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martes, 23 de abril de 2013

La corrupción como protagonista

Gabriela-Pousa3Como nunca antes, la sociedad argentina empieza a manifestarse molesta por algo que va más allá de la economía. En la última movilización así como en el feedback de los programas televisivos de uno y otro canal, la corrupción se erige de pronto, protagonista.
¿Qué cambió? La cantidad de víctimas. A saber, desde tiempos inmemoriales, la corrupción es una constante en la escena política nacional. Los montos de dinero diseminados en coimas, retornos, sobre precios y hasta lavado de dinero son incalculables, y debiera generar igual rechazo que se trate de cien pesos o cien millones de dólares.
El relativismo ético y moral a esta altura, alcanza niveles lamentables a punto de declarar que son mejores aquellos que “roban pero hacen”.
Pero más allá de cifras y pesajes, lo que comienza a sacudir el entramado de la corrupción en la conciencia ciudadana son las víctimas que se multiplican como consecuencia de la misma. La gente esta entendiendo que los fondos desviados por el lavado o destinados a cuentas extranjeras son, precisamente, los que debieron usarse para la construcción de hospitales, desagües, etc. Y hasta acá se ha llegado.
La relación muerte-corrupción llegó para quedarse. Los argentinos podían soportar muertes por negligencia de una dirigencia indiferente como sucediera en Cromagnon pero no pueden ya asumir cadáveres por ineficacia seguida de ostentación.
Una cosa es el robo y la desidia, y otra muy distinta es que lo robado y no ejecutado en un presupuesto determinado salte a la vista en suntuosos lujos de funcionarios. Pareciera que el límite de la tolerancia se ha alcanzado. Triste es que eso haya sucedido sobre la sangre de tantos conciudadanos, claro.
En ese trance, la tragedia de Once y las inundaciones de La Plata obraron como detonantes juntamente al programa periodístico conducido por Jorge Lanata. Nafta al fuego puso el mismísimo gobierno armando una burda operación política tendiente a desacreditar lo que a esta altura era ya una certeza que ni siquiera requiere demasiadas pruebas.
¿Cómo llega un empleado bancario a multimillonario en poco tiempo? Hasta una criatura de jardín de infantes puede responderlo. Cargar contra un medio de comunicación o un periodista determinado es subestimar a una mayoría importante del pueblo.
Las batallas insustanciales son también una constante en la Argentina kirchnerista. La concepción política del kirchnerismo fue siempre la misma: elegir un enemigo para justificar sus propias torpezas. Hoy el turno es de Lanata como una excusa de las sin respuestas a imágenes y audios elocuentes desde el vamos.
En Casa Rosada está claro que no saben de qué modo manejar una sociedad indignada. Lo grave es que cualquier contraofensiva aviva el fuego y moviliza.
En ese sentido, la semana se inicia con un Congreso funcionando en pro de un proyecto que, en otra coyuntura, quizás hubiese pasado como pasaron tantos otros pero hoy, la lectura de la gente se ha agudizado en comunión con el hartazgo.
No debe sorprender que aunque surjan manifestaciones reclamando no avasallar la escasa independencia que le queda al Poder Judicial, el oficialismo termine sancionando la reforma el próximo miércoles 24. Hasta ahora se han comportado inmutables a todo reclamo. Dar un paso atrás no es considerado por el gobierno como un gesto de grandeza sino como un fracaso, una torcedura de brazo.
En ese contexto, es dable esperar una suerte de cacería de brujas donde se erija antidemocrático a quienes se expresen públicamente a favor de una resistencia ciudadana.
Sin embargo, la sociedad no acciona, reacciona. Reacciona ante el atropello de la dirigencia política oficialista y en gran medida también, ante el individualismo de figuras opositoras temerosas de terminar como víctimas de una condena social inevitable.
Si la Justicia muestra ser un apéndice de Balcarce 50, impedir la condena social será muy difícil. Eso lo saben los miembros de la Corte Suprema, plenamente conscientes de la responsabilidad que tienen. Es muy probable que sean ellos quienes deban definir la constitucionalidad o no de la reforma en ciernes.
A pesar de lo dicho, es dable admitir que ni las evidencias empíricas que pueda mostrar Lanata ni la certeza ciudadana de una casta dirigente embarrada hasta la coronilla alcanza. Por mucho menos se ha ido Fernando De La Rua. Por mucho más están dispuestos a quedarse los kirchneristas.
¿Cuál es pues la salida? Las urnas. El problema es el tiempo desde este ahora insoportable para la gente y ese día. La paciencia se agota, en cambio, la ambición oficialista se agiganta. No hay lógica. La esperanza radica quizás en una vigilia pacífica, es decir en la demostración cabal de estar soplándoles en la nuca.

jueves, 18 de abril de 2013

“Levántate y Anda”

pp20130417-212153
Desde el hartazgo, una opinión no más…
Lázaro Báez, Leonardo Fariña, Federico Elaskar y una caterva más de nombres que exceden la memoria de cualquiera. En el medio, los Kirchner. Los mismos que hace diez años están haciéndonosla difícil. Pido permiso para usar este lenguaje un poco vulgar. Es el hartazgo, entenderán…
Lo cierto es que con una trama obscena lograron asquear al grueso de la sociedad. Y tal vez no sea tan malo que eso suceda. Nuestro límite, hasta ahora, parecía inalcanzable, siempre podíamos aguantar más. ¿O podemos todavía?
Muchos dirán que la corrupción está globalizada, que no hay paraísos terrenales, que en los noventa el menemismo hizo lo mismo. No me interesa desmentir ni acordar nada. En última instancia lo importante es que podamos mantener esta libertad de disentir, pensar diferente y poder expresarlo sin represalias. Si acaso hoy se puede, ¿mañana se podrá? La respuesta me falta.
Alrededor, un número no definido de gente que a esta altura son pares, tratando de entender, y no pueden. No pueden no por faltos de inteligencia o rapidez. No pueden simplemente porque no manejan los “códigos” de la mafia. Y es entre mafias donde parece que estamos moviéndonos a diario.
Si la trama dantesca que hoy intentan desmantelar es real o forma parte de una operación política importa poco o nada ya, porque la gravedad del asunto se posiciona en otro vértice mucho más profundo. Esta maniobra del gobierno queriendo desmentir la verdad, duele y da lástima. Hiere a todo aquel que debe calcular qué gasto hacer y qué gasto no hacer para llegar a fin de mes.
Hiere al hombre de izquierda y al de derecha, a ese que se levanta sin ganas quizás, pero se levanta cada mañana para tratar de vivir un poco mejor que el día de ayer. Y no puede, no puede porque no le dejan margen para que las 24 horas que tiene por delante pasen sin dejarle una mejilla morada, aunque sea una metáfora.
No se trata de editarle un noticiero de noticias gratas que le hagan placentera la jornada, se trata de respetar su susceptibilidad, su naturaleza humana pero parece que eso tampoco puede hacerlo la dirigencia en general y el gobierno en particular.
No se trata de cuidados especiales, se trata de respeto. Pero no se puede hablar de respeto en un país donde se miente descaradamente, donde se hace política con la necesidad, donde la solidaridad sólo emerge de abajo, donde arriba no hay modelos a imitar.
Porque uno puede vivir en una geografía mal gobernada, de hecho no sería la primera vez que los argentinos sufren una administración nefasta, pero muy distinto es esto de ahora, esto de levantarse y no saber por donde lanzarán la trompada: si el golpe vendrá por el lado de la inseguridad que es una “sensación” no más, si lo darán por cadena nacional, si lo lanzarán bajo la puerta en forma de un impuesto o de una factura por un servicio que quizás no pudiste siquiera disfrutar…
De nada sirve el esfuerzo para saldar las obligaciones básicas si después porque hizo mucho calor no hay luz, o porque hizo mucho frío no hay gas, o porque al gobierno se le antojó no disponer fondos de coparticipación federal, los chicos no tienen colegio hoy. ¿Con quién los vamos a dejar? “Arréglatelas“, te dicen desde el silencio quienes debieran mínimamente proporcionarte soluciones, certezas básicas. No, no las hay.
Mañana no sabremos qué camino tomar porque cualquiera puede cortar una calle total no hay autoridad, cualquiera puede arrebatarte la cartera porque no hay seguridad… El almacenero puede cobrarnos lo que quiera porque el Secretario de Comercio le congeló los precios pero no las naftas, y ahora sale más caro llevar la mercadería al local…
Cualquiera puede dejarnos plantados porque el valor tiempo no cotiza ni en la Bolsa ni en ninguna cueva de las que están tan de moda ahora. Pero  insisten hablando de cuevas, y la única que conocemos es la que habitamos…
¿Progresar? Se puede desde ya, pero no dejan.
No dejan porque suben el mal llamado mínimo no imponible pero entonces te aumentan el sueldo y entrás en la categoría que debe pagar más, y el asenso que te dieron termina siendo un lastre imposible de cargar. No dejan porque si soñabas viajar, ahora no venden moneda extranjera y te cargan un 20% en la tarjeta. ¿La causa? ¿Interesa la causa ya? No dejan porque te atrasas un mes con el pago del monotributo y ya salís en el veraz.
No dejan porque acabas de decirle a tu hijo que estudie, que no se distraiga, y aparece un Leonardo Fariña diciendo que la plata la hizo pesándola. No dejan porque pese a que en tu familia lograron un buen pasar, salís del supermercado y hay una mujer con un bebe en brazo pidiéndote un paquete de fideos o una leche y no sé que más…
No dejan porque si tenés la suerte de estar entre los “privilegiados” que pueden tener lo que desean sin mucha dificultad, vas a tener que estar atento cuando entrás en tu garage que no te entren por atrás, o fijándote que alarma es más conveniente para tu hogar.
Ejemplos hay hasta llenar renglones incalculables ya. Lo cierto es que ahora, nos cachetearon a todos (o a algunos quizás) no porque seamos más débiles o más ingenuos, ni porque Lázaro Báez lave dinero y también todo el resto…, sino porque volvieron a golpear sin derecho y sin necesidad con un entramado donde lo que se dice es pero deja de ser, y te toman por imbécil si les crees, y se te ríen en la cara si desconfiás.
Porque, simultáneamente, en el Congreso están haciendo un golpe a la institucionalidad sin anestesia y gracias a la palabra que resume todo lo que acabó de contar: Impunidad.
Impunidad que consiguen con la plata que vos ganás en tu trabajo, con la dignidad que vos defendés evitando negocios raros, con la fe que vos depositás en las urnas al votar.
¿Qué se puede hacer?, preguntarán. Cuando convoquen, movilizarse creyendo quizás que “hacer titánicamente lo insignificante es también una manera de obrar”, como decía Augusto Roa Bastos. Puede que se pregunten si acaso sirve de algo porque ya lo han hecho el pasado 8 de Noviembre, y al otro día la Presidente salió con la votación del Partido Comunista Chino y no sé qué más… Es verdad.
Sin embargo, hay que expresarse en redes sociales, en la calle, mostrando la disconformidad porque, a lo mejor así vamos sumando hasta que el resto -que aún permanece callado-, se de cuenta que esto que pasa, es tan o más importante que el ahorro que en el 2001 quedó encerrado. Por esa plata sí se ocupó una Plaza de Mayo, ¿esta estafa moral diaria no amerita que venzamos miedos, que salgamos…?
Puede que no tengamos el dinero que maneja el gobierno, que no tengamos su poder, ni su “libertad” de hacer lo que se les da la gana, ni su impunidad, pero aún tenemos algo que ellos no pueden lograr: decencia y dignidad.
Cómo el Lázaro de verdad, levántate y anda. Quizás sea el modo de lavar nuestra humanidad.

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