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domingo, 24 de enero de 2021
lunes, 16 de septiembre de 2019
EL MITO DE LA SUPERPOBLACIÓN, LO QUE NO QUIEREN QUE SEPAS
Publicado el 15 sept. 2019
Filosofía del Exterminio
Por
Javier Cornejo 17/04/2011
En
1798 apareció el Ensayo sobre un principio de la población, obra de Thomas
Malthus quien a la exuberancia de la población opuso la falta de alimentos y la
avaricia de la naturaleza. Consideró que se trataba de un proceso dinámico: la
relación entre dos variables, la del crecimiento de la población, en progresión
geométrica, y la de los recursos, en progresión aritmética. Planteó un ajuste
inevitable: la lucha por la existencia como un dato fundamental de la materia
viviente, incluido el hombre.
La
naturaleza procede a la eliminación de los supernumerarios por medio de un
exterminio implacable. El hombre padece las leyes que rigen la naturaleza. La
expansión de su raza será bloqueada por la eliminación: el aumento de
mortalidad. La desaparición prematura de los sujetos más débiles, epidemias,
guerras y hambrunas. Presenta el hambre como el último recurso de la naturaleza
para lograr el equilibrio.
Malthus
ubicó a la especie humana dentro del vasto sistema de los seres vivientes. La
integró con los demás organismos y no le reconoció ninguna posición
privilegiada en el universo. Formuló la noción de población máxima: aquella que
por el juego de la multiplicación natural alcanza el más alto nivel permitido
por los recursos del medio ambiente.(1)
Darwin
se opuso a la teología natural en el cual el Creador constituyo la naturaleza
según las necesidades del hombre y a partir de la tesis de Malthus formulo la
hipótesis de la lucha por la existencia e introdujo en ulteriores ediciones de
El origen de las especies, la frase de Herbert Spencer, "la supervivencia
de los más aptos", para ilustrar la idea de la selección natural.
El
inglés Herbert Spencer creía que los seres humanos se hallaban en constante
competencia entre si y que los más débiles resultaban inevitablemente
derrotados. Afirmaba que ello era la consecuencia lógica del progreso de la
evolución. En 1884 llegó a sostener que era mejor exterminar a los desocupados
o a quienes se convirtieran en una carga para la sociedad antes de que llegasen
a ser objeto de ayuda social o caridad. Esta tesis de Spencer se puede refutar
con ejemplos históricos. De hecho, la historia de la civilización muestra, más
bien, el triunfo lento, pero seguro, de la cooperación social en la agricultura
y en la industria sobre el individualismo agresivo de los cazadores y nómadas.
No obstante, el pensamiento spenceriano influyó en la historia. Posibilitó,
además, que los nacionalistas y militaristas hablaran de la bondad de la
guerras durante las décadas que precedieron a la Primera Guerra Mundial, en
cuanto era capaz de asegurar la supervivencia de los más aptos.(3)
Como
suele suceder con las teorías de gran trascendencia y poder explicativo el
evolucionismo fue más allá del campo estrictamente biológico. Se proyecto hacia
el terreno de lo social, lo político y lo económico. Sucedió que ciertos
filósofos sociales, y ciertos publicistas no científicos del evolucionismo,
pensaron que la esencia de la selección natural podía sintetizarse con frases
como "lucha por la existencia", "supervivencia del más apto"
o "eliminación del inepto". Es fácil imaginar los excesos que puede
llegar a justificar este tipo de aseveraciones si se las traslada al medio
social.
Por
otra parte, el excesivo énfasis puesto sobre la lucha por la existencia condujo
a que el pensamiento popular identificara a menudo ésta con la evolución misma.
Se creyó que la evolución demostraba una crueldad esencial de la naturaleza. A
algunos no les parecieron inadecuadas frases como "el poder es el
derecho", "cada hombre para si mismo", "la ley de la
jungla", como expresiones de ética tan dudosa en sus valores intrínsecos
como en su correspondencia con la teoría de la evolución.
Eduardo
L. Holmberg (1852-1937) concebía un mundo integrado por el naturalismo, el
evolucionismo universal y el transformismo darwinista. Las clases dirigentes
argentinas de la época compartían en general esta cosmovisión. A partir de ella
se fundamentaba y fortalecía la idea de progreso. Esta idea era fuertemente
defendida por los científicos y políticos. Holmberg es un claro ejemplo de la
ascendencia de una teoría científica puede tener sobre los demás sectores de
una cultura. En este caso se llegaba a justificar los crímenes en nombre del
evolucionismo. En un discurso en homenaje a Darwin, en 1952 dice Holmberg:
"Acabamos con los indios porque la ley de Malthus está por encima de
nuestras opiniones individuales".(2)
En
nuestro país, a principios del siglo XX, toda la realidad social era explicada
desde este tipo de ideas. Juan B. Justo fue uno de los pocos argentinos
contrario a esta posición, alertó sobre el abuso que significaba interpretar la
sociedad humana como un organismo biológico y denuncio los racismos encubiertos
de una teoría que propone la superioridad innata de algunos individuos.
Lamentablemente estas ideas prosiguieron por diferentes corrientes de
pensamientos denominadas neopositivistas, racionalistas, empiristas lógicos...
etc. (3)
En
1974 el informe de seguridad 200 de Sir Henry Kissinger actualiza los conceptos
malthusianos y su objetivo es promover los medios abortivos en los países del
tercer mundo como un punto esencial de los intereses norteamericanos en el
mundo, disfrutando así de los beneficios la herencia malthusiana: somos menos
para repartir lo poco que va a quedar. Si tomamos en cuenta estos conceptos
podríamos explicar las innumerables guerras de la nación más poderosa de la tierra más
allá de los justificativos coyunturales, existe un objetivo económico y
político destinado a que unos pocos disfruten de los recursos de todos los
países del mundo.
Este
plan de genocidio aplicado a nuestro país en virtud de las propuestas de Sir
Henry Kissinger se cumple a rajatabla hasta este año 2011 y los que vendrán.
Consideración de la que será objeto en Filosofía del Exterminio (II).
(1)
"La producción de los conceptos científicos" Esther Diaz
(compiladora), Art. "Darwinismo y revolución Industrial" de Marina
Bertonassi.
(2)
Ob.cit. Art. "El evolucionismo en la Argentina" Juan Jose Colella
(3)
Ob. cit. Art. "Positivismo y ética en la Argentina" Juan Jose Colella
sábado, 8 de junio de 2019
La Torre de Babel (inclusiva)
7 DE Junio 2019 Javier Cornejo
"La lengua es la sangre del espíritu. En el idioma va implícita una cierta filosofía, un cierto modo de concebir y, aún más, de concebir, de sentir la vida. Sean cuales fueran los cruces de razas, sea cual fuera la sangre material que a la primitiva se mezcla, mientras un pueblo hable en español, pensará y sentirá en español también". Así nos decía el rector de la Universidad de Salamanca, don Miguel de Unamuno.
Es muy posible que lo ocurrido en la bíblica Torre de Babel quede eclipsado con el nuevo idioma del siglo XXI. En el proceso destructivo de desintegración y disgregación de los pueblos que habitan una geografía, la ruptura idiomática configura un eslabón esencial en la cadena de sojuzgamiento de un pueblo.
Esto no es nuevo. Ya los traficantes de esclavos tomaban el cuidado de integrar sus cargas con personas de raza negra de distintas tribus que hablaran idiomas diferentes, garantizándose de esta manera la disminución de posibles revueltas.
Este eslabón destructivo, hoy conocido como "lenguaje inclusivo", se suma a la política de despoblamiento nacional ejecutada con todo tipo de medidas que van desde la matanza del ser más indefenso, el niño por nacer, el crecimiento exponencial de la drogadicción juvenil y la delincuencia creciente, y en una confrontación de pobres contra pobres injustificable en una nación rebosante de recursos naturales.
¿Por qué el idioma?
¿Por qué un pueblo en contradicción en la comprensión de la armonía de su comunicación, es presa fácil de inducir a su disgregación?:
Cambiando el idioma se cambian las palabras.
Cambiando las palabras se cambian las ideas.
Cambiando las ideas se cambian los conceptos.
Cambiando los conceptos se cambian las conciencias y las conductas.
Cambiando las conciencias y las conductas, se cambian nuestras expresiones artísticas, poéticas, musicales, se cambia nuestra tradición, nuestra moral y nuestra religión.
Con la destrucción idiomática quedamos imposibilitados de comprender las obras literarias, mutilados en la posibilidad de conocimientos clásicos inherentes a nuestra raza humana.
Perspectiva de género
Manipulando la palabra "género" desembocamos en el concepto, hoy en boga, que nuestro lenguaje no visibiliza al sexo femenino, ni las percepciones que de la amplitud de género se derivan. Con el justificativo de no excluir a nadie se comienza a imponer la actual destrucción idiomática. Así se modifican adjetivos, artículos y pronombres con la introducción de la letra "e", de lo que resultan frases como las publicadas por tn.com.ar:
Les chiques simpatiques.
Les niñes atentes.
Nosotres salimes soles.
Elles están contentes.
Les nenes más chiques.
Yo Vos- Elle- Nosotres- Vosotres- Ustedes- Elles.
El Instituto Nacional de las Mujeres y la Secretaría de Asuntos Políticos e Institucionales del Gobierno nacional, siguiendo los pasos de España, especialmente del Gobierno de Aragón, armaron un manual para implementar el lenguaje inclusivo en los medios de comunicación, denominándolo: "Propuesta para una comunicación política equitativa", en la que la palabra "hombre" no puede usarse como término para denominar a los seres humanos, porque "adolece de una ambigüedad intensa". Lo mismo la palabra "niño", que debe ser cambiada por "infante" o "criatura".
Tales recomendaciones fueron recibidas y expuestas en el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española que se desarrolló en Córdoba el pasado 27 al 30 de marzo.
Paradójicamente, mientras esto ocurre con el idioma castellano, los mismos que propician su destrucción, abogan por la recuperación de idiomas originarios. Así también, se propone la incorporación de la letra "x" y la "@"en lo que hace a la referencia del concepto binario femenino masculino, en la formación de frases y concepto que llevaron a la vicepresidente de España, María del Carmen Calvo, a proponer cambiar el nombre del órgano sexual femenino, vagina, por "agujero delantero" para no ofender al colectivo trans.
viernes, 22 de julio de 2016
Un asesino llamado Simón Bolívar
Los crímenes “olvidados” de Simón Bolívar
Ordenó matar en 1813 a más de 2.000 españoles, de
los que 1.600 eran canarios
Habían
perdido la noción del tiempo los 382 españoles que hacía casi un año llevaban
encerrados en aquellas mazmorras de Valencia; así como los 300 prisioneros de
La Guaira y los518 de Caracas. Mal alimentados y sedientos, con grilletes en
tobillos y muñecas que les despellejaban la piel, hacinados entre vómitos,
orines y heces. En las tres prisiones (e incluso entre los convalecientes en
los hospitales y enfermerías improvisadas) se había corrido la voz de que iban
a ser ejecutados. Sumaban 1.200 españoles (de los cuales dos tercios eran
canarios) prisioneros de guerra en parte, y en parte civiles capturados sin
haber entrado en batalla, por el mero hecho de haber nacido en la España
peninsular o en el archipiélago canario. En efecto, la orden de ejecución
dictada por Simón Bolívar había llegado a Caracas y a La Guaira el 11 de
febrero de 1814. El gobernador interino de Caracas, Juan Bautista de Arismendi,
uno de los insurrectos más sanguinarios y crueles de Venezuela, presidió las
abyectas ejecuciones. El 12 por la mañana comenzó el exterminio tanto en
Caracas como en La Guaira. Los presos fueron sacados a la calle de a dos
sujetos por cadenas, a golpes y culatazos; los enfermos y heridos a rastras;
los ancianos que apenas podían andar atados a sillas. Las madres, esposas e
hijas que acudieron a las prisiones, desesperadas ante aquella barbarie que se
iba a perpetrar a sangre fría, fueron apartadas a violentos empujones, e
incluso algunas arrastradas al paredón con sus hombres. Muchos prisioneros
reclamaron su libertad pagada con anterioridad con sus bienes a las autoridades
rebeldes. De nada les valió.Los pelotones de fusilamiento comenzaron la
masacre. Los españoles caían abatidos por el fuego. Los fusileros se turnaban
con los que arrastraban al suplicio a los reos. Hasta que Arismendi ordenó no
gastar más pólvora, cara y escasa, y emplear las picas, sables y machetes para
acabar con la vida de aquellos famélicos desgraciados. Algunos, sabiéndose
muertos sin remisión, trataron de defenderse yendo contra sus verdugos, quienes
se ensañaban a estocadas y mandobles salvajes en los brazos, piernas, vientres
y cabezas. La masacre continuó durante los días 12, 13 y 14. Muchos yacían
agonizantes en el suelo ensangrentado y fueron rematados reventándoles la
cabeza con grandes piedras. Una enorme pira se hizo con los cuerpos
desmembrados, donde ardieron estando vivos aún muchos de ellos. En Valencia,
presidida la ejecución por el propio Bolívar, fueron asesinados los 382
españoles durante los días 14, 15 y 16. El hedor a carne quemada y los gritos
de los que agonizaban quedó grabado en la memoria de los testigos de aquella
cruel masacre.
Así
transcurrieron los hechos según los datos publicados en La Gaceta de Caracas nº
14 de 1815, a los que dio luz el historiador colombiano Pablo Victoria en su
libro La otra cara de Bolívar (2010), bajo el sello de Editorial Planeta
Colombiana, S.A. Explica Victoria que cuando Bolívar, impotente, a principios
de febrero de 1814, tuvo que levantar el sitio a Puerto Cabello -defendido por
José Tomás Boves y de la Iglesia, comandante del Ejército Real de Barlovento-,
pidió refuerzos a Urdaneta, éste le informó de la imposibilidad de enviárselos.
Lo mismo le contestaba Leandro Palacios desde La Guaira, argumentando que su
guarnición escaseaba y el número de prisioneros españoles a su cargo era
grande. No lo dudó el Libertador, con fecha 8 de febrero, dio orden por escrito
de asesinar a los prisioneros de Caracas y La Guaira para así liberar a sus
carceleros que engrosarían los refuerzos que requería. Al enterarse el
arzobispo de Caracas, monseñor Coll y Prat, de las intenciones macabras de
Bolívar, le escribió suplicándole por las vidas de aquellos desdichados. A lo
que Bolívar contestó, con absoluta impiedad, lo siguiente: “Acabo de leer la
reservada de v. s. Illma. en que interpone su mediación muy poderosa para mí,
por los españoles que he dispuesto se pasen por las armas€ Mas vea v. Illma. la
dura necesidad en que nos ponen nuestros crueles enemigos€ ¿Qué utilidad hemos
sacado hasta ahora de conservar a sus prisioneros y aun de dar la libertad a
una gran parte de ellos?… No solo por vengar mi patria, sino por contener el
torrente de sus destructores estoy obligado a la severa medida que v. Illma. ha
sabido. Uno menos que exista de tales monstruos, es uno menos que ha inmolado o
inmolaría a centenares de víctimas. El enemigo viéndonos inexorables a lo menos
sabrá que pagará irremisiblemente sus atrocidades y no tendrá la impunidad que
lo aliente€ Su apasionado servidor y amigo, Q. B. I. M. de v. Illma. Simón
Bolívar”. He aquí la muestra del más despreciable Simón Bolívar.
Recientemente,
el catedrático de Historia de América, profesor de la ULL, el tinerfeñoManuel
Hernández González, ha publicado el libroLa guerra a muerte. Simón Bolívar. La
campaña admirable 1813-1815 (2015), de Ediciones Idea. En este ensayo recupera
aquel Decreto de Guerra a Muerte emitido por Bolívar en la ciudad de Trujillo,
en los Andes colombianos, el 15 de junio de 1813, por el que son ejecutados más
de dos mil españoles de los cuales 1.600 eran canarios, sólo por el hecho de
haber nacido al otro lado del Atlántico. El Libertador advertía a los españoles
peninsulares y canarios (que expresamente diferenciaba) en los siguientes
términos: “Contad con la vida si apoyáis la independencia; contad con la muerte
si sois indiferentes”.Hernández afirma en su libro que Bolívar llevó a cabo
esta política sistemática de ejecución de españoles peninsulares y canarios en
actos públicos allí por donde pasaba, y que Bolívar provocó una”limpieza
étnica” que acabó con la vida de ¡un tercio de la población venezolana!, en su
mayoría inmigrantes, cuando ni españoles peninsulares ni canarios eran sus
enemigos. Por el contrario, aquellos españoles peninsulares e isleños suponían
un pilar fundamental para la economía de Venezuela y de toda la América
española, y por tanto para el progreso y bienestar de sus habitantes.
Ya hubo
un primer Proyecto de guerra a muerte que dictó Antonio Nicolás Briceño el 16
de enero de 1813, suscrito por Bolívar. Dice Pablo Victoria al respecto que
aquel documento cambiaría la cara de la guerra para siempre, dado que hasta
entonces, en los escenarios bélicos de Europa y América se había respetado la
vida de los prisioneros y la de los no combatientes en la inmensa mayoría de
las ocasiones. Este documento “no era más que un desconocimiento [desprecio]
del derecho de gentes que buscaba eliminar al contendor mediante una política
de exterminio”. Decía uno de los artículos: “Como esta guerra se dirige en su
primer y principal fin a destruir en Venezuela la raza maldita de los españoles
europeos€ quedan, por consiguiente, excluidos de ser admitidos en la expedición
por patriotas y buenos que parezcan, puesto que no debe quedar ni uno solo
vivo”. Más muestras de la atrocidad del documento firmado por Bolívar. El
artículo noveno premia la barbarie de la soldadesca con ascensos inmediatos: “el
soldado que presentare veinte cabezas de dichos españoles”, sería ascendido a
alférez; “el que presentare veinte, a teniente; el que cincuenta a capitán”.
¿Eran estos “patriotas” soldados o bandoleros?
La
historiografía tradicional, en su mayor parte, pasa por alto este execrable
capítulo protagonizado por Bolívar. Un capítulo documentado que se ha ignorado
por la mayoría de historiadores hispanoamericanos para cuidar la imagen de un
genocida que asesinó a más de dos mil españoles indefensos, innecesariamente,
dado que no fueron muertos en batalla.
Las
llamadas guerras de emancipación o de independencia de las provincias de la
América española fueron sin duda unagran y larga guerra civil, cuyos bandos
independentistas lideraron ricos criollos con un afán desmedido de poder, en
contra de los verdaderos intereses de la población hispanoamericana, de forma
muy especial en contra de la voluntad de las clases pobres y de los indígenas,
que en su inmensa mayoría lucharon junto a los leales al rey, negándose a hacerlo
con los criollos rebeldes, principales usurpadores de sus derechos. Y así lo
afirma el escritor, periodista y diplomático caraqueño Carlos Rangel, uno de
los más destacados intelectuales de la Venezuela del siglo XX, en su libro Del
buen salvaje al buen revolucionario (1976): “En su origen, el movimiento
independentista de 1810 tuvo una ambigüedad que sólo mucho más tarde ha llegado
a ser parcialmente reconocida. Las ambiciones de los criollos ricos (o
simplemente cultos) se vieron de pronto estimuladas por los sucesos de Europa,
donde Napoleón había derrocado la monarquía borbónica española y puesto a su
hermano José en el trono de Madrid.
A la vez
la mayoría de los criollos eran conservadores y prudentes, y temían la guerra
social. Sólo unos pocos estaban inflamados sinceramente por las ideas
republicanas norteamericanas y hasta por las ideas jacobinas francesas [€].
Pero
estaban también presentes (y eran muchos más numerosos) blancos pobres y una
masa de indios, negros y pardos (mulatos) que no preveían, ni unos ni otros,
ninguna ventaja en la independencia, y para quienes la fidelidad al rey y las
exhortaciones de la Iglesia eran motivaciones eficientes [€].
Muy pocos
españoles peninsulares [se refiere a los no nacidos en la América española, por
lo tanto también los canarios] tomaron parte en los combates; pero pasaron cien
años antes de que nadie se atreviera a decir lo que todo el mundo sabía desde
el principio: que en su esencia aquellas contiendas fueron guerras civiles
entre hispanoamericanos”. Indica Rangel a pie de página que fue el venezolano
Laureano Vallenilla Lanz quien hizo esta afirmación por primera vez, en una
conferencia pronunciada en Caracas en 1911, y recogida en el ensayo “Fue una
guerra civil”, parte del libro Cesarismo democrático (1920).
Fue aquel
Libertador de ninguna causa falta de libertad protagonista de muchos desmanes
en aquellas mal llamadas guerras de emancipación, del que escribió Karl Marx
(que no es santo de mi devoción, ni mucho menos) en una conocida carta dirigida
a Engels, fechada el 14 de febrero de 1858, ser el “canalla más cobarde, brutal
y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque”. Añadiendo: “La fuerza creadora
de los mitos, característica de la fantasía popular, en todas las épocas ha
probado su eficacia inventando grandes hombres. El ejemplo más notable de este
tipo es, sin duda, el de Simón Bolívar”.Ahora son los “iluminados” -como lo fue
Hugo Chávez-, Nicolás Maduro (reconocido analfabeto funcional),Evo Morales y
Rafael Correa, los que en un aquelarre ideológico levantan el puño marxista
-¡qué ironía!-enarbolando la figura de Bolívar.
Al
término de lasmal llamadas guerras de emancipación, afirma Manuel Hernández,”la
economía, las haciendas, las plantaciones fueron destruidas”. Había que empezar
de cero. El propio Bolívar dijo: “Lo hemos perdido todo, lo único que hemos
ganado ha sido la independencia”. Y de los polvos de aquellas guerras civiles
entre hispanoamericanos, llegó luego el desconcierto de más guerras civiles y
regímenes tiránicos como el que actualmente sufre Venezuela, además del caos de
las guerrillas guatemaltecas, salvadoreñas, colombianas, entre otras; los
cárteles del narcotráfico que han subyugado a naciones enteras; y, en fin, una
suerte de circunstancias sociales agravadas por tiranos como Maduro o Morales,
que lejos de sembrar paz y seguridad jurídica que acerque inversiones
extranjeras, las espantan con políticas de medievales señores feudales, que
además enfrentan a sus pueblos. ¿Hasta cuándo sufrirán aquellos pueblos de la
América española a los Maduro, Morales, Correa, Kirchner y Castro? ¿Hasta
cuándo la siembre envenenada de aquellos criollos que traicionaron a España
seguirá dando tan mala hierba?
Siempre
he creído, y lo sigo haciendo, en el abrazo entre españoles e
hispanoamericanos, porque nos uneidioma, historia, cultura y religión (en una
gran mayoría), con todos los matices que enriquecen ese abrazo. No obstante,
justo es dar a conocer este capítulo criminal del llamado Libertador, porque se
merecen ser recordados aquellos españoles que fueron asesinados tan cruelmente,
así como repudiado su verdugo. Quiero pensar que, sólo fruto de la ignorancia
de estos hechos, muchas calles y plazas canarias (y en muchos pueblos del resto
de España)llevan el nombre de Simón Bolívar,el asesino de más de dos mil
españoles, de los cuales 1.600 fueron canarios;ejecutados por el mero hecho de
no ser nacidos en tierras americanas, a las que habían ido a trabajar y, de
forma determinante, a enriquecerlas. Por ellos van estas letras.
lunes, 8 de febrero de 2010
Madrid
honra en su parque del Oeste a uno de los mayores asesinos de españoles.
En la entrada anterior fijaba mi atención sobre todos esos compatriotas nuestros que a base de matanzas y escabechinas han alcanzado un cierto reconocimiento público, y proponía un Parque de los Verdugos para honrar su sangrienta memoria. Eso me recuerda que en Madrid tenemos un Parque del Oeste que bien pudiera llamarse de los Traidores, donde tienen su estatua tanto el cura Hidalgo como el ínclito Simón Bolívar.
Precisamente,
en 2010 conmemoramos los primeros pasos de los “libertadores” del continente
americano, aquellos españoles que mataron compatriotas a mansalva en nombre de
la "Independencia". Si alguien merece pasar a la historia como
Verdugo Mayor, será sin duda Simón Bolívar, epítome de la traición y celebrado
genocida.
Bolívar, icono de Hispanoamérica
Bolívar
es uno de los grandes iconos de la América española; por toda la
América hispana y hasta en Canadá te encuentras estatuas y referencias,
provincias y ciudades que aluden al siniestro personaje, como revela la wikipedia, y hasta un país entero llamado
Bolivia. Los venezolanos incluso lo han convertido en su moneda y cuentan
en bolívares, pero claro, es que nadie les contó quién era Bolívar de verdad.
Racista,
cruel y genocida
Como
tantos criollos, Bolívar sentía el mayor desprecio por negros o mulatos y el
origen de la sublevación americana debe buscarse, dicen los sabios, en el hecho
de que la Corona Española empezara a dar y vender cargos a los morenos.
De hecho, cuando Fernando VII inicia la represión en América, enfrentó a negros
contra criollos y las columnas de Boves se componían esencialmente de
negros y mulatos, lo que en el Caribe llaman despectivamente la negrada.
Ese
Bolívar del Parque del Oeste, a cuyos pies juegan niños inocentes, es el
mismo Bolívar que mandó decapitar a los españoles prisioneros, el mismo Bolívar
que decretó la Guerra a Muerte, es decir, el exterminio sistemático
de todos aquellos españoles que no tomaran las armas contra España, el Bolívar
que traicionó a Miranda. Al lado de Bolívar, los
revolucionarios franceses de 1793 eran hijas de la caridad. El decreto de
Guerra a Muerte, modelo de cinismo sangriento, incluye estas líneas:
A pesar
de nuestros justos resentimientos contra los inicuos españoles, nuestro
magnánimo corazón se digna, aún, abrirles por la ultima vez una vía a la
conciliación y a la amistad; todavía se les invita a vivir pacíficamente entre
nosotros, si detestando sus crímenes, y convirtiéndose de buena fe, cooperan
con nosotros a la destrucción del gobierno intruso de España, y al
restablecimiento de la República de Venezuela. Todo español que no conspire
contra la tiranía en favor de la justa causa, por los medios más activos y
eficaces, será tenido por enemigo, y castigado como traidor a la patria y, por
consecuencia, será irremisiblemente pasado por las armas.
Lo de pasar por las armas no era
ninguna amenaza en vano. Bolívar ordenaba de modo habitual la ejecución
de los prisioneros, culpables de ser "españoles o canarios". El
antiguo senador colombiano Pablo Victoria le ha dedicado recientemente un libro a dicho asuntillo sin importancia...
Carlos
Marx despreciaba a Bolívar
Uno de
los mayores chistes de la Historia es que el actual histrión venezolano quiere
hacer una república socialista alimentada a la vez en el pecho de Marx y en el
de Bolívar cuando, precisamente, Carlos Marx sentía un desprecio inimaginable
por la figura y la persona de Bolívar. La biografía que escribió Marx de
Bolívar, publicada en The New American Cyclopedia y traducida por
Juan R. Fajardo para marxists.org, es todo un poema y la podéis leer aquí.
La
estatua de Bolívar, erigida por el franquismo
Dado que
en Madrid tenemos una estatua en honor de Satanás, la del Ángel Caído, parece
lógico que durante tanto tiempo la tuviese también Franco, o que ahora mismo
Largo Caballero -el presidente de Paracuellos- disfrute de la suya.
Mañana sin duda le dedicaremos una al etarra De Juana, tiempo al
tiempo.
Precisamente
la estatua dedicada al Señor Oscuro de
América, el genocida Simón Bolívar, se elevó en tiempos de Franco, un 28 de octubre de 1970 con gran aparato oficial; la
decisión se había tomado medio siglo antes: fue un empeño de Alfonso
XIII bajo el gobierno del dictador Primo de Rivera, que por distintos motivos
se retrasó. El punto en común entre los dos caudillos, el de allá y el de aquí,
eran los océanos de sangre vertida; no se puede negar cierta lógica en el
hecho de que el régimen de Franco, traidor y genocida, honrara la memoria de
otro traidor y genocida. Y todos los capitostes españoles, demócratas u
orgánicos, aceptan llevar condecoraciones infamantes como la Orden del Libertador, con el busto de Bolívar,
igual que aceptan premios de la fundación Sabino Arana, aquel nazi avant l'heure
fundador de la pesadilla vasca.
Los huesos de Bolívar
Leyendo un artículo de Ludmila Vinogradoff, me entero de que el ínclito Chávez no contento con humillar la infeliz Venezuela con el sangriento título de república bolivariana, quiere recuperar los huesos de Bolívar para captar su energía, en el marco de no sé qué creencias de la santería cubana. No sé si tragarme la mitad de la décima parte del artículo pero desde luego nos abre perspectivas insospechadas; quién sabe, si en el siglo XXII todavía queda algo de España seguro que tendremos facherío -inasequible al desaliento- y a lo mejor les da por robar los huesos del Caudillo en el Valle de los Caídos para hacerse caldos patrióticos... Ya me imagino a los descendientes de nuestros liberales-de-brazo-en-alto invocando al Caudillo por medio de queimadas funerarias: "¿Espíritu de Pacoooo, estás aquí?"
Convergencia
entre españoles e hispanoamericanos
Este 2010
amenaza con ser duro. No quiero ni imaginar cuántos discursos y cuánto
floripondio le vamos a dedicar a los sangrientos padres de la “emancipación”
hispanoamericana, que empezó con una serie de degollinas y a la que siguió, en
países como Argentina, el holocausto de sus indios.
Padres de
la Patria y Libertadores supieron arrasar con profesional eficacia naciones que
por sus recursos y circunstancias deberían ser un dechado de prosperidad.
También es cierto que aquellos traidores se enfrentaron al Padre de toda
Traición que fue Fernando VII, el rey felón por antonomasia, la encarnación
misma de la doblez, la fatalidad y la crueldad.
Al final
tenemos que aceptar que los hispanoamericanos son nuestros hermanos en todo, en
lo bueno y en lo malo, y a ellos también les va la marcha y le dedican sendas
estatuas a sus ogros locales.
Luis Español Bouché
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