle en contra, porque esta vez ni siquiera hizo falta interpretarlo: lo dijo él mismo, sin metáfora de por medio. "Sí, soy cruel", proclamó meses atrás ante empresarios y militantes, y remató enumerando con orgullo a quiénes: empleados públicos, "estatistas", "kukas inmundos". No es una frase que haya que descifrar entre líneas ni una filtración que la oposición sacó de contexto: es autodefinición, dicha desde un atril, aplaudida de pie. Cuando alguien se confiesa cruel y lo celebra como un atributo de gestión, lo único que queda por hacer es tomarle la palabra.

Milei no advirtió, o no le importó advertir, que la respuesta esperada por los seis millones de familias endeudadas no era solo de contenido económico. Los ciudadanos morosos necesitaban, aunque fuera, una frase de aliento o una mentira piadosa. El Estado no está atado exclusivamente al auxilio financiero: tiene muchas maneras de acompañar a la parte débil de una relación desigual, empezando por reconocer que es desigual. Milei parece considerar al ser humano principalmente como agente económico - productor, consumidor, contribuyente, inversor - y no como sujeto de derechos, afectos, necesidades y responsabilidades colectivas. Ese es, en definitiva, el núcleo ético de la objeción: no se trata de negar la importancia de ordenar la economía, sino de cuestionar que ordenarla se convierta en el fin supremo de la vida pública.

Hay que reconocer, de todos modos, que la fórmula tiene cierta belleza, lindante con la genialidad. "Asunto entre privados": tres palabras que, dichas con la calma de quien no tiene nada que reprocharse, alcanzan para correr al Estado del centro de la escena y devolverlo a su lugar natural, que según parece es ningún lugar. El moroso y el acreedor son, en esta ficción, dos almas libres negociando bajo las estrellas, sin la sombra opresiva del Estado. Nadie menciona, claro, que uno de los dos privados tiene estudios jurídicos y contables a disposición, bases de datos repletas de información sobre el otro, espaldas económicas para aguantar cualquier cosa y un poder de fuego regulatorio equivalente al de un país mediano; y que el otro tiene hambre, un sueldo que no le alcanza y una ignorancia casi total de los recovecos financieros que el primero diseñó a su medida. Pero llamarlos a ambos "privados" tiene la ventaja retórica de emparejarlos, al menos en el papel, que es el único lugar donde alguna vez estuvieron parejos.

No debería sorprendernos, en realidad. Si, como sostienen los devotos del anarcocapitalismo, el Estado es una "mafia legalizada", un aparato de saqueo institucionalizado que se presenta hipócritamente como protector, entonces no hay razón para que intervenga cuando la sociedad enfrenta una crisis. Desde esa perspectiva, todos los problemas de la gente son, por definición, "asuntos entre privados": la deuda, la enfermedad, el desempleo, la vivienda, la educación y hasta la supervivencia misma.

No pasará mucho tiempo hasta que los genios libertarios descubran la ductilidad de la fórmula y la apliquen con el mismo entusiasmo a todo lo demás. Para ahorrarles la tarea de pensar -mejor que no lo hagan- les dejamos el catálogo completo:

1.- Tengo COVID y no consigo cama. Asunto entre privados. Reclámele al murciélago, o a los chinos de Wuhan que se comieron los pangolines; el Estado no es garante de fauna silvestre.

2.- Hace cinco días que no tengo luz ni agua. Asunto entre privados. Negocie con la empresa privatizada de igual a igual: usted tiene una factura vencida y una vela, ellos tienen un teléfono de reclamos que no atiende y un equipo de 1542 abogados. Empate técnico.

3.- Me desvalijaron la casa. Asunto entre privados. Arregle directamente con el delincuente, que probablemente esté atravesando necesidades insatisfechas superiores a las suyas.

4.- Soy jubilado y tengo que elegir entre comer y comprar los remedios. Asunto privadísimo. Negocie con su propio cuerpo hasta encontrar un equilibrio razonable entre la insulina y el arroz.

5.- El colegio de mi hijo no tiene calefaccion y va a clases convertido en astronauta. Asunto entre privados. El Estado ya hizo su parte: puso las paredes y el techo. El frío corre por cuenta suya.

6.- Un camión sin control me chocó porque la ruta no tenía banquina. Asunto entre privados, entre usted y la física. Newton no es funcionario público.

7.- Cerró la fábrica del pueblo, la mató la importación. Asunto entre privados, entre la empresa nacional y el mercado global, ese árbitro imparcial que siempre falla para el mismo lado.

8.- No tengo con quién dejar a mi hijo para ir a trabajar porque cerró el jardín municipal. Asunto entre privados, entre usted y su planificación familiar. La próxima vez, calcule mejor antes de tener hambre de futuro y consulte si produce desequilibrio fiscal.

La lista, como se ve, es infinita, porque la fórmula no describe una excepción: describe una filosofía completa de gobierno, aplicable a cualquier situación en la que el Estado prefiera no aparecer. Un Estado que decidió no estar, salvo para cobrar impuestos, reprimir protestas, ponerles tope a los salarios y explicarle a los damnificados, con total tranquilidad, que la culpa es de ellos por haber nacido del lado equivocado del contrato.

Al final, el "principio de revelación" cumplió su función mejor de lo que Milei planeó, solo que en sentido inverso. No reveló a la casta escondida entre los diputados: lo reveló a él. Un hombre que ya había admitido, con la mano en el pecho y el micrófono en alto, ser cruel; que solo le faltaba explicar con qué excusa. "Asunto entre privados" es esa excusa: la crueldad convertida en protocolo, el desprecio traducido a lenguaje de manual de economía para que suene a principio y no a lo que es.

https://www.eltribuno.com/opiniones/2026-8-12-0-0-0-asunto-entre-privados-el-principio-de-revelacion

 


miércoles, 5 de agosto de 2026

Visita del FMI, reforma BCRA y Ley de tierras apuntan a más deuda y entrega

Contracara Nº34 -3 ago 2026
Juan Manuel Soaje Pinto, conductor del programa, entrevista al Lic. Héctor Giuliano para analizar la visita del FMI, la reforma del BCRA y la Ley de Tierras, y cómo estas medidas, apuntan a un mayor endeudamiento y a la entrega de recursos estratégicos del país.

 


miércoles, 29 de julio de 2026

Manual anarcocapitalista para argentinos confundidos

Walter Neil Bühler  29 de julio de 2026 01:25

¿Qué es ser libertario? Es una pregunta que desvela a muchos argentinos, especialmente a los propios libertarios. Tener un líder como Javier Milei digamos, o sea no ayuda demasiado. La cosa se complica cuando, además de auto percibirse libertario, la identificación deriva hacia el anarcocapitalismo. Porque, recordemos, todo anarcocapitalista es libertario, pero no todo libertario es anarcocapitalista: muchos aceptan la existencia de un Estado mínimo.

El General Ancap el personaje con el que Milei decidió representarse en los cómics, luego de haberse auto ascendido desde Capitán Ancap se ha inclinado por el anarcocapitalismo sin el menor disimulo: "Soy el topo que viene a destruir el Estado". Por su parte, los perros asesores del presidente abarcan casi todo el espectro de la mal llamada derecha (más apropiadamente, ultra-ultraderecha): Murray (Rothbard, fundador del anarcocapitalismo); Milton (Friedman, referente del liberalismo clásico); Lucas y Robert (en homenaje a Robert Lucas; no se confunda: son dos perros con el nombre de un solo economista). El que desentona un poco es el Pater Familias, Conan, cuyo nombre homenajea al personaje de historietas Conan el Bárbaro, definido por Wikipedia, entre otras cosas, como ladrón, asesino, mercenario y pirata. íUna pinturita el héroe!

El pensamiento de los miembros del gabinete sigue siendo una incógnita. La primera incógnita, en realidad, es saber si piensan. Parecería que, si alguna idea propia ha asomado por sus locas cabecitas, se han cuidado muy bien de no abrir la boca. No sea cosa que alguna frase resulte malinterpretada por el dúo dinámico del llamado "triángulo de hierro". Y eso, pese que recibieron del presidente, como lectura obligatoria, los espeluznantes escritos del anarcocapitalista Walter Block.

Antes de que cualquier funcionario emita una opinión pública sobre economía, sobre el clima o sobre cómo prefiere la milanesa, la costumbre parece indicar que primero debe consultar al triángulo de hierro. Ese dúo dinámico funciona como un moderno oráculo délfico: impreciso, temido y, sin embargo, única fuente de sentido en el Olimpo libertario. Se comenta que algunos ministros directamente dejaron de tener opiniones propias para ahorrarse el trámite.



Usted, querido lector que votó a La Libertad Avanza, sabe perfectamente lo que votó. Resulta innecesario recordarle que el mencionado mentor del Javo, Walter Block, defiende la legalización de actividades como el chantaje, el narcotráfico, la prostitución, la difamación, el lavado de dinero y el trabajo infantil. Su postura se basa en que, mientras exista un acuerdo voluntario y no medie violencia física directa, el Estado no debe intervenir.

Pero, para desburrar también a todo aspirante a funcionario libertario, presentamos aquí un breve decálogo del ideario anarcocapitalista, acompañado de algunas apostillas que le permitirán afrontar, sin temor alguno, las inquisiciones del dúo dinámico.

1. Abolición del Estado

Consideran al Estado una institución coactiva e inmoral. Proponen desmantelar todo el aparato estatal, desde los ministerios hasta las instituciones burocráticas centralizadas.

La única oficina pública que podría sobrevivir sería la encargada de cerrar las demás... y, si es posible, privatizar también el candado. La motosierra no tendría modo "apagado"; solo cambiaría de combustible.

2. Propiedad privada absoluta

Defienden que todo recurso, incluyendo la tierra, el agua y el aire, debe tener un propietario privado. La propiedad es concebida como una extensión del individuo y un derecho natural e inviolable.

Si respira profundo, revise antes que el oxígeno no tenga dueño y la factura le llegue a fin de mes. La frase "el aire es de todos" sería considerada propaganda socialista.

3. Libre mercado total

La economía debe funcionar sin regulaciones, aranceles, barreras de entrada ni subsidios. Rechazan cualquier tipo de intervención estatal en la producción, el comercio y los contratos.

Hasta los semáforos serían opcionales: que la oferta y la demanda decidan quién cruza primero.

4. Impuestos como robo

Consideran que los impuestos constituyen una forma de extorsión institucionalizada. Por ello proponen la supresión total de la tributación.

El sueño es que la única ARCA que usted conozca sea la de la Alianza... o la de Noé.

5. Seguridad y defensa privadas

La policía, las fuerzas armadas y la protección ciudadana deberían ser prestadas por empresas privadas.

El patrullero llegaría según el plan contratado: Básico, Premium o Platino con persecución incluida. Llamar al 911 sería como pedir un Uber: llega según la tarifa elegida. La sirena policial, además, vendría con publicidad del sponsor.

6. Justicia y tribunales privados

Proponen cortes, árbitros y agencias de resolución de conflictos operando en libre competencia. Un juicio no solo se ganaría con buenos abogados, sino también comparando promociones: "Dos apelaciones por el precio de una". Y las apelaciones vendrían con programa de puntos para clientes frecuentes.

7. Privatización de servicios básicos

La salud, la educación, la infraestructura y los servicios públicos deberían ser gestionados íntegramente por empresas privadas.

Cada semáforo tendría sponsor: "Este rojo es una cortesía de Mercado Pago". Hasta los baches podrían venir con publicidad: "Este pozo es auspiciado por...". Y los bancos de la plaza tendrían su propio código QR para sentarse.

7.a. La justicia social como redistribución coercitiva

Consideran que la "justicia social" implica utilizar la coerción estatal para redistribuir recursos entre particulares. En consecuencia, rechazan leyes o interpretaciones judiciales que otorguen beneficios fundados en situaciones de vulnerabilidad social, privilegiando la igualdad formal ante la ley y los acuerdos voluntarios.

La palabra "equidad" pasaría a integrar el índice de libros prohibidos... justo después de "impuestos progresivos". La justicia social quedaría reducida al mismo rango que los unicornios, Papá Noel y el Estado benefactor: una bonita ficción que algunos adultos insisten en tomar en serio.

8. Fin del monopolio de emisión

Proponen eliminar el Banco Central y permitir la libre competencia de monedas.

En el kiosco aceptarían dólares, euros, bitcoin, oro... y, con suerte, también pesos argentinos.

9. Principio de No Agresión (PNA)

Nadie tiene derecho a iniciar el uso de la fuerza contra otra persona o contra su propiedad.

Todo es negociable... excepto invadir la propiedad ajena.

10. Sociedad de contratos voluntarios

Las relaciones sociales y económicas deben estructurarse mediante acuerdos libres entre las partes. Quien no esté de acuerdo con las normas de una comunidad puede abandonarla, crear otra o asociarse con quienes piensen igual.

Si no le gustan las reglas del barrio, siempre puede fundar la República Independiente del Quincho, con estatuto propio, bandera, moneda y campeonato oficial de truco.

Y hasta aquí este breve manual para principiantes. Si después de leerlo usted sigue creyendo que el anarcocapitalismo consiste simplemente en "bajar impuestos", no se preocupe: todavía le faltan unos cuantos capítulos de Rothbard, Hoppe y Walter Block para alcanzar la iluminación. Si, por el contrario, siente que algunas de estas ideas le resultan un poco extremas, tampoco se inquiete. Siempre habrá un libertario dispuesto a explicarle que el problema no son las ideas, sino que todavía existe demasiado Estado como para aplicarlas correctamente.

Lo curioso es que el propio Javier Milei parece estar atravesando una peculiar variante del síndrome de Estocolmo político (aunque aquí no se sabe quien es la víctima y quien el victimario). Termina enamorándose del objeto de su odio, el Estado, al punto de querer continuar unido a él durante otro cuatrienio… y si fuera posible por la eternidad: también. Tal vez esa sea la mayor ironía del poder. El hombre que llegó prometiendo dinamitar el Estado descubrió, una vez en la Casa Rosada, que el Estado tiene una extraña capacidad de domesticar a quienes juran destruirlo.

En definitiva, como ocurre con todas las utopías, el experimento siempre funciona... salvo cuando alguien intenta llevarlo a la práctica.

https://www.eltribuno.com/opiniones/2026-7-29-0-0-0-manual-anarcocapitalista-para-argentinos-confundidos


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