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lunes, 29 de agosto de 2016

Si alguien sabe de ti más que tú mismo


Puede hacerte creer lo que quiera...



¿Qué dicen nuestras listas de Spotify sobre nuestra personalidad? 
Como el gusto musical es único, el servicio de streaming ha descubierto que el consumo de música da pistas acerca de la naturaleza humana.
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Foto: Archivo El País 
EFEsáb ago 27 2016 11:36
La relación del ser humano con la música es tan íntima y definitoria de su personalidad que el repertorio de cada persona es capaz de hablarle a Spotify no sólo de su edad o lugar de residencia, también de sus preferencias políticas e incluso acerca de si es sociable o introspectiva, aventurera o prudente.

El servicio de emisión en directo ("streaming") analiza la actividad de sus usuarios -qué música escuchan, cuándo, qué patrones de reproducción siguen, qué listas crean- para conocer sus gustos y, a partir de ahí, empezar a recomendar.

Como el gusto musical es único, Spotify ha descubierto que el consumo de música da pistas acerca de la naturaleza humana.
"De todas las cosas que podemos medir con tecnología, la música es la más representativa de nuestra personalidad", explica a Efe el responsable científico de datos de Spotify, Brian Whitman.

Expertos en inteligencia artificial, científicos, músicos y profesionales de la sociología y la psicología trabajan para comprender qué significa la música para cada usuario y desarrollar un producto personalizado.

"Somos capaces de descubrir, con un alto grado de fiabilidad, cosas de ti: por supuesto tu edad y dónde vives, pero también matices de tu carácter", asegura Whitman.

Por ejemplo, pueden saber si se es sociable, introspectivo o aventurero y el tipo de personas con las que se congeniaría.
También, sus preferencias políticas: ¿de izquierdas o de derechas?

"La música sirve para expresar parcialmente quiénes somos, pero nunca vamos a ser capaces de entender la complejidad de una persona a partir de la visión limitada que nos formamos a través de su actividad musical. Intentamos hacer suposiciones, aunque no siempre son certeras", advierte el responsable de producto de Spotify, Ajay Kalia.

En la plataforma no hay dos usuarios de entre sus cien millones que compartan idénticos gustos. Tampoco las mismas opiniones acerca
de qué canción es alegre, triste o relajante.

Spotify analiza matemáticamente sus canciones (tempo, ritmo, etcétera), bucea en la web y redes sociales para estudiar qué se escribe sobre música, hace reuniones con usuarios para conocer sus motivaciones. Todo ello para categorizar adecuadamente su catálogo de 30 millones de canciones.

La próxima frontera, según su responsable científico, es que el servicio "entienda a las personas tanto como entiende la música".
Identificar qué le gusta a un usuario es sencillo, cuenta Kalia. Otra historia es hacer lo propio con lo que no. Ni siquiera que alguien salte una pista es indicativo de que le disguste.

Para añadir complejidad al cuadro, los clientes no siempre son honestos: identidad y actividad musical muchas veces no están alineadas. Es decir, en ocasiones se comparte en redes un tipo de música que en realidad no se está escuchando. Quizá su amiga, en lugar de deleitarse con Bach, esté tarareando a Justin Bieber.

"Hemos visto que hay canciones que la gente escucha, pero nunca las comparte porque no quiere verse asociada a ellas. Y lo contrario: composiciones que muy pocos reproducen pero muchos publican en redes. Es fascinante, queremos entender qué subyace a este comportamiento y lograr que el algoritmo sea capaz de comprender si realmente esa música gusta", dice Kalia.

La conexión emocional con la música es evidente y en la compañía escandinava lo saben, pero si les resulta una utopía determinar si una canción es triste o alegre, mucho más el ser capaces de adivinar el estado de ánimo del oyente y qué desea.

Rocío Guerrero, responsable del equipo editorial que elabora listas musicales, ha sacado dos grandes conclusiones: que somos muy tolerantes con la música y estamos abiertos al descubrimiento, y que nos gusta llevar las emociones al límite.

"Hay mucho desamor, pero es que encima nos encanta regocijarnos en la tristeza. Una de las listas más populares se llama 'Sin ti', de canciones superdeprimentes", concede.

En el futuro, el servicio quiere responder satisfactoriamente a peticiones del tipo: "Spotify, estoy deprimido, anímame" o "he tenido un mal día, ponme canciones que me relajen". Para ello, habrá de conocer con qué música logra esos efectos en cada uno.

Será un camino de ensayo-error que hoy tiene como máximo exponente las listas de descubrimiento semanal: cada lunes se envía a cada usuario una selección que el algoritmo de Spotify cree que podría interesarle.

Quizá el setenta por ciento de lo que escucha un usuario es similar a lo de otros, "¿pero qué pasa con ese treinta por ciento que te hace único?".

"En lugar de centrarnos en los lugares comunes, ¿podemos detectar esas rarezas y darte algo que sólo tenga sentido para ti? En ello estamos", finaliza Kalia. 


El uso de las ondas cerebrales para predecir la reacción del público
ago 23, 2016
Por Tony fernandez / Conjugando Adjetivos
Un estudio llevado a cabo en el City College de Nueva York (CCNY), en colaboración con Georgia Tech parece haber encontrado una forma muy fiable para predecir la reacción del público a programas de televisión y anuncios publicitarios. El método consiste en el estudio de las ondas cerebrales de unos pocos individuos, que ven un mismo contenido. Según los investigadores, estas observaciones de la actividad cerebral reflejan con bastante exactitud cómo las audiencias más grandes van a responder al mismo contenido.
En el estudio de Nature Communications, los investigadores explican cómo analizaron las ondas cerebrales de dieciséis personas que estaban conectados a electrodos EEG, mientras observaban principales producciones de televisión como, escenas de la serie The Walking Dead y varios comerciales de la Super Bowls de 2012 y 2013.
El principal resultado del estudio fue que los cerebros de diferentes personas respondieron de la misma manera al ver el mismo contenido. Cuando se observó una actividad cerebral similar fue cuando se vio algo que tuvo un récord de audiencia entre el público sobre la base de datos de medios sociales provistos por el Instituto Armonía y calificaciones de Super Bowl Ad Meter de EE.UU. Por ejemplo, se observaron que las ondas cerebrales eran muy similares en los participantes mientras contemplaban un anuncio de Budweiser c de 2012, que contaba con un perro conseguía la cerveza.
Herbert Kayser profesor de Ingeniería Biomédica en CCNY, cuenta: “La actividad cerebral entre nuestros participantes viendo The Walking Dead predijo el 40 por ciento del tráfico de Twitter asociado. Cuando las ondas cerebrales estaban de acuerdo, el número de tweets tendió a aumentar”.
Cuando las ondas cerebrales de unos pocos están en sincronía indican cómo reaccionan las audiencias más grandes, entonces la conclusión natural es que la actividad de las ondas cerebrales sería una buena medida de cómo las audiencias futuras responderían al contenido. Esto es particularmente útil, explica Jacek Dmochowski, el autor principal del artículo, ya que “los métodos alternativos tales como los cuestionarios están llenos de problemas porque las personas ajustan sus respuestas a sus propios valores y expectativas.” Las respuestas fisiológicas inmediatas detectadas usando EEG deben ser capaces de circunnavegar dichas deficiencias.
El estudio de las ondas cerebrales también, es de esperar, que sirva para el diagnóstico del deterioro cognitivo leve o trastornos neurológicos, como el trastorno por déficit de atención, y para medir la participación de otros tipos de contenido, como videos educativos en línea.
Ahora, sólo se necesitan unas pocas personas para predecir con precisión la forma de pensar – a través de las ondas cerebrales – de las masas. Tener un método fiable para predecir la respuesta de la población general aprovecha la increíble potencia de los medios de comunicación, el marketing y la industria de relaciones públicas.


¿Qué quiere hacer Facebook con los datos de Whatsapp?
Final del formulario
Facebook, a cada momento que pasa, va creando más y más controversia, y la decisión de hacer que Whatsapp pueda compartir nuestro número de teléfono con la red social es sólo la más reciente de todas las decisiones que ha ido tomando desde que comprara la aplicación de mensajería instantánea.
Si ya nuestra privacidad es algo que se está diluyendo como el T-1000 en la piscina de lava (especialmente con los movimientos de Google), ahora Facebook le ha pegado un martillazo en toda la cabeza a lo que queda de nuestra privacidad. Está claro que con esta medida no van a ganarse muchas simpatías (al menos no entre los usuarios comunes y corrientes).
La esencia de Facebook y la publicidad
Facebook tiene una burrada de años, es de las redes sociales más antiguas de la era de la informática, y nuestro adorable y "muchimillonario" Zucky la creó (o eso pienso yo) con la intención de que los conocidos se mantuvieran en contacto de la forma más completa posible, dando la oportunidad, incluso, de compartir fotos para que, en los reencuentros, al menos se puedan reconocer.
¡Incluso te dejaban chatear como si tal cosa, como aquel que te manda un mensaje privado en un foro! Pero la cosa se fue desviando poco a poco hacia compartir parte de nuestros datos con los completos desconocidos que son las empresas (que puede que no las conozcan ni en su ciudad). Ahora Facebook es algo así como un enorme muro publicitario en el que, con suerte, puedes ver fotos de tus familiares.
En mi opinión, la esencia de Facebook era la de que nos mostrásemos a través de fotos a nuestros amigos y familiares, pero eso se fue perdiendo a medida que aumentaba la codicia de los ejecutivos de la red social. Como he dicho en el párrafo anterior, Facebook ahora es un muro publicitario en el que a veces ves fotos de tus contactos.
La compra de Whatsapp, excesivamente sospechosa
Hace unos años surgió una bonita aplicación para móviles llamada Whatsapp, que nos permitía chatear con nuestros contactos sin necesidad de gastarnos dinero de nuestros minutos o SMS, simplemente debíamos tener una conexión de datos. Por alguna razón esta aplicación se hizo arrebatadoramente popular.
Zucky puso, en alguno de los pocos momentos que tenía libres de tanto contar billetes, los ojos en esta aplicación, y vió negocio a pesar de era el rival imbatible de Facebook Messenger. Zucky le ofreció un pastón a los ejecutivos de Whatsapp y se unieron en monetario matrimonio hasta que los desacuerdos o la bancarrota les separe.
Ya por entonces muchos usuarios empezamos a tener algunas sospechas, todo ello a pesar de las declaraciones de Facebook de que no cambiaría nada, que seguirían siendo servicios completamente independientes. Sí, tan independientes como un canguro recién nacido, igualito. Al principio, eso sí, parecía cumplir con su palabra.
Está claro que este último movimiento no es para mantenerse completamente independientes, y tampoco nos pilla por sorpresa en realidad, ya muchos sospechábamos desde el momento en que se anunció la compra que habría un acercamiento del uno al otro y la red social se aprovecharía de la aplastante popularidad de Whatsapp para llevarnos al lado azul de la fuerza.
¿Puede este movimiento tener algún tipo de consecuencia inesperada?
Lo que todos tenemos claro es que con esta medida de Facebook nuestra privacidad se hunde un poco más en las arenas movedizas y no hay palo lo bastante fuerte como para sacarla de ahí. Ahora quieren conocer nuestro número de teléfono para sugerirnos más publicidad (como si hubiera poca ya) y contactos que lo mismo nos caen hasta mal.
Esa es otra, ¿para qué quiero yo que me sugieran como contacto a la vecina de mi tía si no la conozco y posiblemente no tenga interés? Ya ves tú lo que me apetece que aparezcan fotos de su nieto tirando albóndigas contra las paredes o de su esposo viendo el fútbol en gallumbos en mi muro de Facebook.
Pueden suceder cosas realmente terroríficas como las que acabo de mencionar, pero luego está la posibilidad del robo de datos, porque los hackers que tengan malas intenciones tratarán de buscar un agujero por el que meterse, acceder a nuestro número de teléfono que Whatsapp ha compartido, y de ahí a nuestro terminal para armar un cristo de dimensiones épicas.
Vale, es tremendamente difícil, especialmente porque a los que no somos personalidades importantes no nos van a prestar demasiada atención, pero tanto Facebook como Whatsapp son aplicaciones que son usadas también por personajes públicos que suponen una enorme tentación para aquellos con malas intenciones.
 

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