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viernes, 17 de marzo de 2023

Homo sapiens stultum

Cuatro artículos para concatenar la necedad humana


 

Humanidad artificial | por Patrick Stasny

Bloghemia marzo 15, 2023

¿Hasta qué punto estamos condicionados para pensar cómo máquinas? ¿Hasta qué punto se ha tenido que preparar el terreno para que miles y miles de periodistas escriban de la misma forma, para que toda una industria del conocimiento produzca papers los unos idénticos a los otros, para que artistas de cualquier parte del mundo puedan ser fácilmente sustituidos por un algoritmo diseñado en California? ¿Hasta qué punto tenemos sentimientos de autómatas, cuando el miedo a ser reemplazados como un trasto viejo es la emoción más habitual frente al desarrollo tecnológico? ¿Hasta qué punto es nuestra propia inteligencia artificial, entrenada durante siglos para ser eficiente, útil, productiva; hasta qué punto se ha tenido que hacer de la razón algo computable, razonable; hasta qué punto se han tenido que reprimir, disciplinar, programar nuestros impulsos para que deseemos trabajos automatizables, sexualidades binarias, arte producido en serie, identidades y perfiles sociales predecibles, en suma, ¿una vida prefabricada, uniformizada, codificada? 

Luego nos sorprendemos cuando encontramos un programa capaz de hacer todo aquello que nosotros hacemos, que puede escribir como nosotros, pensar como nosotros, razonar como nosotros, incluso sentir como nosotros. ¡Pero si ya estábamos escribiendo, pensando, razonando, sintiendo como máquinas! En cierto sentido, nosotros fuimos los primeros, le ganamos a la tecnología… Nos indigna descubrir que hay un programa que puede redactar trabajos universitarios, pero ¿acaso no habíamos convertido a los estudiantes en autómatas mucho antes de que existiese la inteligencia artificial? Hay mucha afectación en esa indignación: todos sabíamos que los alumnos llevaban años escribiendo ensayos en serie, trabajando repetitivamente con las mismas orientaciones, siguiendo las mismas instrucciones de ser creativos. Y ahora los profesores esperan que no usen el programa, que no copien y que no automaticen, pero ¿a quién pertenece la máquina sino a ellos, a los que han estado preparando el terreno, nivelando la tierra sin descanso, a los que llevan años copiando, automatizando?

Pensamos que las máquinas son creativas porque pueden hacer arte, porque reproducen nuestros escritos, nuestras canciones, nuestras imágenes. Pero ¿hace cuánto que nuestro arte ya no es creativo? ¿Hace cuánto que reproducimos, copiamos, simulamos los movimientos del pasado, que repetimos las técnicas y los procedimientos de antaño, cruzando los dedos para que ninguno de los antiguos se levante hoy entre los vivos? ¿Hace cuánto que engañamos al público con el efecto de la novedad, cuánto desde que, sin que nadie se diese cuenta, sustituimos el crear por innovar? ¿Hace cuánto que llamamos a este burdo montaje creatividad? 

En cuanto a la posibilidad de automatizar el trabajo, sólo cabe asumir que la sorpresa que ahora muestra todo el mundo no es más que una forma de pudor, una estrategia para disimular la incómoda verdad: que ya hace años que se trabaja como las máquinas, que hace tiempo que los trabajadores se han convertido en engranajes, y sí, también los trabajadores intelectuales, los famosos cuellos blancos, también ellos son automatizables. ¿Acaso no es la inteligencia la que juega mejor a ser máquina, la más máquina de nuestras facultades? ¿Acaso no decimos maquinar para referirnos al estado de una inteligencia despojada de todo el resto? El escándalo de un mundo en el que sólo trabajan las máquinas es meramente una forma de ocultar un escándalo mucho mayor: un mundo en el que los seres humanos trabajan como máquinas, y por tanto piensan como máquinas…

Sólo más tarde nos reprochamos ese perder contra la máquina, ese permitir que sea mejor en lo que hacemos, que escriba mejor, piense mejor, cree mejor, trabaje mejor. ¿Cómo no iba a ser mejor que nosotros, si juega en casa? No sólo en casa, juega a su juego, con sus normas, casi habría que decir: con su afición. Pero nos quedará la satisfacción de haber sido los primeros también en esto. Nosotros inventamos el juego, jugamos durante siglos, aún torpe y penosamente, cuando todavía no había reglas, cuando cualquiera podía jugar, antes de que se inventasen las dietas, los ejercicios en el gimnasio, los tratamientos de fisioterapia, es decir, antes de que se profesionalizase, disciplinase, antes de que se hiciera del juego una ciencia. Solo entonces ha podido jugar la máquina, únicamente en cuanto nos hemos adaptado a sus normas, a su estilo, a su talento. Para que las máquinas pudiesen ser humanas, fue necesario hacernos máquinas primero. Fuimos capaces de ello, he ahí nuestra victoria. 

Pero todo esto es relativamente poco importante. Al fin y al cabo es sólo un juego, ¿a quién le preocupa qué equipo gane, mientras se sigan las normas, mientras se pueda seguir jugando? En el fondo a ninguno de los que cuentan le importa si las máquinas pueden sustituirnos como estudiantes, como artistas o como trabajadores. Cómo les iba a importar si es la mejor manera de librarse de los problemas, del estorbo de la humanidad: las personas tienen enfermedades, hacen protestas, huelgas, manifestaciones, tienen opiniones, necesitan vivir, divertirse, alimentarse. Cómo les iba a importar si la sustitución de verdad ya ha sucedido. Lo único que cuenta realmente es quien está al mando; la auténtica disputa es por el poder, y por eso, en cuanto un programa aparenta tomar decisiones morales, todo el mundo se echa las manos a la cabeza. Pero también aquí es dudoso que seamos tan humanos como nos gustaría. A uno que trabaja como una máquina, piensa como una máquina, siente como una máquina, ¿se le puede exigir gobernar como un humano? 

https://www.bloghemia.com/2023/03/humanidad-artificial-por-patrick-stasny.html

Vivimos en una sociedad que comprende cada vez menos y opina cada vez más

Jennifer Delgado

Las opiniones vuelan cuan dardos envenenados. Los ataques ad hominem se convierten en pan cotidiano. La reactividad aflora en una sociedad que parece cada vez más sensible e intransigente.

Gran parte de los ataques cotidianos que se producen en las redes sociales, la ira desenfrenada que suscitan algunas palabras o la condena a ciertos escritos en realidad tienen una explicación sencilla: la falta de comprensión lectora. Vivimos en una sociedad que comprende cada vez menos y opina cada vez más.

La comprensión lectora en caída libre

Cada cierto tiempo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) analiza el nivel de desarrollo intelectual de las personas que viven en los 38 países que la componen y elabora el informe "Panorama de las Habilidades". Una de las habilidades analizadas es la comprensión lectora.

La comprensión lectora es la capacidad que nos permite entender, evaluar y usar de manera consciente los textos escritos para participar en la sociedad de manera eficaz, lograr nuestros objetivos o simplemente ampliar nuestro conocimiento y desplegar nuestras potencialidades.

La comprensión lectora incluye asimismo otras habilidades más simples, desde decodificar las palabras y las frases escritas hasta comprenderlas, interpretarlas y evaluarlas. Para ello, necesitamos poner en marcha procesos complejos de pensamiento como la síntesis, análisis, comparación, generalización e inferencias.

Sin embargo, hace tiempo que nuestra comprensión lectora está en caída libre. Los resultados del último informe de la OCDE mostraron que en la mayoría de los países hay proporciones alarmantes de adultos con un dominio muy bajo del lenguaje.

Apenas el 0,7% de los adultos tiene un nivel de comprensión lectora elevado; o sea, es "capaz de integrar información de diferentes textos, sintetizar ideas o puntos de vista similares o contradictorios, evaluar argumentos basados en las evidencias. Evaluar la fiabilidad y las fuentes de la información, así como detectar recursos retóricos o hacer inferencias".

En cambio, entre el 4,9 y el 27,7% de los adultos muestran un nivel de competencia extremadamente básico, aunque existen diferencias entre los países. España e Italia se encuentran a la cola, con las peores puntuaciones.

En España, por ejemplo, el 7,2% de los adultos tienen un nivel de comprensión lectora muy bajo, seguida de Italia (5,5%) y Francia (5,3%). Naciones como Estados Unidos y Reino Unido también se hallan por debajo de la media en comprensión lectora.

Esas personas solo son capaces de leer y entender textos breves sobre temas que les resulten familiares. Y solo pueden responder a preguntas sobre la lectura si encuentran las respuestas textuales, lo cual significa que no se produce un verdadero procesamiento de la información.

Leemos menos, más rápido y de manera más superficial

Un estudio realizado por el Pew Research Center reveló que casi un tercio de los estadounidenses adultos no leyó un libro completo en el último año. Para poner estas cifras en perspectiva basta pensar que triplican los números reportados en 1978. O sea, en 1978 las personas leían mucho más que ahora.

Por supuesto, el hecho de que la comprensión lectora esté disminuyendo no significa que la gente no sepa leer o no esté leyendo. Después de todo, ahora leemos más correos electrónicos, mensajes de texto, páginas web y artículos breves en los medios digitales.

Sin embargo, no es lo mismo.

Un estudio desarrollado en la Showa University School of Medicine reveló que los estudiantes tienen un rendimiento mejor en las pruebas de lectura cuando leen el pasaje en papel, en vez de usar un smartphone, independientemente del tipo de información. 

Estos investigadores descubrieron que leer en un smartphone genera una actividad prefrontal más elevada, lo que podría indicar una mayor carga cognitiva; o sea, demanda más esfuerzo que la lectura en papel. 

Sin duda, la tecnología ha cambiado nuestros hábitos de lectura. Quizá leemos más, pero de manera más superficial. Saltamos de un medio a otro, de una noticia a otra, de un comentario a otro… Nos quedamos con el título y leemos por encima la información, creyendo que nos hemos informado o captado el punto de vista del autor cuando realmente no es así. De hecho, una investigación realizada en la Universidad de Texas comprobó que compartir un artículo en las redes sociales nos hace sentir más informados, aunque ni siquiera lo hayamos leído.

La interactividad de los medios digitales y los continuos estímulos a los que nos exponemos en la red a menudo nos llevan a otros sitios, haciendo que perdamos el hilo de lo que estábamos leyendo para caer en una especie de agujero negro informativo. Esa rapidez al consumir información nos impide procesarla adecuadamente. Es como si añadiéramos continuamente datos sin preocuparnos por evaluar su fiabilidad o darles un sentido. Consumimos información pero no la convertimos en conocimiento.

No obstante, toda la culpa no es de la tecnología.

Pereza cognitiva, reactividad emocional y falta de empatía: el cóctel explosivo de la ignorancia

Los problemas de comprensión lectora no se deben únicamente al mal uso de la tecnología. Faltaría más. También tienen una raíz social. Vivimos en un mundo acelerado donde se premia la inmediatez, de manera que a veces sentimos que no tenemos tiempo para leer todo un artículo, informarnos a profundidad o profundizar en el contexto.

Así nos sumimos en la pereza cognitiva.

Pensar requiere esfuerzo y tiempo, por lo que a menudo simplemente nos dejamos llevar por los patrones mentales ya establecidos. No nos esforzamos por comprender. Y cuanto más complejos sean los temas, más se agudiza esa pereza y más atajos mentales tomamos.

Así va disminuyendo el deseo y la capacidad de leer textos más largos y sofisticados, así como de comprender las ideas que intentan transmitir los autores. Perdemos la capacidad para ponernos en el lugar del escritor e intentar entender lo que ha querido decir.

Aunque al leer un texto no podemos escapar del influjo de nuestras experiencias y de nuestra manera de comprender la vida, en los últimos tiempos hemos perdido la empatía lectora necesaria para entender a quien escribe. Así terminamos rompiendo los puentes del diálogo que permiten crear la complicidad imprescindible entre el autor y el lector.

Ya ni siquiera nos preguntamos si hemos entendido bien o podríamos haber malinterpretado las palabras, simplemente convertimos nuestra opinión – que siempre será sesgada puesto que no conocemos la realidad del autor – en un juicio crítico con el que lapidamos o ensalzamos públicamente.

Y lo peor de todo es que esa reactividad generalmente solo se basa en trozos de información sacados de contexto que activan nuestros disparadores emocionales. La lectura deja de ser una actividad fundamentalmente reflexiva para convertirse en una actividad apresurada y reactiva. No leemos para comprender sino para reaccionar. No leemos para ampliar nuestra visión del mundo sino para juzgar.

Como apuntara Steven Mintz, profesor de historia en la Universidad de Texas, "a medida que ha crecido la proporción de la población que ingresa a la universidad, ha disminuido la proporción de estudiantes con habilidades de lectura avanzadas, lo que ha alentado a los profesores a reducir los requisitos de lectura".

Así nos hemos sumido en una espiral descendente donde hemos sacrificado la reflexión en el altar de la inmediatez. Como resultado, no es extraño que tengamos una población más formada pero menos capaz de comprender. Más "informada" pero menos reflexiva. Con más estudios, pero menos empatía. Con la mente más llena y la sensibilidad más vacía.

Fuentes:

Honma, M., Masaoka, Y., Iizuka, N., Wada, S., Kamimura, S., Yoshikawa, A., Moriya, R., Kamijo, S., & Izumizaki, M. (2022). Reading on a smartphone affects sigh generation, brain activity, and comprehension. Scientific Reports12(1): 1589. 

Gelles, R. & Perrin, A. (2021) Who doesn't read books in America? En: Pew Research Center.

Batini, F. et. Al. (2013) OCSE: Skills Outlook. En: OECD.

Moore, D. W. (2005) About Half of Americans Reading a Book. En: Gallup.

https://rinconpsicologia.com/comprension-lectora-adultos/

El problema de Rosario no es el narcotráfico

Por Rogelio López Guillemain 14.03.2023

­¿Por qué aseguro en el título algo que suena tan descabellado y políticamente incorrecto? Lo hago porque considero que el narcotráfico es solo un síntoma muy grave de la misma enfermedad que sufrimos los argentinos y todo Occidente.­

Es como cuando vemos una mancha de humedad en la pared, el problema no es la mancha en sí, el problema es que, en lo profundo de esa pared, hay algún caño pinchado que está arruinando la integridad de la pared y para poder repararla, primero debemos identificar y corregir ese caño defectuoso."

La mancha de humedad en la pared representa el narcotráfico y el caño roto la enfermedad que la origina."

­LA ENFERMEDAD­

Una enfermedad que se manifiesta antes con otros síntomas más leves.­

Como el menosprecio por la belleza, por el esfuerzo, el desafío, la inversión y el mérito."

Síntomas como la falta de autoridad de los padres para con los hijos, de los docentes para con los alumnos o de las fuerzas de seguridad para con los delincuentes."

Síntomas como la falta de respeto a los mayores, a las normas, a la propiedad privada ajena ó a los espacios públicos.­

Síntomas como la ausencia de compromiso con el deber, sea en el hogar, en la escuela, en la sociedad, en el trabajo o en la vida cívica."

Síntomas como la falta de amor propio de quienes solo parecen disfrutar si se emborrachan o si se drogan lo suficiente como para anular su consciencia."

Adictos al placer de las sensaciones instantáneas pero fugaces del ahora, necesitan consumir más y más emociones vacías e intrascendentes para no deprimirse. Confunden unas tristes gotas de alegría con el océano de la felicidad.­

Estos síntomas son de una enfermedad diseñada por los pensadores del posmodernismo, actualizada por la agenda 2030, inculcada por el sistema educativo, promovida por algunos medios de comunicación y financiada por los gobiernos y el Foro Económico Mundial."

Esta enfermedad es un cáncer que ataca al cuerpo y al intelecto, pero sobre todo ataca al espíritu, ataca aquello que nos hace humanos."

Esta enfermedad es un cáncer que avanza sobre la consciencia, sobre el pensamiento crítico, sobre las ansias de crecer y de trascender. Un cáncer que pretende reemplazar los valores morales y los valores éticos por un vale todo donde reina el instinto animal en lugar de la razón humana. "

Te aplauden si hablás de tus derechos y callás tus deberes y responsabilidades, te dan miles de likes si el norte de tu vida lo determina ``lo que sentís'' y no ``lo que pensás''. "

Por eso, cuando hablan de los ``derechos de los seres sintientes'', no están humanizando a los animales, te están animalizando a vos."

­AISLAMIENTO­

Este cáncer que padecemos busca desintegrar la familia para así dejar a las personas aisladas y sin contención. "

Este cáncer corrompe nuestra propia identidad al desconocer y rechazar todo lo que nos caracteriza e identifica como individuos, todo lo que nos diferencia del resto y nos hace únicos: nuestro idioma, nuestra religión, nuestra cultura, nuestra personalidad, nuestra esencia. "

Incluso pretende que desconozcamos la realidad evidente y palpable, como es nuestro color de piel, edad o sexo y pretende que la reemplacemos por una fantasía construida en la autopercepción."

Sin contención, sin identidad personal, sin sueños sin ambiciones, enceguecidos por el ya y no por trascender, llenos de igualitarismo y vacíos de personalidad, convertidos en un número, en un producto en serie idéntico a los demás, esta enfermedad nos convierte en huérfanos descartables, en islas solitarias en un mar de desconocidos, este es el objetivo expuesto en la premisa: ``No tendrás nada, no tendrás privacidad y serás feliz''.

Esta enfermedad, este cáncer, se llama posverdad.­

https://www.laprensa.com.ar/526998-El-problema-de-Rosario-no-es-el-narcotrafico.note.aspx

 

 

El sueño de los amos

Por Ing. Juan Carlos Quiroga 07-01-2023

 

La humanidad está en un punto evolutivo, técnico y científico, en el que puede prescindir de trabajar, puede dedicarse a elevar su conciencia espiritual y social dedicándose a estudiarse y conocer aún más, el gran impedimento es como nos mentimos tan hábilmente para mantenernos en el adictivo sistema financiero.

Podemos proponer la tecnología en todos nuestros ámbitos, educativo, sanitario, infraestructuras, político; proponer la tecnología IA, que yo le llamaría mejor TSPD, tecnología de super proceso de datos, aunque queramos optimizar nuestra vida con esto, siempre impondremos una condición ineludible, el adictivo y sobornable sistema financiero, y aquí la gran pregunta ¿cómo hacemos para vivir sin dinero? La pregunta equivocada para justificar nuestra zona confortable, la pregunta que no se responde.

Por ineludible entropía, vamos hacia un colapso, que puede ser catastrófico o no, una concatenación de hechos nos está llevando a un punto diferente al que vivimos hoy, gracias a la mano de los avivados que viven de las actuales ciudades ANTI-sostenibles, donde millones de habitantes viven el sueño del progreso de un bienestar utópico, que como las cloacas de la misma ciudad contamina más que lo que pueden conseguir de pureza ciudadana.

Estamos sentados sobre la máquina de perpetua energía y unos pocos nos convencieron que es mejor no usarla, porque perderíamos saborear el dolor de no tenerla, por supuesto que no es visible para nuestro conocimiento, o sea por más que yo la describa y señale donde está, van a pasar dos cosas, que sea inentendible y haya bostezos, o que sí la ven se defiendan de mantener los logros obtenidos con el DEBE-HABER (más debe que haber) de la esclavitud financiera, despreciando mi postura, y hasta intenten censurar mis ideas.

Hasta aquí con lo ya descripto, hay una avalancha de preguntas que no pueden responderse, ya que no hay análisis conceptual ni conocimiento sobre la idea social de "Libertad económica total", por lo tanto, cualquier pregunta que se haga no tiene respuesta, o la respuesta será un sinsentido.

Era lo que pasaba con Thomas Malthus en el siglo XVIII

Thomas Malthus (1766-1834) tenía un punto ciego, una mutilación en su comprensión de la economía de la sociedad, que se hereda hasta nuestros días, algo que ni siquiera expresándolo aquí, se puede conceptuar.

Thomas Malthus no podía ver que la sociedad pudiera comportarse de una forma diferente a como lo venían haciendo desde hace cientos de años, porque es algo que siempre hicieron, y estaba fuera de cuestionamiento, desde el botón de su camisa hasta la fórmula más sólida en política y economía.

Inamovible, en sus principios de recursos limitados, agorando una humanidad que su-cumbe en un oscuro abismo de necedad, aunque estemos sentados en una máquina de recursos ilimitados.

Por herencia conceptual dos economistas del siglo XIX arraigaron a la sociología común el sistema financiero económico, ambos impactados por dos guerras mundiales.

John Maynard Keynes (1883-1946)

Friedrich Hayek (1889-1992)

Fórmulas conceptos y tratados, que siguen inamovibles hasta nuestros días, mutilados de cualquier otro concepto de vida que no sea la forma de vida social que veía Malthus.

¿Hay otra forma de vida social? ¿Se puede lograr la total estabilidad económica y paz social? La respuesta es SÍ, pero no como estamos viviendo ni política, ni económicamente.

El sistema financiero, sostenido y halagado por todos los economistas, para los cuales es imposible desvincular del sistema social, tiene un impacto de sometimiento humano, una esclavitud a vivir en una deuda perpetua, soportada con diferentes grados de aceptación, pero sin rechazarla, dado que cuando se ponen en la balanza de los pros y los contras, siempre termina ganando el sostenimiento del sistema financiero.

El actor Paul Piff devenido en asistente de profesor de psicología social hizo unos estudios de cómo afecta el dinero a las personas, volviéndolas más insensibles o desaprensivas, en supervivientes muy manejables. Cuando presento sus estudios en TED, concluyó en parte lo siguiente:

"Lo que estamos encontrando es que, cuanto más rico eres, más probable es que persigas una situación de éxito personal, de logro y realización, en detrimento de los demás a tu alrededor. He trazado aquí el ingreso familiar promedio recibido por quintiles para el 5 % superior de la población en los últimos 20 años. En 1993, las diferencias entre los distintos quintiles de la población, en términos de ingresos, eran bastante notorias. No era difícil ver que hay diferencias.

Pero en los últimos 20 años, esa diferencia significativa se ha convertido en una gran brecha entre los de la parte superior y los demás. De hecho, el 20 % de la población posee cerca del 90 % de la riqueza total en este país. Estamos en niveles sin precedentes de desigualdad económica. Lo que significa que la riqueza, no solo se está concentrando más en manos de un pequeño grupo de individuos, sino que el sueño estadounidense se está haciendo cada vez más inalcanzable para una creciente mayoría de nosotros. Y si es el caso, como hemos encontrado, cuanto más rico se es, más se siente con derecho a esa fortuna.

Lo más probable es darles prioridad a los intereses propios por encima de los de los demás, y estar dispuestos a hacer lo necesario en función de ese egoísmo. Y no hay ninguna razón para pensar que esos patrones van a cambiar. De hecho, hay muchas razones para pensar que se volverán peores. Así se vería si las cosas siguen igual, a la misma velocidad lineal, en los próximos 20 años."

Ahora mismo en las redes sociales más populares, que están sostenidas por el sistema financiero, han aparecido muchos sitios con promoción de sistemas agroecológicos, aprovechamiento de la energía eólica y del mar, para soporte de miles de familias, como también sistemas de recuperación de agua del aire que compiten con las mejores perforaciones de pozo. Esto es una contradicción al sostenimiento del sistema social actual, ya que si se usara logística y se implementara en una escala mayor, desaparecerían las ciudades tal y cual las conocemos, como también el esquema social de trabajo y político, por lo tanto es de deducir que estas novedades son avances tecnológicos que no pueden mantenerse ocultos, y que se muestran para ir sondeando la población que pueda adaptarse, la gran mayoría no podrá, es como proponer un colapso controlado, frío e impiadoso.

Cualquiera puede deducir que, si tenemos una máquina de energía perpetua con costo cero, como las que ya se insinúan, se trastocarían todos los valores del mercado financiero, provocando un cambio entrópico ineludible, que, aunque lo leemos y lo entendemos, no lo comprendemos, nuestro punto de confort nos ciega percibirnos en ello.

¿habrá un arca tecnológica donde ya están a salvo algunos? ¿Caeremos dócilmente en la selección de los más aptos con estos filtros digitales? ¿Quiénes serán observadores o actores en esta dramática batalla de "Leningrado" mundial?

 


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