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miércoles, 22 de junio de 2016

LOPECITO



El poder no corrompe.
Lo que corrompe es el miedo…
quizás el miedo a perder el poder.
Séneca

El poder no corrompe a los hombres.
Pero los imbéciles,
si llegan a una posición de poder,
corrompen al poder.
George Bernard Shaw


"López" no es un apellido infrecuente. Todo lo contrario, es un noble apellido de herencia hispánica cuyo lustre adorna a muchos grandes próceres de la Historia Argentina. Desde Vicente López y Planes que supiera escribir la letra del Himno Nacional, pasando por el caudillo federal santafesino Estanislao López hasta llegar a ese otro Lopecito que se tuvo que convencer de que, para darle brillo a su apodo de "El Brujo" y escribir un libro sobre "Astrología Esotérica" [1], tenía que aprender el alfabeto. La tragedia de este López fue que, cuando llegó a aprender la "A", se entusiasmó tanto que desde ese momento la escribió tres veces seguidas cada vez que la necesitaba.

Pues ahora, desde la madrugada del 14 de junio, a la lista de los López famosos se ha agregado otro más: José López, ex-secretario nacional de Obras Públicas y segundo del ex-ministro de la misma cartera, Julio De Vido. El increíble sainete de su detención es el comentario obligado de todo el mundo en la Argentina actual de modo que no pretendo traer aquí ninguna noticia que mis amigos argentinos no conozcan ya. Sin embargo, como sé que este blog es bastante leído también fuera de la Argentina (y, si no es así, la mentira es de las estadísticas de Google y no una petulancia mía) de alguna manera me siento obligado a comentar el hecho lo más objetivamente posible, no sea que el periodismo de otros lares distorsione las cosas y ponga en riesgo el buen nombre y honor de este hermoso país, único en el mundo por toda una serie de cosas. Porque corrupción hay en todas partes. Ahora corrupción, pero lo que se dice corrupción en serio y al mismo tiempo tan ridícula como la que se da en la Argentina… Sáquenselo de la cabeza; de ésa no hay en ningún otro lado.

Y vamos a los hechos.

Algo antes de la una de la mañana del 14 de junio de 2016 suena el teléfono en la casa de José López. Un amigo de ésos que siempre le quedan a un ex-secretario ministerial le avisa a Lopecito que, en el marco del montón de allanamientos que se están llevando a cabo últimamente por el caso de Lázaro Baez y otros, ahora le va a tocar a él. De modo que le aconseja sacar todo material comprometedor que tenga en su poder y sumergirlo en algún lugar seguro hasta que las cosas se calmen.

Para cuando Lopecito corta la comunicación una sospechosa mancha marrón afea su pantalón en la parte de atrás. Lopecito está desesperado. Muy desesperado. ¡Otra que "material comprometedor"! Él tiene, entre una cosa y otra, algo así como nueve millones de "materiales comprometedores". Si la justicia le llega a encontrar eso, solo le va a quedar la posibilidad de cantarle el tango "A la luz del Candil" [2] al sargento de policía interviniente.

La cuestión es que Lopecito carga a toda velocidad un par de bolsos con cosas comprometedoras, las mete en su auto y sale rajando, fierro a fondo, hacia la Capital, hacia su casa en La Recoleta. Carga allí el resto del "material comprometedor" y sale como alma que lleva el diablo hacia la localidad de General Rodríguez. Llega allí a eso de las tres de la mañana y se estaciona frente a un monasterio que conoce muy bien de antes, de cuando se reunían allí con De Vido, Scioli y varios otros personajes.

No obstante Lopecito se encuentra con un problema. Toca timbre, pero, claro, nadie le contesta. Las monjitas Misioneras Orantes y Penitentes de Nuestra Señora del Rosario de Fátima son muy viejitas – la madre superiora tiene 94 años – y atender fieles histéricos a las tres de la madrugada no está precisamente en su rutina cotidiana. Lopecito, que ya venía aterrorizado, entra en pánico. Tiene el auto cargado con bolsones de "material comprometedor" estacionado en la calle. Tiene que deshacerse de eso, y rápido. Como la pavura no lo deja pensar ni siquiera con el corto alcance de sus más bien escasas neuronas, hace lo primero que le dicta el julepe: toma las bolsas del auto y las revolea por sobre la cerca hacia el interior del monasterio.

Pero esa madrugada la mala suerte se empeña en perseguir a nuestro Lopecito. Enfrente del monasterio vive Jesús Ojeda que a esa hora está despierto. ¿Insomnio? ¿Acaba de cargar su camioneta con los pollos que vende? ¿A las tres de la mañana? ¡Quién sabe! Sea como fuere, la cuestión es que Jesús lo que ve es a un tipo con el auto estacionado delante del monasterio que revolea bolsos hacia el interior del predio de las monjitas.  Peor todavía, después del revoleo de bolsos el tipo mismo salta la cerca y se mete dentro del monasterio. ¿Qué hace Jesús? Pues llama al 911.

Y se produce el primer milagro. Normalmente la policía bonaerense tarda entre 10 minutos y media hora en responder a un 911. Pero esa vez no. Parece ser que, cuando es Jesús el que llama, hasta la bonaerense se pone las pilas. El primer patrullero llega a los tres minutos. El segundo apenas un poco más tarde. En muy poco tiempo el lugar está saturado de policías. También los policías tocan timbre. Y ustedes no lo van a creer pero la crónica dice que el que les abre es… ¡José López en persona!

Rodeado de policías, a Lopecito le saltan todos los fusibles. Si antes estaba con pánico viniendo de estar desesperado, ahora el pánico lo lleva al borde de la demencia. A las monjitas que con tanto batifondo ya se han despertado les grita: "Me van a robar. Porque yo robé dinero para venir a ayudar acá" [3] Después, viendo que ese truco no impresiona a nadie, le ofrece dinero a los mismos policías que supuestamente querían robarle su "donación".
El "material comprometedor" de Lopecito

Y ahí es que se produce el segundo milagro: Lopecito se ha topado con los únicos miembros de la bonaerense que no aceptan coimas. Ni siquiera contribuciones a la cooperadora policial. Nada. Impertérrita, la bonaerense se pone a revisar el "material comprometedor". Y se encuentra con 8.982.047 dólares más 153.610 euros, más 49.800 pesos, 425 yuanes, 2 riyales de Qatar, seis relojes de lujo, una carabina .22 Sig Saguer y teléfonos. ¿Qué tal?  [4]

José López, ex-secretario de Estado de la Nación Argentina, va preso. Más tarde le pondrán un casco y un chaleco antibalas con lo que parecerá un ratón no solo asustado sino, encima, ridículo. Lo representará una abogada famosa por poseer los gluteus maximus mejor formados y más publicitados de todo los Colegios Públicos de Abogados de veinte provincias a la redonda. José López se negará a declarar y se golpeará la cabeza contra la pared, no se sabe si arrepentido de todas las macanas que se mandó o presa de un síndrome de abstinencia de padre y señor mío por no haber recibido la dosis de cocaína que consume normalmente y que pidió pero no le dieron.

A esta altura de los acontecimientos, todo el sainete ya ha adquirido ribetes bíblicos. Incluye los dos milagros arriba detallados, un hombre llamado José cuya mujer se llama María [5] y un Jesús que tiene comunicación telefónica casi directa con la Autoridad. Por otro lado hay un Lázaro encerrado en una celda bastante parecida a una cripta y no me lo pregunten, pero por mi parte estoy convencido de que el que llamó a Lopecito por teléfono avisándole que lo iban a allanar fue un Judas.
Lopecito con casco y chaleco antibalas
*************

¿Es para reír? ¿Es para llorar? La verdad, no lo sé. Tomarlo medio en solfa es lo primero que me sale, pero soy consciente de que no se trata de una comedia. En el mejor de los casos podríamos hablar de tragicomedia, y hasta eso sería probablemente demasiado generoso.

¿Por qué un hecho tan grotescamente disparatado como éste ha sido posible en la Argentina? No seamos hipócritas y mirémonos al espejo. Cuando un policía nos para en la ruta o en la calle ¿qué manoteamos primero? ¿La billetera o el registro de conductor? ¿O primero el registro de conductor y después la billetera para "ver cómo arreglamos esto"? Tenga, o no, razón el policía. Porque estamos apurados y no queremos perder tiempo; hayamos, o no, cometido una infracción.  Porque todos sabemos que el policía no está allí para hacer respetar las reglas de tránsito sino para ver si puede arañar algunos pesos de los conductores que controla. Esto será apenas un pequeño ejemplo, casi una nimiedad, comparado con la corrupción a lo grande practicada desde el Estado como herramienta de recaudación política. Pero sirve como ejemplo y alegoría. Porque mientras por ambas partes, tanto policías como civiles no nos saquemos de encima este comportamiento, poca esperanza hay de que algo realmente cambiará en materia de moral pública en la República Argentina.

Y tiene razón la ex-presidente Cristina cuando lanza su tiro por elevación diciendo que ella no le dio el dinero a José López. Es absolutamente cierto. Como que fue al revés: fue José López el que le dio el grueso del dinero a ella. Los cerca de 9 millones de dólares que volaron por sobre la cerca del monasterio de General Rodríguez son apenas el vuelto que le quedó a Lopecito después de contribuir a "la caja" con una suma muchísimo mayor.

Porque la corrupción requiere de uno que exige y otro que transige.

¿Se acuerdan de lo que les comentaba hacia Noviembre del año pasado en cuanto a que, ganara quien ganase las elecciones, difícilmente cambiaría algo realmente fundamental en este hermoso país?
Pues, visto en profundidad creo que la moral pública no ha cambiado demasiado a pesar de todas las declaraciones en contrario. Antes estuvieron los que exigían las coimas; ahora están los que transigieron y las pagaron.

Hay diferencia. Pero no es mucha.

Y no habrá mucha diferencia mientras haga falta que Jesús llame al 911 para que una rata arrastrada como Lopecito termine en cana.

Porque Jesús llamó a la policía y a Lopecito lo metieron preso; pero ¿quién va a llamar a los jueces para que no solo Lopecito quede preso sino que vayan a hacerle compañía los que durante prácticamente un cuarto de siglo lo ahijaron y lo protegieron?

Necesitamos un tercer milagro.

Jesús se ocupó de los policías.

Ahora recemos para que Alguien de más arriba se ocupe de los jueces.

NOTAS
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1)- José Lopez Rega, "Astrología Esotérica (Secretos Develados)", Ed. Rosa de Libres, Buenos Aires, 1962.
2)- Arrésteme, sargento, y póngame cadenas
Si soy un delincuente, que me perdone Dios.

"A la luz del candil" , Letra: Julio Plácido Navarrine - Música: Carlos V.G. Flores
3)- Cf. http://www.lanacion.com.ar/1908864-la-detencion-de-lopez-supera-la-ficcion-siete-datos-cinematograficos-sobre-un-escandalo-millonario
4)- http://www.lanacion.com.ar/1909141-paso-a-paso-detencion-jose-lopez
5)- María Amalia Díaz. Hace más de 25 años que está casada con José López. http://www.perfil.com/politica/La-mujer-de-Lopez-una-socia-que-se-llamo-a-silencio-20160617-0076.html

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