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miércoles, 15 de junio de 2016

Millones U$S enterrados en el mar y que desentierran otros



“China tendría soberanía sobre el Río de la Plata” si construye su zona franca pesquera en Uruguay


Las características particulares del proyecto de la instauración de un puerto pesquero chino en Uruguay ha despertado la atención de los analistas, dado que el gigante asiático contaría con una “zona franca” que le permitiría despachar barcos sin intromisión de parte del Estado uruguayo. (PETER PARKS / AFP / Getty Images)
Un nuevo foco de conflicto parece vislumbrarse ante el desembarco en Uruguay de la empresa ShanDong BaoMa, la compañía más importante de China en la fabricación y almacenamiento de harinas de pescado, con el propósito de construir un puerto pesquero con una inversión de más de 200 millones de dólares.
Jiang Hongjun, gerente general de la firma, señaló al medio La República que el objetivo principal sería construir una base logística para la “reparación, mantenimiento y suministro de recursos materiales para flotas pesqueras del Atlántico Sur”.
Sin embargo, además de despertar la alarma por los antecedentes del modus operandi de muchas embarcaciones de ese país en Latinoamérica, las características particulares de este proyecto ya han despertado la atención de los analistas, dado que el gigante asiático contaría con una “zona franca” que le permitiría despachar barcos sin intromisión de parte del Estado uruguayo.
“China literalmente pasaría a tener soberanía en el Río de la Plata, una ventaja logística y comercial que se transformaría en un atractivo extra para las flotas pesqueras migratorias”, enfatiza el especialista en conservación marina Milko Schvartzman, en el portal Diálogo Chino.
Según detalla el periódico uruguayo, este descomunal proyecto incluye, entre otras cosas, un muelle de transporte para la producción acuática, un astillero de fabricación y reparación de barcos, una fábrica de hielos (para los productos marítimos congelados), un depósito de petróleo y edificios de oficinas y viviendas.
De hecho, las extraordinarias ventajas que obtienen los pesqueros de origen chino vienen siendo criticadas desde hace tiempo por el sector empresarial argentino, quienes denuncian que mientras a la pesca de origen chino en Mar Argentino no se le aplica ningún arancel para entrar a China, a las exportaciones argentinas sí. “Pescar en las 200 millas es muy rentable para ellos”, señaló al respecto Guillermo De los Santos, presidente de la Cámara de Poteros Argentinos (CAPA). Las 200 millas delimitan la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de Argentina sobre las aguas del Océano Atlántico.
“Hay una invasión (de barcos)”, afirmó a BBC Mundo Guillermo Caille, responsable de la ONG argentina Patagonia Natural y experto en pesca, con respecto a la creciente pesca de calamar por parte de navegaciones de origen asiático en Latinoamérica.
Cabe destacar que en los últimos meses esta problemática volvió a tomar repercusión mundial cuando un guardacostas argentino, mediante el uso legal de la fuerza, hundió un pesquero chino que estaba pescando calamar dentro de la ZEE. El buque chino estaba acompañado por otras dos embarcaciones que lograron escapar. Tras casi dos meses de esfuerzos coordinados por la Interpol y la colaboración de siete países, en cuatro continentes, las Fuerzas Armadas de Indonesia detuvieron a uno de los barcos pesqueros que se habían fugado, comunicó el portal especializado FIS.
Consecuencias inestimables
En base a los informes de la FAO-ONU, la mayoría de los océanos del mundo se encuentran en una situación crítica de sobre explotación, o al límite de ser colapsados. Los impactos en el ecosistema debido a la sobre explotación pesquera son inestimables y no abundan estudios científicos sobre el tema.
Ante la apremiante situación de la notoria escasez pesquera en el mar de China, y ante la negativa de  nuevos acuerdos pesqueros con países de la región de Asia y Oceanía, para satisfacer la demanda de su enorme población, el gigante asiático ha buscado nuevas fronteras marítimas para hacerse del tan preciado recurso. Y ha puesto la mirada en el Atlántico Sur.
El Océano Atlántico Sur es una de las regiones con mayor biodiversidad marina del planeta. En un contexto en el cual se carece de control efectivo sobre esta vasta extensión marítima, donde sobresale por su ausencia un acuerdo regional y ante la falta de un organismo que regule y limite la explotación de los recursos ícticos, China se llevaría la parte del dragón.
Las consecuencias de instalar una zona franca portuaria pesquera china en Uruguay, y brindar logística a una ciudad flotante de barcos legales (e ilegales, estimados en más de 500 en el pico de la temporada en la ZEE), serían dramáticas. Estos “operan sin ningún control ambiental, laboral ni sanitario, utilizando mano de obra esclava,  depredando el ecosistema marino y contaminando”, según afirma Schvartzman.
Aún más, no solo afectarían seriamente al ecosistema marítimo por la excesiva captura no regulada de los preciados y escasos recursos ícticos del Atlántico Sur, sino que golpearían fuertemente las economías vinculadas a la pesca de toda la región, incluso la de Uruguay, puesto que los pescadores locales no podrían competir con los bajos precios que ofrecen los pesqueros ilegales de origen chino en los puertos de destino.


Montevideo, una parada de piratas
Un experto marítimo denuncia que Uruguay es el “eslabón principal” de la pesca ilegal en el Atlántico Sur y que recibe alrededor de 200 pesqueros ilegales al año. La Armada Nacional no lo refuta. Reconoce haber detectado en infracción a muchos más buques de los que ha logrado capturar.
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La pesca ilegal genera problemas ambientales pero es un "negocio". Foto: archivo El País
TOMER URWICZ27 mar 2016
Desde la rambla son buques viejos, uno al lado del otro. Desde el cielo parece el juego de la Batalla Naval. Pero en los documentos son pesqueros con un duro historial de ilegalidad. El puerto de Montevideo da cobijo a barcos con antecedentes de maltrato laboral y pesca sin autorización. Esta semana hay cuatro de estas embarcaciones amarradas junto al muelle más próximo a la calle Ciudadela. Están ahí, a la vista, sin ningún camuflaje.
"Uruguay es el eslabón principal de la pesca ilegal en el Atlántico Sur". Milko Schvartzman no da vueltas. Según este estudioso de asuntos marítimos que fue investigador de Greenpeace, la Administración Nacional de Puertos, la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara) y las empresas de logística portuaria forman parte de un sistema que abastece de combustible, reparaciones y provisiones a barcos extranjeros que cometieron delitos.
Desde 2001 hasta ahora hubo al menos 32 incidentes irregulares protagonizados por buques extranjeros que fueron a parar al puerto de Montevideo. Cuatro de ellos son los que están amarrados al muelle esta semana. Schvartzman lo sabe porque todos los días, como una obsesión, revisa los datos satelitales que ofrecen gratuitamente algunos sitios de internet.
Mediante este sistema fue que divisó a principios de este mes al Hua Li 8, el buque chino que pasó a pocos kilómetros de Punta del Este. La embarcación estaba siendo perseguida por la Prefectura argentina por haber pescado ilegalmente calamares en la zona exclusiva del país vecino. La Armada uruguaya tomó la posta de seguirlo, pero el barco huyó. El ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro, reconoce con hombros encogidos: "Se nos escapó, se nos escapó".
La persecución fallida encendió una alerta: no se trata solo de los buques con historial de incidentes que amarran en Montevideo, sino también de la incapacidad de Uruguay para enfrentar a quienes invaden su jurisdicción. "Podemos controlar, pero no tenemos capacidad punitiva", admite Fernández Huidobro. Y agrega: "Argentina sabe las capacidades que tiene Uruguay, y los chorros también lo saben".
En los últimos dos años la Armada detectó 23 buques en "presunta infracción" próximos al límite lateral con Brasil. Estaban pescando ilegalmente dentro de los 322 kilómetros que conforman la zona exclusiva de Uruguay. A 16 se los persiguió, pero solo se logró capturar a cuatro, según datos facilitados por relaciones públicas de la Armada. Cuando un buque es capturado se lo inspecciona, se le aplica una sanción —generalmente una multa— y se le advierte que no vuelva a ingresar.
Cada día hay decenas de barcos navegando por aguas uruguayas y serán más si Naciones Unidas finalmente autoriza extender la jurisdicción de 322 kilómetros a 563. Muchas de estas embarcaciones recalan en el puerto de Montevideo, un lugar estratégico para la carga y descarga de mercadería. Sin embargo, no todas las tripulaciones realizan una tarea legal, reconoce el ministro de Defensa. "Es como si me dijera que lo que se mueve en Aceguá esta noche está todo autorizado", agrega entre risas.
Un negocio a la vista.
Según Interpol, la pesca ilegal deja pérdidas de unos US$ 23.000 millones al año en el mundo por lo que deja de recaudarse de impuestos y por los puestos laborales no generados, entre otras cosas. Es uno de los negocios más rentables del crimen organizado y encuentra en el Atlántico Sur valiosos recursos: calamares, atunes, peces espada y merluza negra, un manjar que cuesta $ 900 el kilo.
"Cuando los barcos de banderas asiáticas no tienen buenas capturas cerca de sus países, vienen al sur del océano Atlántico", dice Guillermo Caille, de la fundación Patagonia Natural. Sobre todo son buques chinos, como el que hundió la Prefectura argentina en Chubut el 14 de marzo. Con ese ya van 69 barcos de esa nacionalidad capturados en aguas argentinas desde 2001.
Algunos de esos buques hacen transbordo y descargan en alta mar los peces robados. Otros prefieren trasladar toda la mercadería directo al puerto. En uno u otro caso suelen aprovechar "la logística barata" y confortable que ofrece Montevideo, dice Schvartzman. Cada año recalan en Montevideo entre 1.400 y 2.000 pesqueros. El exactivista de Greenpeace estima que unos 200 carecen de autorización para pescar.
Más allá de la legalidad de los buques, su arribo a puerto constituye un gran negocio. Por cada escala, cada buque deja hasta US$ 100.000 de ganancia, calcula Mario Baubeta, gerente de finanzas de la agencia Tranship y expresidente del Centro de Navegación, una asociación que nuclea a los agentes marítimos.
Buenos Aires no quiere quedar por fuera. De hecho, el subsecretario de Pesca argentino, Tomás Gerpe, reconoció que pretende lograr un acuerdo con los buques chinos que capturan ilegalmente en aguas de su país para que, a cambio de autorizar la pesca, operen en los puertos de Argentina.
La pesca ilegal genera problemas ambientales y depredación. Según la especie, hay cupos de captura con el fin de no cortar la cadena reproductiva. De modo que si es que existe un rédito, es solo económico. Para Yamandú Flangini, exdirector de la Dinara, "la conveniencia es del puerto de Montevideo" que se queda con el dinero de la logística. Aunque matiza señalando que las autoridades uruguayas pueden desconocer si está todo en regla o cuál fue el recorrido exacto de un pesquero antes de recalar. En este sentido, el actual director del organismo, Daniel Gilardoni, insiste en que Uruguay es uno de los nueve países que firmaron un acuerdo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el que se acepta la operativa con extranjeros siguiendo determinados criterios de inspección. "Puede que no seamos perfectos, pero siempre se exige la información del buque", se defiende.
Hay otros delitos asociados a la pesca ilegal, como las malas condiciones laborales, que no son competencia de Uruguay. "Suele suceder que trabajadores asiáticos y africanos se tiren al agua y lleguen nadando, pidiendo refugio", comenta Carlos Vega, el secretario general del Sindicato Único de Trabajadores del Mar y Afines (Suntma). Pero, como ocurre en una embajada, arriba del barco rigen las leyes del país dueño de la embarcación.
Desde 2005 no hay registro de una embarcación uruguaya que haya sido captada cometiendo un delito en aguas de otro país. El hecho más famoso ocurrió en 2003, cuando un barco de bandera nacional pescaba sin autorización en el mar australiano y fue perseguido durante 7.000 kilómetros. Una vez capturado fue multado y retirado de circulación. Operaba para la "mafia gallega", una asociación criminal con sede en Galicia que pescaba ilegalmente la merluza negra. Recién hace dos semanas cayeron presos los líderes de la banda (ver recuadro).
Distintas fuentes consultadas coinciden en que hubo un tiempo en que la bandera uruguaya era utilizada por conveniencia. Las empresas extranjeras solicitaban la identificación y, sin muchas trabas, la obtenían. "Por suerte eso ya no ocurre", enfatiza el sindicalista Vega. "Para nosotros, como trabajadores, no era una situación agradable".
Hoy los reclamos de los trabajadores pasan por otros lados. La pesca uruguaya está en una crisis: de 68 barcos habilitados para navegar, operan 28. Un conflicto aún no resuelto por los aportes patronales amenaza con paralizar todo el sector a partir del 30 de abril.
Pero por más discrepancias que los sindicalistas puedan tener con las autoridades, Vega considera que "el puerto de Montevideo es uno de los puertos con más regulaciones". "Puede que haya barcos cuyo legajo no es el mejor, pero sin el consentimiento del Puerto y la Dinara", dice.
Fernández Huidobro lo resume así: "Es falso que los buques recalen en Montevideo para hacer pasar como legal lo ilegal. Llegan por razones logísticas, aunque sean ilegales. No nos hagamos los mimosos".
A la pesca del ladrón con un escarbadientes
Durante el invierno pasado, la Prefectura argentina llegó a contabilizar 400 buques pescando ilegalmente en su zona de exclusividad. Hace 10 años las embarcaciones detectadas fueron la cuarta parte. Milko Schvartzman, exactivista de Greenpeace, dice que es "probable" que también en Uruguay haya aumentado el número de pesqueros que invaden su jurisdicción. La Armada detectó 23 buques desde 2014. Pero no tiene medios para hacer un trabajo mejor, dice el ministro Eleuterio Fernández Huidobro. La Prefectura uruguaya tiene buques vetustos, de hace 50 años, y a veces ni siquiera hay combustible, explica. El Ministerio de Defensa negocia con Economía un fideicomiso para obtener tres lanchas oceánicas, de US$ 70 millones cada una.
Un buque uruguayo en aguas turbias
Hace un año murió un trabajador uruguayo por hipotermia. Viajaba en el pesquero Rambla, un buque de bandera nacional que estaba —y sigue estando— autorizado para capturar en las islas Georgias. La falta de un cerramiento correcto y las malas condiciones en las que viajaban los 24 tripulantes fueron, para el Suntma, la causante del fatal desenlace. En esa zona del mapa, "48.3" según el código antártico, la habilitación de pesca es otorgada por Reino Unido, aunque Argentina reclama su soberanía de la zona. Si bien Uruguay "apoya" a Argentina en el litigio internacional, y el entonces presidente José Mujica prohibió el ingreso a puerto de buques con bandera de Falkland (Malvinas), la operativa sigue en marcha. El subsecretario de Pesca argentino, Tomás Gerpe, dijo a El País desconocer la situación y solicitó una investigación.
Peces, mafia y un tesoro escondido
En la profundidad del mar uruguayo hay un tesoro: la merluza negra. Este pez con mucha grasa, rico en omega 3, y con fuerte sabor, vive en la zona antártica y lo más al norte que llega es, justamente, a Uruguay.
Más allá del valor nutricional, tiene un alto precio de comercialización: $ 900 el kilo, cuatro veces más que el tan cotizado salmón.
Parte del precio responde a la dificultad de su captura. Para hacer rentable el negocio y pescar en gran cantidad hay que viajar hacia el Polo Sur.
La merluza negra es una especie que habita en la profundidad, que puede llegar a medir más de dos metros y que vive hasta 50 años. A esa área no llega cualquier buque. Desde Montevideo, un puerto relativamente cercano, el viaje hacia la zona de mayor concentración de la especie dura 25 días. En el camino suele haber tormentas perfectas y tímpanos de hielo que se cierran de un momento a otro.
Eso no es todo. Hace 18 años que Uruguay es uno de los 25 países de una comisión que tiene jurisdicción pesquera en la zona. Al ser un área reservada y de exploración científica, solo se puede capturar a la merluza negra mayor de edad y con un buen tamaño. Las líneas con anzuelos deben contar con espantapájaros para no depredar las aves autóctonas, y el barco tiene que evitar al máximo toda posible contaminación.
Pero todas estas limitantes no son impedimento para los pesqueros ilegales.. Por lo dificultoso y costoso de esta pesca, son propiedad de mafias con mucho dinero. La más conocida es la "mafia gallega", con sede en Galicia.
Hace dos semanas sus principales líderes, Antonio Vidal Suárez (Tucho el Coyo), y su hijo Antonio Vidal Pego (Toño), pasaron a dormir tras las rejas. Operaban con la empresa Armadores Vidal S.A., y sus mil nombres falsos. Algunas de sus embarcaciones llegaron a contar con bandera uruguaya y hasta tuvieron aliados locales.
Ante estas posibles amenazas en la zona antártica, cada vez que un buque viaja a entregar provisiones a la base Artigas debe avistar la zona y reportar si encuentra a algún sospechoso navegando. "Donde está la base uruguaya es una zona de tránsito, no hay pesca, pero sí se debe reportar cualquier avistamiento", explica Mario Lluberas, del Instituto Antártico Uruguayo. Por ahora no han divisado a ningún infractor cerca.

China en la puerta de un conflicto pesquero en América del Sur
Pingüinos del Atlántico Sur dependen del calamar, que también atrae pescadores de la Asia, donde existe una demanda enorme (S23678 - Own work, CC BY-SA 3.0, Martin St-Amant)
11 May by Milko Schvartzman
Marzo de 2016 será recordado como un sacudón diplomático entre China y Argentina. En tan sólo 10 días, dos embarcaciones pesqueras chinas fueron ametralladas por los guardacostas del país sudamericano, mientras escapaban de su ZEE (Zona Económica Exclusiva); una de ellas no logró llevar su captura y tripulación a alta mar y descansa en las profundidades del Atlántico Sur. Un hecho excepcional, y que tuvo repercusión mediática global.
El pesquero que logró huir, el Hua Li 8, acaba de ser capturado mientras cruzaba las aguas de Indonesia, que aprovechó el pedido de captura internacional de Interpol para continuar con su lucha contra la pesca pirata.
La seguidilla de incidentes con la Marina Argentina no ha escapado la agenda gubernamental china, luego de que su Embajada en Buenos Aires pidiera oficialmente una investigación por el hundimiento del Lu Yan Yuan Yu 010.
Estos hechos, que pueden parecer excepcionales, no resultan sorprendentes para quienes conocen el contexto de la pesca global y regional. Sin embargo, significaron un fuerte mensaje para la comunidad internacional y sirven como recordatorios de la importancia de una mejor coordinación en la protección de los ecosistemas marinos vulnerables.
Una región única
El Atlántico Sur es una de las regiones con mayor biodiversidad marina del Planeta.
El encuentro de la corriente cálida del Brasil, y la fría de las Malvinas, junto con un fondo similar a una extensa planicie que termina en una abrupta caída, son algunas de las características que hacen que la vida marina abunde en todas sus formas, con una gran variedad de especies ícticas, mamíferos marinos, y aves.
Debido al conflicto de soberanía entre Argentina y el Reino Unido, no han prosperado los intentos de ambos países por regular la pesca en la región y expulsar a los barcos IUU (de pesca Ilegal, No regulada, y No Registrada). Esto ha llevado a que el Reino Unido opte por la alternativa de abrir la zona que controla a cualquier barco que pague por un canon anual, sin ningún requisito de seguridad a la navegación, laboral, ni ambiental, y sin ningún tipo de control sobre la realización de  prácticas pesqueras.
Por parte de la Argentina, es casi imposible un control 100% efectivo de los miles de kilómetros de frontera marítima para evitar el ingreso ilegal de barcos a su ZEE, y sus intentos diplomáticos por resolver la pesca ilegal al borde de su ZEE han sido pobres o inexistentes.
Todo esto es un coctel perfecto para una flota de barcos que aprovecha el descontrol, la ausencia de acuerdos regionales, y la falta de un organismo multilateral que regule y limite la explotación.
Los océanos vacíos
De acuerdo a los más recientes informes de la FAO-ONU, el 90% de los caladeros del mundo se encuentran sobre explotados, al límite de explotación, o colapsados.
Pocas regiones escapan esta realidad. En el caso del Atlántico Sur, a finales de la década de los 90’s, formó parte de la estadística, colapsado por el ingreso descontrolado y masivo de la flota española al Mar Argentino, autorizada por el Gobierno de turno.
En la actualidad sólo queda descifrar si el caladero forma parte de la porción de colapsado, plenamente explotado o sobre explotado, ya que no hay dudas que ocupa la estadística más sombría.
Durante las dos últimas décadas la flota pesquera de altura de China ha buscado nuevos caladeros debido a la notoria escasez pesquera en su mar jurisdiccional, el aumento del consumo interno, y el creciente rechazo de países de Asia y Oceanía a nuevos acuerdos pesqueros con el gigante asiático.
Entre los aproximadamente 500 barcos extranjeros que operan en el Atlántico Sudoccidental, la bandera que más flamea es la de China, con un 45% del total, luego le sigue Taiwán, con un 20%, Corea del Sur, con un 17%, y España con un 13% (algunos con bandera de las Islas Malvinas).
Una de las razones por las que estas ciudades flotantes puedan mantenerse durante años faenando en las aguas del hemisferio es que obtienen el apoyo logístico del Puerto de Montevideo y del Puerto Argentino, en Malvinas, sin lo cual los costos de permanecer en la región se harían poco atractivos, esto sin contar con la mano de obra esclava y la inexistencia de regulaciones ambientales ni de seguridad que disminuyen aún más los costos de operación.
Un puerto chino en Uruguay
China es un gran inversor en Argentina, pero hasta ahora no ha invertido de manera tan notoria en su país vecino Uruguay.
La gran afluencia de los barcos pesqueros y reefers (reaprovisionamiento y almacenamiento en frío) al Puerto de Montevideo, ha motivado a que una empresa china proponga invertir US$200 millones en un puerto pesquero en Uruguay, junto a talleres de reparación de barcos y facilidades para congelar pescado.
De concretarse la construcción del Puerto por parte de la Compañía de Pesca en Uruguay, China obtendría prácticamente una porción de soberanía en el Atlántico Sur, como sucedió con la pastera finlandesa, instalada en el margen oriental del Río Uruguay, la cual cuenta con una Zona Franca, que le permite despachar a los barcos sin intromisión del Estado Uruguayo.
China literalmente pasaría a tener soberanía en el Río de la Plata, una ventaja logística y comercial que se transformaría en un atractivo extra para las flotas pesqueras migratorias.
Impactos ambientales inestimables
La principal especie buscada por la flota IUU es el calamar (Illex argentinus), luego le siguen la merluza de cola o ‘hoki’, la merluza común, la merluza negra (también llamada bacalao de profundidad), la polaca, y el calamarete.
El calamar es una de las principales fuentes de alimento de la merluza (la otra principal especie comercial del Mar Argentino), y también es una importante fuente alimenticia para especies de delfines, ballenas, y aves, como los pingüinos.
El calamar es una especie que en su ciclo de migración (y vida) anual ingresa en la ZEE de Brasil, Uruguay, Argentina, la zona circundante de las Malvinas, y aguas internacionales.
Si bien no abundan los estudios científicos sobre los impactos en el ecosistema, se han documentado fuertes caídas en las poblaciones de pingüinos y elefantes marinos en las Malvinas, en el caso de los primeros de hasta un 80% de las poblaciones históricas. También se ha comprobado que éstas y otras especies se alimentan en las zonas de mayor intensidad pesquera.
Se desconocen los volúmenes exactos de pesca, aunque se estima que solamente de calamar, la flota extranjera captura más de 600 mil toneladas anuales , equivalente a unos US$600 millones, teniendo en cuenta el precio de mercado en 2015, de U$S1000 la tonelada. Poco se sabe del resto de las especies, y no se conoce absolutamente nada de la captura incidental; tampoco existe control sobre el tamaño o edad de los ejemplares capturados, teniendo un fuerte impacto en la capacidad de renovación de las poblaciones.
Además de los impactos de la sobre explotación, captura incidental y descarte, existen otros impactos ambientales severos, como la contaminación del mar: todas las descargas de aceites, combustibles, sustancias tóxicas, y basura se realizan impunemente, sin siquiera conocerse datos de las dimensiones del daño.
Reducción y control
Para evitar el colapso del ecosistema del Atlántico Sur, es necesario comenzar a reducir el esfuerzo pesquero y ejercer un control sobre todos los barcos que operen en la región.
Todos los barcos también deben cumplir con las regulaciones laborales que requiere la Organización Marítima Internacional y contar con observadores a bordo designados multilateralmente por los países de la región. Deben cumplir con todas las medidas de pesca que sean necesarias teniendo en cuenta un principio precautorio, incluyendo prohibición de by-catch y transbordos en alta mar. Las descargas de desechos y residuos en alta mar deben estar prohibidas.
El control en puerto a esta flota debe ser transparente y las capturas pesqueras y/o posibles incidentes tienen que ser de acceso público. Asimismo, ningún barco con prontuario de ilícitos debe ser autorizado a la pesca en la región, ya sea ZEE o en aguas internacionales circundantes. El sistema de identificación satelital de cada embarcación debe ser obligatorio y permanente.
De acuerdo a los análisis de datos satelitales, investigación de embarcaciones y empresas, e incidentes ocurridos en la región, el cumplimiento de estos requisitos dará lugar a una reducción de la flota del total de barcos, a un 20% o menos del total actual. Tan sólo el hecho de tener un prontuario de ilegalidad dejará fuera de operación al 30% de la flota de más de 400 embarcaciones identificadas operando en la zona.
Los Estados de bandera y empresas que quisieran pescar en la región deberán respetar la sostenibilidad y salud del ecosistema, la dignidad de los trabajadores, las economías locales, y la seguridad de la navegación.
La reciente ola de incidentes pesqueros que involucran a barcos de bandera China en los mares de otros Estados debe servir para un replanteo del comportamiento pesquero del país con la mayor flota del mundo.
La ausencia de un cambio en la conducta pesquera llevará a más incidentes, de características aún más serias que las ocurridas en estos días, y con consecuencias aún peores.
El Océano no es infinito, eso se sabe desde hace siglos, las especies que habitan en él tampoco, esto es un hecho conocido por la sociedad, y cada vez sostenido con mayor firmeza por los Estados.




La enorme operación ilegal de barcos pesqueros de China en aguas de América Latina
Daniel García Marco (@danigmarco) BBC Mundo
  • 21 marzo 2016


Image copyright Getty Image caption Los pescadores de América Latina se están viendo afectados por la pesca ilegal.
La sopa de aleta de tiburón apenas tiene sabor ni valor nutritivo, pero en China pagan hasta US$150 por el plato por su valor de estatus.
El desarrollo económico del gigante asiático ha provocado que haya aumentado la demanda de aleta de tiburón y que se busquen éste y otros productos preciados en aguas de América Latina.
Por eso, entre las materias primas que busca China en la región no sólo están el petróleo o los minerales, sino también el pescado, ya sea el calamar gigante o el bacalao en aguas de Argentina, el atún en las de Chile, el tiburón en las de Colombia y Ecuador o la totoaba en las de México.
Hay barcos chinos que faenan de forma legal, pero otros no.
Image copyright Getty Image caption Corea del Sur ha confiscado en varias ocasiones barcos chinos por pesca ilegal.
Y esta semana, un barco guardacostas argentino hundió un pesquero chino que estaba faenando dentro de la zona de exclusión económica del país sudamericano.
Pocas veces se llega al uso de la fuerza, pero las persecuciones y conflictos son comunes. Y aunque no sólo son pesqueros de China los infractores, los del gigante asiático son mayoritarios, según las fuentes consultadas por BBC Mundo.
"El interés por el calamar siempre es de países asiáticos, hay una invasión (de barcos)", afirma a BBC Mundo Guillermo Caille, responsable de la ONG argentina Patagonia Natural y experto en pesca.
Los tripulantes del barco chino hundido esta semana se lanzaron al mar para ser rescatados por otro buque gemelo de la misma compañía china, lo que indica la coordinación con la que actúan.
"Hay una nube de barcos de bandera parecida. Están fuera de la zona de exclusión (a 200 millas de la costa). Uno o dos ingresan. A los tres días, lo hacen otros", cuenta Caille.
Potencia de ultramar


Image copyright Getty Image caption La gran población de China y el crecimiento económico ha disparado la demanda de pescado.
China es el mayor mercado del mundo de pescado y tiene la mayor flota pesquera de ultramar con 2.460 embarcaciones tras haber crecido rápidamente en las últimas décadas, según un estudio de la Universidad Tecnológica de Nanyang, en el centro-este del país.
El tamaño de China y su crecimiento económico son dos de las claves de que América Latina esté en su punto de mira, también en lo que se refiere a la pesca.
"Hay más gente que necesita más recursos y más gente dispuesta a pagar cantidades impresionantes por conseguir peces que, de otra manera, no podrían conseguir", analiza en conversación con BBC Mundo el chileno Maximiliano Bello, directivo de The Pew Charitable Trusts, organización estadounidense sin ánimo de lucro y experto en política oceánica internacional.
China desarrolla la mayor parte de su pesca de ultramar en el oeste de África, donde Greenpeace ha denunciado intensamente la actividad ilegal.
Corea del Sur y Vietnam también realizan frecuentes denuncias contra China.
En América Latina, sin embargo, los activistas critican la falta de acción regional coordinada.
Socio comercial
La región se ha convertido en un gran socio comercial de China.
Image copyright Getty Image caption Los pesqueros chinos buscan tiburones en aguas del Pacífico.
Brasil, Argentina, Venezuela, Perú, Bolivia y Ecuador, entre otros, mantienen estrechos lazos con el gigante asiático, que encuentra en el subcontinente latinoamericano las materias primas que deben satisfacer la creciente demanda de su enorme población.
"El aumento del comercio entre las dos regiones ha facilitado el movimiento de mercancías lícitas e ilícitas", analiza el centro de investigación de crimen organizado Insight Crime, que en 2015 estudió el tráfico de vida silvestre de China en América Latina.
Los conflictos no se limitan al calamar frente a la Patagonia o al bacalao, más al sur.
El mes pasado, China rechazó la queja de México por la pesca y comercio de la totoaba, una especie mexicana en riesgo de extinción que habita en el alto Golfo de California.
El pescado es muy apreciado por la bolsa llena de gas que utiliza ayudar a regular su flotación. Esa bolsa, o vejiga natatoria, es un manjar codiciado en China, donde se seca y se utiliza para hacer en una sopa que se dice que tiene cualidades medicinales
Según México, hay un comercio ilegal de la totoaba que lleva a que el kilógramo de su buche se venda entre US$1.500 y US$20.000 en el mercado asiático.
En 2013, las autoridades mexicanas se incautaron de unos US$2,25 millones en vejigas de totoaba ilegales, según Insight Crime.
Image copyright Getty Image caption Asia es el principal consumidor de aleta de tiburón.
Se estima que alrededor de 900 personas fueron detenidas con cargamento ilegal entre 2014 y 2015, publicó el diario mexicano "La Jornada" citando al gobierno. China niega que en su país se comercie con la totoaba.
El tiburón
En áreas de Ecuador y Colombia, en el Océano Pacífico, el tiburón es la especie más buscada.
En mayo de 2015, las autoridades ecuatorianas informaron sobre la confiscación de casi 100.000 aletas de tiburón ilegales. También ha habido problemas con matanzas de tiburones en el santuario marino de la Isla Malpelo, en el Pacífico colombiano.
La gran mayoría de aletas secas, usadas para la sopa, acaba en Hong Kong, según Maximiliano Bello. Allí pueden alcanzar un precio de US$700 el kilo.
En Perú, el calamar gigante, como en Argentina, es la especie codiciada por las embarcaciones asiáticas.
"Se come mucho en Asia", dice a BBC Mundo Juan Carlos Sueiro, que trabaja en Perú para la organización internacional Oceana, dedicada a la protección de los océanos.


Image copyright Getty Image caption El plato de sopa de aleta de tiburón alcanza en algunos casos los US$150.
Sueiro denuncia la falta de control de las autoridades peruanas en la costa y la "política permisiva".
Cómo combatirlo
Combatir la pesca ilegal no es fácil. La gran distancia hasta la costa y lo costosa que resulta la vigilancia hace que para los infractores merezca el riesgo.
El primer paso es detectarlo. Para ello se usan fotos nocturnas de satélite que muestran las luces de grandes flotas en el borde de las zonas de exclusión económica. "Son ciudades flotantes", asegura Bello sobre las luces que se detectan en medio del oceáno.
"Los rapanuis (indígenas) en la Isla de Pascua (Chile) denunciaron que veían luces en ultramar", cuenta como ejemplo Bello. Las aguas en torno a la isla son codiciadas por los pesqueros que buscan atunes y peces espada.
SkyTruth, una organización estadounidense sin ánimo de lucro que ayuda a ONGs medioambientales a hacer denuncias con ayuda imágenes satelitales, demostró que los pascuenses tenían razón en su preocupación.
"Se veía que había más de 50 embarcaciones que mostraban movimientos de faenas de pesca y trasbordo en naves nodrizas", dice Bello.


Image copyright AFP Image caption Los guardacostas de Argentina detectaron esta semana un barco chino que pescaba ilegalmente en su zona económica.
Tras las denuncias, la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, anunció el año pasado el compromiso de crear una de las áreas marinas protegidas más grandes del planeta.
The Pew Charitable Trusts está trabajando ahora con la Marina británica en el sistema Catapult, que muestra en tiempo real si un barco entra en la zona de exclusión económica o si está a punto de hacerlo, lo que permite advertirle o enviar a las autoridades para lograr las pruebas del presunto delito.
Oceana también está trabajando con Google y SkyTruth en un proyecto similar de posición satelital llamado Global Fishing Watch.
Por su parte, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) ha aprobado una serie de medidas para que los países impidan atracar en sus puertos a esos barcos. De este modo, se desperdiciaría la captura y se desincentivaría la pesca ilegal.
Se buscan por lo tanto avances para frenar la pesca ilegal, un problema creciente en América Latina, punto de mira de China por su creciente demanda de recursos naturales.



Image caption El barco chino hundido esta semana por Argentina estaba pescando dentro de la zona de exclusión económica del país sudamericano.

 

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