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martes, 17 de noviembre de 2015

la posibilidad del Edén en América



El ADN de la momia del niño inca hallado en Argentina descubre un nuevo linaje humano
Publicado: 12 nov 2015
usc.es
El análisis de ADN mitocondrial de una momia de un niño sacrificado hacia el año 1500 que fue hallada por un grupo de montañistas en 1985 en en la base de la montaña de Pirámide, en la provincia de Mendoza (Argentina), revela un nuevo linaje genético humano.
Un equipo internacional de investigadores, liderado por el español Antonio Salas, de la Universidad de Santiago de Compostela, ha elaborado un estudio que revela que la momia del niño inca de 7 años hallada en 1985 en un cerro que mira al Aconcagua (Argentina) pertenece a un linaje genético que hasta la actualidad "no había sido identificado en poblaciones contemporáneas". Este ha sido bautizado como C1bi (cuya 'i' viene de inca), informa el diario online argentino MDZ.
Según estudios arqueológicos y antropológicos previos, el niño pudo ser víctima de un ritual de sacrificio inca hace 500 años, en el cual eran escogidos los niños más guapos y sanos (conocido como capacocha).
El estudio, basado en la secuenciación del genoma mitocondrial procedente de una biopsia de pulmón del niño y su comparación con 28.000 mitogenomas mundiales, sostiene que la momia pertenece a un subgrupo genético de antepasados maternos humanos que surgió hace unos 14.300 años en Perú. Asimismo, utilizando otra base de datos de más de 150.000 haplotipos, los científicos localizaron posibles descendientes de este linaje C1bi que viven en Perú y Bolivia en la actualidad, así como un individuo que habitó en el antiguo Imperio wari.
"Sería interesante realizar el análisis del genoma entero de la momia, lo que podría revelar información sobre multitud de cuestiones relacionadas con las enfermedades o características físicas del niño incaico", ha declarado Salas.
Un niño de 7 años asesinado por los incas ilumina la conquista de América
El ADN de un chico sacrificado a 5.300 metros de altura en el Aconcagua hacia el año 1500 confirma que los primeros americanos llegaron al continente hace unos 15.000 años
Manuel Ansede 12 NOV 2015
Momia del niño inca sacrificado en 1500. / SCIENTIFIC REPORTS
Un día alrededor del año 1500, un grupo de personas debió de ascender por las faldas de la cumbre más elevada de América, el Aconcagua, en la actual Argentina. Eran incas y llevaban consigo a un niño de 7 años elegido por su belleza y su buen estado de salud. La comitiva, por una ruta escarpada, alcanzó los 5.300 metros de altura. Y allí, rodeados de hielo y riscos, presumiblemente acabaron con la vida del niño de un golpe en la cabeza.
Casi cinco siglos después, el 8 de enero de 1985, cinco montañeros argentinos se toparon con un montón de huesos y plumas asomando en los hielos del Aconcagua. Pensaron que era el cadáver de un cóndor, pero era aquel niño inca. Estaba vestido, con adornos de plumas, y enterrado con seis estatuillas de hombres y de llamas talladas en oro y conchas de moluscos.
Tres décadas después de su hallazgo, el niño sacrificado a los dioses incas vuelve a hablar. Un equipo dirigido por el genetista Antonio Salas, de la Universidad de Santiago de Compostela, ha leído su ADN y lo ha comparado con una base de datos de 28.000 genomas. Sus resultados muestran que el niño perteneció a un linaje humano que se formó hace unos 14.300 años y que ya no existe sobre la faz de la Tierra. La investigación respalda los últimos estudios genéticos con americanos actuales y esqueletos ancestrales, que sostienen que los primeros humanos que pisaron América lo hicieron hace 15.000 años desde Siberia.
La momia del Aconcagua. / SCIENTIFIC REPORTS
El grupo de Salas no ha leído el genoma nuclear, el libro de instrucciones presente en el núcleo de cada una de nuestras células, sino el ADN residual que existe en las mitocondrias, las pilas que dan energía a las células. El ADN mitocondrial se hereda de madres a hijos y es muy útil para averiguar si dos personas están emparentadas. “El linaje de este niño entró por el norte de América, evolucionó y desapareció, lo cual no es sorprendente, porque la mayoría de los incas murió tras su contacto con los europeos, por enfermedades como el sarampión, la gripe, la viruela o la difteria”, explica Salas.
Los científicos pueden reconstruir el pasado comparando genomas, de la misma manera que es posible ordenar cientos de biblias manuscritas por orden cronológico fijándose en sus erratas acumuladas. En julio, otro equipo liderado por el genetista Eske Willerslev, de la Universidad de Copenhague (Dinamarca), concluyó que los primeros americanos proceden de un grupo que partió hace 23.000 años de Siberia y se quedó aislado durante 8.000 años en Beringia, una lengua de tierra hoy inundada entre Rusia y la punta noroccidental de América.
“Toda la variedad genética americana surge de la incubación en el estrecho de Bering [la antigua Beringia] y entró en varias oleadas. El linaje madre del niño inca data de hace 18.300 años y el de la momia es una rama”, detalla Salas. Es la primera vez que se lee el genoma mitocondrial entero de una momia americana, según afirman los autores en su estudio, publicado hoy en la revista Scientific Reports.
Los investigadores, entre los que también se encuentra el pediatra Federico Martinón Torres, del Hospital Clínico Universitario de Santiago, han utilizado una pequeña muestra tomada en su momento del pulmón del niño. La momia completa “sigue custodiada por la Universidad Nacional de Cuyo, congelada a -20 grados, pero su lugar concreto es un secreto”, señala Salas.
El siguiente objetivo de los investigadores es analizar el genoma entero de la momia y, sobre todo, su microbioma: el ADN de los microorganismos que vivían en el interior del niño y que pudieron modificarse con la llegada de los europeos y sus enfermedades.
El niño inca, conocido en Argentina como “la momia del Aconcagua”, fue sacrificado en la Capacocha, una ceremonia inca que consistía en hacer ofrendas al Sol en la época de las cosechas o al soberano del Imperio en caso de enfermedad. En el ritual se podían ofrecer objetos o sacrificios humanos, de niños sanos y bellos destinados a transmitir su energía al Inca.


miércoles, 11 de noviembre de 2015

Las anomalías térmicas de Keops



La detección de “anomalías térmicas” en pirámide de Keops puede revelar secretos
Se tiene la esperanza de dilucidar los misterios de la última de las siete maravillas del mundo antiguo todavía en pie, como por ejemplo si alberga cámaras secretas.
Un hombre camina cerca de pirámide de Khufu de Giza (Keops) en la periferia sur de el Cairo el 09 de noviembre de 2015. (KHALED DESOUKI/AFP/Getty Images)
El tráiler del proyecto “Scan Pyramids” muestra cámaras térmicas infrarrojas que colorean la pirámide de Guiza de amarillo a rojo oscuro, e imágenes de las construcciones majestuosas de piedra grabadas por drones. Promete descubrimientos gracias a la combinación de las ciencias exactas y la egiptología.
Todo ello con la esperanza de responder al enigma de las pirámides, uno de los más fascinantes de la Antigüedad.
Este proyecto lanzado a finales de octubre utiliza cámaras infrarrojas, un método no invasivo y no destructor, para cartografiar, sin un arañazo, el corazón de las pirámides de Guiza, unos monumentos funerarios de más de cuatro mil años.
Las mismas cámaras se usaron a comienzo de noviembre para sondear la tumba de Tutankamón en Luxor con el objetivo de ver si es fiable la teoría de arqueólogo británico Nicholas Reeves que apunta a que la legendaria reina Nefertiti está enterrada en su interior en una cámara secreta.
Con el escaneo de las pirámides, los científicos esperan detectar “la presencia de pasillos y cámaras desconocidos”, o incluso rastros de rampas que permitan dilucidar el enigma de su construcción.
El ministro de Antigüedades egipcio, Mahmud Eldamaty, adelanta que la aventura será larga. “Tenemos que hacer todavía más hallazgos sobre las pirámides”, declaró entusiasmado en rueda de prensa el lunes al pie de la pirámide de Keops, el monumento de piedras construido por el Hombre, hace 4.500 años.
Una cámara se encuentra frente a la gran pirámide de Khufu (Keops) en Giza en las afueras de el Cairo durante un experimento de termografía infrarroja para la temperatura de sus paredes el 09 de noviembre de 2015. (KHALED DESOUKI/AFP/Getty Images)
Aprovechando la ocasión, el ministro reveló los resultados preliminares del proyecto “Scan Pyramids” lanzado el 25 de octubre. Un equipo de científicos egipcios, franceses, canadienses y japoneses observaron ya anomalías térmicas “impresionantes” sobre el flanco este de la pirámide de Keops, cerca del suelo, y otras menos flagrantes a media altura.
Algunos bloques de piedras presentan una diferencia de temperatura de hasta 6 grados Celsius con respecto a otros situados a su lado. En las imágenes se ven colores cálidos, del rojo al amarillo, que contrastan con los tonos del resto del monumento, entre el azul y el rojo oscuro, tirando a morado, señal de frío.
“Esta imagen es la más importante del año 2015″, afirmó el ministro al presentar la “Gran Pirámide” engalanada de colores.
Esta diferencia de temperatura indica cavidades o al menos corrientes de aire, dando pie a una multitud de interpretaciones que se irán analizando antes de final de 2016.
Scan Pyramids probó en noviembre sus cámaras infrarrojas en la tumba del faraón Tutankamón, y la diferencia de temperatura en uno de los muros confirmó la hipótesis de Nicholas Reeves y Eldamaty: la existencia de una cámara secreta. Todavía no se sabe de quién.
Nicholas Reeves cree que es la de Nefertiti, una reina de belleza legendaria. Hace 3.300 años fue la esposa principal de Akenatón, el padre de Tutankamón, el único faraón con una sepultura intacta, hallada en 1922. Todas las demás fueron saqueadas a lo largo de los milenios.
Su tumba contenía 5.000 piezas, en su mayoría de oro, un tesoro entre el que destaca la célebre máscara de oro macizo y piedras preciosas.
Egipto esconde todavía mil y un enigmas, algunos de los cuales podrían descifrarse, según los expertos, gracias a la unión de las nuevas tecnologías y las ciencias exactas.
Arqueólogo egipcio Abdelgawad Harrbi habla a la prensa dentro de la tumba de Iymery, también conocido como el sacerdote del rey Khufu, durante la reapertura del recinto tras renovaciones en las grandes pirámides de Giza, al sur de la capital el Cairo, el 27 de abril de 2015. (KHALED DESOUKI/AFP/Getty Images)
Jeroglíficos egipcios en la tumba de Iymery, también conocido como el sacerdote del rey Khufu, durante la reapertura del sitio después de renovaciones. (KHALED DESOUKI/AFP/Getty Images)
Reproducido bajo licencia CreativeCommons –Reconocimiento no comercial 3.0 España-

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