Un festejo que debería ser una conmemoración a nuestra estupidez de caer en el cuento del "préstamo"
De
acuerdo a documentación que se guarda en archivos locales
como de Gran Bretaña, Rosas puso en la mesa de
negociaciones la cuestión Malvinas y la posibilidad de
cancelar la deuda con los tenedores a cambio de entregarles
las islas a los ingleses ¿Fue estrategia política para
forzar el reconocimiento de la soberanía o existió
la voluntad de hacer un canje?
Por Adrián Pignatelli 25 de diciembre de 2018
Bono de la Baring Brothers
La magnitud del proyecto justificaba solicitar el préstamo. Era fines de 1822 y el gobierno de Martín Rodríguez con su poderoso ministro Bernardino Rivadavia
tenía pensado construir un nuevo puerto, instalar
un sistema de aguas corrientes y promover la colonización de
la campaña a través de la fundación de pueblos, tanto en el
interior como en la costa que va de Buenos Aires a
Patagones, donde se proyectaban tres nuevas
ciudades.
Para
ello, en noviembre de ese año la Sala de
Representantes aprobó una ley autorizando al gobernador de la
provincia de Buenos Aires a contratar un empréstito al
exterior. Las tratativas tuvieron lugar en 1824 y se eligió a la Baring Brothers,
una casa de banqueros ingleses a los que se les
solicitó la suma de 5.000.000 pesos fuertes que
equivalían a 1.000.000 de libras esterlinas. Se presentaron
tierras públicas como garantía.
El
empréstito se colocó al 85% y se recibió el 70%.
La diferencia quedó en los bolsillos de los intermediarios.
Y además la Baring retuvo una garantía adicional
de 120 mil libras correspondiente a dos años de intereses y
10 mil libras por gastos y comisiones. Del millón de libras acordados, sólo llegarían 560 mil.
Y como era dificultoso el envío de dinero, se hizo a
través de letras de cambio girada contra casas comerciales en
Buenos Aires, algunas de las cuales pertenecían a la
propia Baring Brothers.
El capital recibido fue gastado en la guerra con el Brasil. Las dificultades para hacer frente a los intereses llevó al ministro de Hacienda, en 1828, a vender las fragatas Asia y Congreso
para cubrir los dividendos vencidos. El proyecto
del puerto y los pueblos ya eran un viejo
recuerdo.
"El gobierno nunca olvida el pago de la deuda"
El 3 de enero de 1833 los ingleses usurparon las Malvinas con el ataque de la corbeta de la marina británica HS Clio al mando del capitán Onslow.
Le cupo a Manuel Moreno, ministro plenipotenciario, elaborar lo que sería el primer alegato en defensa de la soberanía argentina.
Moreno era el hermano menor de Mariano, el secretario
de la Primera Junta. Era político, médico graduado en la
Universidad de Maryland y docente de Química en la
Universidad de Buenos Aires. En 1828 fue nombrado
embajador en Gran Bretaña; en 1835 cumplió idénticas
funciones en Estados Unidos y volvió como embajador en las
islas británicas de 1838 hasta la caída de Rosas.
Él fue el responsable de la primera protesta argentina contra la usurpación. Fue elaborada el 17 de junio de ese mismo año y su destinatario fue el vizconde Palmerston, Secretario Principal de Estado para los Asuntos Extranjeros.
Juan Manuel de Rosas
En 1835 Juan Manuel de Rosas
asumió su segundo período como gobernador y
responsable de las relaciones exteriores del país.
Era apoyado por el sector terrateniente y estanciero al que
pertenecía, poseía un gran predicamento en las clases
populares y gobernó con mano dura y orden en un
sistema sin Constitución.
A
través de la Ley de Aduanas, que comenzó a
aplicar en 1836, protegía tantos las manufacturas locales y la
materia prima y gravaba aquellos que venían del exterior.
Esto permitió engrosar las arcas de la aduana,
manejada por Buenos Aires y también girar fondos a las
provincias.
Al comienzo de su segundo mandato, Rosas debió enfrentar la presión de los tenedores de bonos por cobrar sus dividendos.
En el mensaje a la Sala de Representantes de 1835 aclaró que
"el gobierno nunca olvida el pago de la deuda
extranjera, pero es bien manifiesto que al
presente nada se puede hacer por ella".
Decreto por el pago de la deuda
Rosas dejó pasar dos años para volver a explicar, con igual tenor, que "tantas y tan múltiples atenciones
pesa sobre el gobierno la dificultad de sus
compromisos en el empréstito de Inglaterra… el
gobierno desea con vehemencia arribar a una transacción,
que en si misma presente la posibilidad de su exacto
cumplimiento. Para conseguirlo no omitirá ninguno
de los medios que se le sugieran su razón y prudencia".
El pago de 5 mil pesos metálicos mensuales por la deuda con Londres
En
1838 Rosas, con la excusa de las arcas públicas
vacías, había aumentado los derechos de importación de
productos que hubieran sido transbordados en Montevideo. Esta
medida perjudicaba a Francia, que tenía
al puerto oriental como un punto central de su comercio en
esta región. El gobierno francés protestó. El vicecónsul
francés Aimé Roger buscó el pretexto para
presionar con las armas. Aduciendo que Rosas se negaba a
exceptuar a los súbditos franceses del servicio militar y del
encarcelamiento de ciudadanos de ese país acusados
de espías, una flota francesa al mando del
almirante Luis Francisco Le Blanc bloqueó el Río de la
Plata.
Nuevamente, Rosas fundamentó que no tenía medios para pagar porque el
bloqueo perjudicaba económicamente a la Confederación y
propuso el arbitraje de Inglaterra para solucionar el
conflicto. Dividir para reinar.
Explorar con sagacidad
Y en este punto los historiadores no se ponen de acuerdo.
De acuerdo a documentación que se guarda en archivos
locales como de Gran Bretaña, Rosas puso en la mesa de
negociaciones la cuestión Malvinas y la
posibilidad de cancelar la deuda con los tenedores a cambio
de entregarles las islas a los ingleses.
El
21 de noviembre de 1838, el embajador Manuel
Moreno recibió la siguiente instrucción del todopoderoso
gobernador bonaerense. "Insistir así que se le presente la
ocasión en el reclamo respecto de la ocupación de
las Islas Malvinas, y entonces explotará con sagacidad sin
que se pueda trascender ser idea de este gobierno, si habría
disposición en el de S.M.B.A hacer lugar a una
transacción pecuniaria, que sería cancelar la
deuda pendiente del empréstito argentino". Y que les
aclare a los tenedores de bonos que hasta que no se levante
el bloqueo francés, no iba a poder pagarles.
Manuel Moreno, embajador y figura clave en las negociaciones
¿Qué buscaba en realidad Rosas? Nunca lo aclaró.
Si los ingleses aceptaban este suerte de canje, estarían
reconociendo tácitamente la soberanía argentina
sobre el archipiélago. Y el gobernador tendría los
argumentos para fundamentar aún más el reclamo. O
posiblemente sus intenciones eran las de dejarlas como
parte de pago. Eran épocas donde algunas
posesiones territoriales se definían con dinero y no por la
boca de los cañones: Estados Unidos había comprado Louisiana
en 1803, una parte de La Florida en 1819 y Oregón,
en 1846.
Pero los ingleses no dieron el brazo a torcer. En marzo de 1842 el secretario para asuntos exteriores inglés, Lord Aberdeen,
negó al gobierno argentino derecho a indemnización alguna.
"…como definitiva la declaración con que el infrascripto
concluyó su nota al señor Moreno de 15 del próximo
anterior, repitiendo la determinación del gobierno
de S. M. De no permitir que sean infringidos los indultados derechos de la Gran Bretaña sobre las islas".
Falconnet, el enviado
Paralelamente a estas negociaciones, llegó a Buenos Aires un súbdito inglés, napolitano de nacimiento, Francisco de Palacieu Falconnet, enviado por la Baring. Sus instrucciones eran indagar cúal
era la voluntad, la capacidad y los recursos del actual
gobierno para hacer frente a la deuda y cuáles
serían los modos de asegurar su cobro. Tamaña
tarea le aguardaba. "Buenos Aires tiene la vergonzosa
distinción de no haber hecho nada y no haber propuesto nada
en los últimos catorce años, conducente al pago de
los dividendos y a la restauración de su crédito",
escribió.
En los dos años que Falconnet permaneció en Buenos Aires, estuvo en contacto directo con Manuel Insiarte,
ministro de Hacienda a fin de encontrar una forma
que el gobierno argentino se pusiese al día con
la deuda.
Fue a comienzos de 1843 cuando Felipe Arana,
ministro de Relaciones Exteriores de Rosas, instruyó a
Moreno y al cónsul argentino en Londres, Jorge Federico Dickson a "demandar al gobierno de S.M.B. una indemnización por el derecho de las Islas Malvinas,
y que entre en esta el empréstito y sus rentas vencidas y
por vencer bajo el concepto de que en tales
arreglos debe intervenir el acomodamiento de los
interesados, y que cuanto convenirse y estipularse sobre esto
será aquí ratificado con previa autorización de la Sala de
Representantes…"
Moreno
y Dickson ya venían padeciendo hace tiempo este
tipo de negociaciones que no encontraban ningún eco en el
gobierno inglés. Terminaron respondiendo que "hallamos
tantas dificultades que en verdad nos hacen
pensar que aunque la idea de esta transacción es
absolutamente justa y razonable en su fondo, no hay al
presente ninguna probabilidad de hacerla
practicable…".
En esa misma comunicación, Moreno
explicaba que el gobierno inglés negaba el
reconocimiento argentino de la soberanía y que el
volumen de la deuda, con intereses, ascendía a 1.900.000
libras esterlinas. En caso de llegar a un acuerdo, no se haría por esa cifra.
Felipe Arana, ministros de Relaciones Exteriores de Rosas
Moreno
no se sentía cómodo representando al gobierno de
Rosas. En 1841 le escribía a su sobrino: "Los que empezaron
la Revolución creyendo generosamente en los destinos de la
Patria, nunca se pudieron imaginar, entre los
grandes riesgos que tan heroicamente arrostraron,
que habían de llegar tiempos de esta especie".
En
el mismo sentido Dickson, en una carta a Felipe
Arana del 5 de abril de 1843 confirmaba que "no
son el tiempo y la circunstancia oportunas para entretener
este asunto. En todo caso se verá ser muy difícil
convencer a este gobierno del derecho que
tiene la República a reclamar indemnización alguna para la
cesión de a propiedad que alega en nuestro territorio de
las Islas Malvinas…"
Claro
que no todos los ingleses eran de la misma
opinión. En la Cámara de los Comunes, el diputado Malesworth,
a la hora de discutir el presupuesto para las
colonias, había dicho: "Vuelven estas miserables islas
Falklands donde no se da trigo, donde no crecen árboles, islas
batidas por los vientos polares que desde
1841 nos han costado sin beneficio alguno nada menos que 45
mil libras; decididamente soy del parecer que esta inútil
posesión se devuelva al gobierno de Buenos
Aires".
A comienzos de 1844 Insiarte reiteró ante Falconnet
el ofrecimiento de las Islas Malvinas como
moneda de canje. Recalcó la soberanía argentina y advertía
que su cesión a los prestamistas ingleses era el medio más
seguro para cobrar lo adeudado.
Al
fin, un cansado Falconnet halló una forma de
salir del atolladero. Como la Confederación Argentina le
estaba abonando a Francia un monto mensual en concepto de
reparaciones de guerra, pidió lo mismo. En carta
del 14 de febrero de 1844 se lo propuso al ministro Insiarte:
"Para mí será imposible permanecer por más tiempo en esta
expectación que nada justifica a los ojos de los que
me han honrado con su confianza…", comenzaba la
carta; así le fue aprobado el pago de una suma mensual de 5000 pesos fuertes a cuenta de la deuda. Algunos interpretan que así Rosas disminuiría la presión británica.
El
Bloqueo anglo-francés al Río de la Plata tuvo lugar entre el
2 de agosto de 1845 y el 31 de agosto de 1850.
Durante el mismo, las de ambos países cerraron al
comercio todos los puertos de la Confederación Argentina
Los
pagos comenzaron en mayo de 1845 pero se
suspendieron cuando Gran Bretaña comenzó con
el bloqueo, junto con los franceses, del Río de la Plata.
Vendría el combate de la Vuelta de Obligado y el pragmatismo
inglés de resolver el pleito en la mesa de negociaciones.
Los pagos se reanudarían en 1849.
En
el mensaje a la Sala de Representantes de 1849, Rosas
ofreció a la Baring y accionistas del empréstito
"a comprar de este gobierno por quince años, como
privilegio exclusivo, el derecho de disponer del guano, y
explotarlo de todas las islas y costas patagónicas; también
el salitre, otras sales, barbilla, yeso, metales y
la pesca de anfibios; debiendo entregarse la cantidad
que abonasen al Gobierno, en cuanta de pago del empréstito de
Inglaterra, y siendo obligación de los empresarios a
hacer respetar a nombre del gobierno de la
Confederación, el usufructo que por el término que se
estipulase les concediera. Debía extenderse la extensión del
territorio para ese objeto desde la Bahía Nueva,
en los cuarenta y tres grados, hasta el Estrecho de
Magallanes, en los cincuenta y tres".
Los ingleses no se hicieron eco de esta propuesta.
A fines de 1849,
se firmó el tratado Southern-Arana, que ponía
fin a la disputa entre nuestro país y Gran Bretaña.
Se llamó "Convención para restablecer las perfectas relaciones
de amistad entre la Confederación Argentina y su
Majestad Británica". Los ingleses reconocieron la
soberanía argentina de los ríos interiores; instaba a nuestro
país a solucionar pacíficamente nuestros diferendo con
Uruguay y se nos devolvía la flota capturada. Lo
curioso es que ese tratado también consignaba
la devolución de la isla Martín García, pero ni una
palabra sobre las Malvinas. Aunque algunos sospechan de
una cláusula secreta, por la que Rosas desistía
de continuar reclamando la soberanía.
¿Qué
pasó con el famoso empréstito? Se cancelaría 80
años después, en 1904. Haciendo cuentas, el país
había pagado 23.700.000 de pesos fuertes de los cinco
millones originales.








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