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sábado, 4 de febrero de 2017

Una inédita división geográfica



Complementariedad

Por Javier Cornejo
Artículo publicado en el diario El Tribuno el 02.11.2012

Iniciamos el 2012, en el que se cumplen 30 años de la cruenta Guerra de Malvinas, herida abierta que parece encaminarse a un resultado, profundizando la misma.
La ficción del entramado discursivo que el gobierno del Imperio Británico pone en escena, al que le hacen eco los funcionarios argentinos, en la intención de presentar al mundo unas aparentes e irreconciliables posiciones antagónicas, tiene por solo objeto el desvío de atención del único paso válido que debe realizar el gobierno argentino, si es que existe una intención cierta de reclamo soberano sobre nuestras islas Malvinas, esto es: la denuncia de los tratado de Madrid, del 15 de febrero, y de Londres, del 11 de diciembre de 1990.
Tal como lo realizó el general Perón con el convenio Miranda - Eddy, de 1946, por el que nos obligábamos a la exportación de carne a Gran Bretaña. En 1947, al declarar Inglaterra la inconvertibilidad de la libra esterlina, el General denunció el tratado, lo dejó sin efecto y suspendió el envío de carnes. (Galán Beatriz: Derecho Agrario. Ed. Abeledo Perrot. Bs.As. 1967. Pág. 105)
Apoyos internacionales
El novedoso apoyo chino, cuya flota depreda de hace años nuestro litoral marítimo, y ahora sus "empresas" (petróleo, minería, soja, supermercadismo etc.) se aprestan a la depredación continental (El Tribuno Argentina China I - II- III marzo 2011), resulta un ingrediente más, demostrando que la disputa de nuestro sur continental, insular y antártico, se debate entre las verdaderas grandes potencias mundiales con total independencia de la voluntad argentina. No contamos. Irak, Egipto, Libia, Siria (ahora Irán), bien pueden servirnos de ejemplo.
Todo es una cháchara encaminada a colmar nuestra posibilidad soberana con "sentarse a una mesa de negociaciones", presentando tal cuestión como el gran triunfo de la retórica diplomática argentina y coerción de la unión latinoamericana, que doblega a la potencia insular.
Pero, ¡si eso mismo es lo que pretende el Imperio!, ¡maestros en el arte de la negociación desde la noche de los tiempos!
El Foreing Office ya lo tiene previsto, dejando fuera toda discusión de "soberanía", la que quedará bajo el denominado " paragua de intocabilidad" encaminado a lograr la declaración de Estado Ribereño de la nueva inmensa provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
Previamente tendremos un sinnúmero de escaramuzas, prohibición de abastecimientos a los buques con bandera de las islas, comunicados que van y vienen, submarinos nucleares que refuerzan el poderío bélico inglés, declaraciones de los isleños, visitas reales, etc.
El concreto resultado será un nuevo tratado que posiblemente se titule: "Acuerdo anglo-argentino de cooperación mutua para el desarrollo austral". Iniciado con una teórica zona de protección ambiental alrededor de las islas Georgias, para el aplauso ecologista.
A ello se sumará el apoyo continental para las empresas británicas, argentinas o de capitales mixtos de cualquier país, las que, en una complementariedad, culminarán el proceso iniciado en el gobierno de Néstor Kirchner, con Enrique Eskenazi -en la parte operativa petrolera-, y los asesores de Barclays -en la faz financiera de la deuda externa-, tema que será decisorio en la instrumentación del futuro reordenamiento geopolítico del sur patagónico, que posiblemente adquiera una inédita división geográfica que quizá ya no asombre a los anestesiados habitantes de este suelo.
Antártida: Argentina cede su soberanía a Gran Bretaña

Por Mariana Escalada y Agustin Ronconi | El Disenso |
Mientras Chile e Inglaterra firman un acuerdo sobre el sector antártico en el que excluyen a Argentina de objetivos comunes hasta 2022, Malcorra hace una excursión a Base Carlini sin darle importancia al hecho de que ambos países reclaman específicamente el sector antártico argentino, y que su silencio frente al acuerdo significa un abandono de nuestra soberanía.
Lejos de la bien definida y suculenta porción de torta que adorna la parte inferior de los mapas que pintamos, de niños, en la escuela, las aspiraciones soberanas de nuestro país sobre el territorio blanco compiten con las pretensiones de Chile y Gran Bretaña, y solo se sostienen en base a eternas y laboriosas gestiones diplomáticas que hoy están en jaque por la inacción de la cancillería argentina. En ese contexto, el acuerdo de cooperación recientemente firmado entre Inglaterra y Chile, con exclusión de Argentina, debe ser interpretado como un acto contrario a nuestros intereses nacionales.
Desde El Disenso, te contamos lo que el Dr. Mariano Memolli, ex Director de la Dirección Antártica Nacional, opinó sobre la reciente Declaración de cooperación antártica entre la República de Chile y el Reino Unido publicada el 27 de Enero en la web del Gobierno del Reino Unido.
La declaración, que fija las prioridades conjuntas para ambos países para el próximo quinquenio, representa un logro para las pretensiones británicas que se superponen con el Sector Antártico Argentino.
Durante el kirchnerismo, Argentina y Chile llevaron adelante una agenda antártica común. La sesión conjunta de las comisiones de Relaciones Exteriores de los parlamentos de ambos países, que en 2008 ratificó el acuerdo de 1953 firmado entre Perón e Ibañez Del Campo fue un claro ejemplo de como la unión latinoamericana podía poner límites a las ambiciones geopolíticas de los ingleses. Con el advenimiento de Macri, la política argentina cambió respecto al viejo “Territorio Nacional de La Antártida e Islas del Atlántico Sur”, la firma de una declaración conjunta con Reino Unido motivó fuertes críticas incluso desde las filas de Cambiemos. Dicha declaración estableció pautas de cooperación “UK-friendly”, reconociendo a los británicos privilegios de pesca en las zonas del Mar Argentino adyacentes a las islas, que podría extenderse a la explotación petrolera.
Sector Antártico en litigio
El acuerdo entre Chile y Reino Unido se enmarca en el derecho internacional vigente y es una expresión de las legítimas reivindicaciones territoriales de esas naciones. Sin embargo, el Doctor Memolli advierte que la diplomacia británica es explícita al rechazar el monopolio del “Sistema del tratado Antártico para el gobierno de la Antártida”. En términos diplomáticos, esa actitud equivale a patear el tablero sobre los acuerdos que organizaron la geopolítica del continente blanco durante casi 60 años. Como reemplazo a los vetustos tratados, la expectativa del gobierno británico es que los actores nacionales retrocedan ante ONG’s y operadores privados aparentemente desinteresados. Con esta estrategia de injerencia diplomática, o para-diplomática, operadores internacionales de raíz anglosajona toman protagonismo, influyen sobre los gobiernos periféricos y deslegitiman las posiciones contrarias a los intereses colonialistas.
Las denuncias del Dr. Memolli frente a la actitud siempre complaciente de la Canciller Malcorra para con las pretensiones colonialistas inglesas derivó en una campaña de desprestigio, coordinada entre funcionarios y medios hegemónicos, vinculando al Director Antártico con maniobras de presuntos desvíos de fondos que la gestión actual reprocha abiertamente, pero no audita ni denuncia. Fruto secundario de la persecución ideológica, el “se robaron todo” casi se cobró el martes pasado la vida de 11 personas que no podían “cantar” donde estaba la guita que Clarín dio a entender que el Memolli esconde.
Mientras tanto, Malcorra se fue de excursión a la base Carlini, desde donde pidió que el continente blanco no se militarice. Si, que no se militarice. Esa fue la tibia súplica de la mujer que en su cómplice inacción cede nuestra soberanía ante cada pretensión del gobierno británico. Considerando la drástica reducción de personal científico en la campaña de este año, la promesa de desmilitarizar parece ser el anuncio de que en adelante también se reducirá el número de militares qué, enfrentando día tras día las inclemencias del inhóspito continente, construyen nuestra soberanía. Las perspectivas territoriales argentinas no volverán a ser las mismas después de esta administración neo colonial que garantiza localmente la supremacía antártica del poderoso Reino Unido.
Malcorra “haciendo Patria” en la Antártida


 

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