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sábado, 7 de marzo de 2026

Mapa desolador: En rojo, provincias argentinas con pérdida de empresas y empleo

Solo una provincia argentina no sufrió el cierre de empresas y la pérdida de empleos formales desde 2023 según la consultora Equilibra.

06 de marzo de 2026 - 10:55

 El mapa casi todo en rojo de Equilibra sobre empresas y empleo.

Entre noviembre de 2023 e igual mes de 2025 se perdieron 21.938 empresas, según datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo, lo que afectó a 290.000 empleos, principalmente en la industria y la construcción. Desde la consultora Equilibra relevaron la situación por provincias y encontraron solo una con resultados positivos.

El Gobierno admite el cierre de empresas

Según la Superintendencia de Riesgos de Trabajo (SRT) entre noviembre de 2023 (último mes del gobierno de Alberto Fernández) e igual mes de 2025 (último dato disponible) se perdieron 21.938 empresas, lo que significa una caída del 4,3% en el total de compañías.

El empleo en la gestión Milei según el gráfico de Equilibra.

Además, la SRT detectó que en los últimos dos años cayó un 3% el número de trabajadores registrados en las aseguradoras de riesgo, un dato importante porque resulta obligatorio a la hora de contratar a una persona, lo que da un indicio negativo sobre la situación del empleo.

Días atrás, la consultora Politikon Chaco en base a los datos de la SRT encontró que la provincia de Neuquén fue la única con datos positivos con un incremento del 1,8% en la creación de empresas por la apertura de 159 nuevas entidades.

Equilibra confirma que todas las provincias están en rojo

La consultora Equilibra también desgranó los datos oficiales y estableció en un reciente informe que casi todo el país, excepto por Neuquén, terminó con números negativos en cuanto al cierre de empresas y la pérdida de empleos.

Equilibra adjudica la excepción de Neuquén al crecimiento de Vaca Muerta y del sector hidrocarburífero que impulsó el establecimiento de nuevas empresas y la creación de nuevos puestos de trabajo.

El sector de la energía es uno de los cinco que escapan a la crisis económica y de la industria nacional en la gestión Milei, pero es de baja incidencia laboral.

Las provincias con actividades relacionadas con la generación de energía podrían tener un alivio en cuanto al mercado laboral y empresarial.

Mientras tanto, las otras 23 provincias y la Ciudad de Buenos Aires, están en rojo en cuanto a la situación empresarial con los peores números por parte de Misiones (-10,3%), La Rioja (-9,6%) y Chaco (-9,2%).

En el centro del país, donde se asiente la mayor cantidad de industrias y de la población, Córdoba perdió el 7,4% de sus empresas, Santa Fe el 5% y la provincia de Buenos Aires el 3,8%.

En cuanto al empleo, la provincia más golpeada es Formosa con -18,5%; Santa Cruz 16,3%; La Rioja -15%; Tierra del Fuego -12,9% y Chaco -11,4%.

Como en el caso de la creación de empresas, Neuquén también vio crecer el empleo formal, en este caso en un 7% y se suma Río Negro con el 0,4%.

La estimación total para el mismo período analizado es que se perdieron 270.000 puestos de trabajo registrado mientras crecieron los cuentapropistas en alrededor de 600.000.

https://urgente24.com/dinero/mapa-desolador-rojo-provincias-argentinas-perdida-empresas-y-empleo-n620310

Termómetro de la recesión: El establishment opto por el silencio

Veronelli

Con 314 empleadores menos y más de 7.100 puestos formales perdidos en dos años, la provincia se consolida como termómetro del ajuste productivo. Entre la retracción del comercio, el golpe a la construcción y el debate sobre qué sectores deben sobrevivir a la apertura, Salta expone en escala local las tensiones de un modelo que redefine —y achica— la estructura económica argentina.

Kim Im Porta

La provincia de Salta ofrece un caso paradigmático del deterioro productivo y laboral. Según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo relevados por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 el número de empleadores con trabajadores registrados cayó de 9.041 a 8.727. Son 314 empresas menos, una contracción del 3,5% en apenas dos años.

El comercio encabezó la sangría con 203 empleadores menos. Le siguieron servicios de alojamiento y comidas (–62) y agricultura, ganadería y pesca (–44). La tendencia mensual confirma una pendiente descendente sin recuperación a la vista.

El empleo registrado acompañó el derrumbe empresarial. En el mismo período se perdieron 7.167 puestos formales, una caída del 2,8%: de 255.905 trabajadores a 248.738. La construcción fue el sector más golpeado, con 4.151 empleos menos; detrás quedaron agricultura (–1.395), actividades administrativas (–989), comercio (–770) y hotelería y gastronomía (–706).

La planilla fría esconde una trama concreta de ingresos interrumpidos, comercios vaciados y circuitos regionales que entran en una espiral de contracción.

Bananas que sí existen

La ironía quiso que la respuesta a la frase del secretario Lavigne llegara desde el Norte que el propio funcionario minimizó. Salvador Muñoz, presidente de la empresa salteña Salvita, recordó que en Orán la producción bananera no solo es viable sino estratégica.

Con más de 15 millones de dólares invertidos y 600 hectáreas cultivadas, la firma genera 600 puestos de trabajo directos. "Una hectárea de banana es un puesto de trabajo genuino", explicó Muñoz, subrayando el potencial de sustitución de importaciones frente a las bananas ecuatorianas.

El contrapunto expone la fragilidad conceptual del argumento oficial. Si la banana puede producirse competitivamente en Salta, ¿por qué la cubierta no podría fabricarse en Buenos Aires o Córdoba? La discusión no es climática sino política: qué sectores se promueven, cuáles se abandonan y bajo qué horizonte de desarrollo.

Automotrices y autopartes: un gigante en riesgo

La industria automotriz argentina, con más de 70 años de tradición, es la segunda en relevancia de América del Sur y ocupa el puesto 24 a nivel mundial. Representa el 10% de la producción industrial, exporta alrededor de 8.900 millones de dólares anuales y explica el 6% del empleo industrial registrado —unos 76.000 puestos—. Es, además, el segundo complejo exportador del país después de la soja.

Trece terminales y 442 autopartistas sostienen un entramado que emplea de manera directa a casi 70.000 personas. Sin embargo, la apertura indiscriminada y la apreciación cambiaria amenazan con erosionar esa estructura. Cuando el presidente afirma que "la industria le roba al campo", no solo simplifica un debate complejo: desconoce la densidad tecnológica y laboral de un sector que articula innovación, exportaciones y empleo calificado.

Libertad y precedentes

La retórica de la "libertad" no es nueva en la historia económica argentina. Desde 1976, pasando por los noventa y el ciclo de Mauricio Macri, la desregulación y la apertura fueron presentadas como atajos hacia la eficiencia. Los resultados, medidos en capacidad industrial y empleo, fueron ambivalentes cuando no francamente regresivos.

El 2 de septiembre de 1980, en el Día de la Industria, la propia dirigencia fabril cuestionó públicamente a Martínez de Hoz frente a Jorge Rafael Videla. Hoy, en contraste, el establishment parece haber optado por un silencio expectante. La diferencia no es menor: sin contrapesos corporativos ni amortiguadores políticos, el experimento libertario avanza con una velocidad que multiplica impactos.

Recesión programada

La suma de empresas cerradas, empleos perdidos y defensas comerciales desmanteladas configura un cuadro de recesión programada. No es la consecuencia indeseada de un error técnico, sino el efecto previsible de una concepción que equipara ruedas con bananas y acero con caramelos.

En Salta, los números ya son elocuentes. En la Argentina, el tejido productivo cruje bajo la presión de importaciones baratas y demanda deprimida. La promesa de eficiencia se traduce, por ahora, en paralización. La libertad declamada se parece demasiado a la intemperie.

La historia económica argentina enseña que los procesos de desindustrialización no se revierten con facilidad. Cada empresa que cierra implica capital humano disperso, cadenas de proveedores fragmentadas y conocimiento acumulado que se evapora. El costo social es silencioso pero profundo.

La pregunta no es ideológica, sino estratégica: ¿puede un país de 45 millones de habitantes prescindir de su industria y aspirar al desarrollo? La respuesta, si se atiende a los datos, sugiere que la libertad sin producción se convierte en una consigna vacía, y que la apertura sin red productiva conduce, inexorablemente, a un industricidio de consecuencias duraderas.

"En tiempos de José Alfredo Martínez
de Hoz se popularizó la sentencia…
"da lo mismo producir acero que caramelos".

https://cuartopodersalta.com.ar/termometro-de-la-recesion-el-establishment-opto-por-el-silencio/


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