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lunes, 18 de noviembre de 2013

Antártida el nuevo continente



Últimos decubrimientos de esta prometedora tierra, indicadores de una transformación de corto plazo.

El Hielo perdido en la Antártida no es por el calentamiento global sino por el calor de un volcán bajo el hielo

Cito los aspectos más importantes de la noticia que a más de uno a dejado a cuadros, sobre todo a los investigadores y a los defensores y los alarmistas del cambio climático.

Además nótese que la noticia omite casi en su totalidad que el volcán está activo: "volcan humeante". Sencillamente un volcán humeante es un volcán activo, no tiene más vuelta de hoja, pero la noticia con fuente de europa press, solo hace una única mención escueta al aspecto más importante de la noticia, luego la manipula y desvia la atención hacia las opiniones de los científicos que se han dado de bruces con este hallazgo incómodo. 

Descubren un volcán a un kilómetro bajo el hielo de la Antártida Occidental. Su calor puede aumentar la tasa de pérdida de hielo de una de las principales corrientes de hielo del continente.

Investigadores informan en la edición digital de este domingo de la revista 'Nature Geosciene' del descubrimiento de un nuevo volcán humeante a un kilómetro bajo el hielo de la Antártida Occidental, al que todavía no han dado nombre.

Los científicos, que no estaban trabajando para descubrirlo, sino que estudiaban otras cuestiones cuando lo hallaron, hablan de la posibilidad de que su calor aumente la tasa de pérdida de hielo de una de las principales corrientes de hielo del continente.

"En estos mapas, se puede ver que hay elevación de la topografía del manto en la misma ubicación donde se producen los eventos sísmicos", dice Lough, quien añade que las imágenes de radar también revelan una capa de ceniza enterrada bajo el hielo.

Una erupción subglacial y el flujo de calor del que va acompañada fundirán una gran cantidad de hielo."El volcán creará millones de galones de agua bajo el hielo", dice Wiens. Este agua se precipitará bajo el hielo hacia el mar y alimentará la cuenca hidrológica de la corriente de hielo MacAyeal, una de las varias corrientes principales que drenan hielo de la Tierra de Marie Byrd en la plataforma de hielo de Ross.

Por la lubricación de la roca madre, permitirá acelerar el flujo del hielo suprayacente, tal vez aumentado la tasa de pérdida de masa de hielo en la Antártida Occidental. "No esperábamos encontrar nada como esto", reconoce Wiens.

Autor: Skiper


Descubren un volcán a un kilómetro bajo el hielo de la Antártida Occidental
Lo encontraron por sorpresa
Su calor puede aumentar la tasa de pérdida de hielo
17.11.13 | 19:11h. Informativos Telecinco | MADRID
Investigadores informan en la edición digital de este domingo de la revista 'Nature Geosciene' del descubrimiento de un nuevo volcán humeante a un kilómetro bajo el hielo de la Antártida Occidental, al que todavía no han dado nombre. Los científicos, que no estaban trabajando para descubrirlo, sino que estudiaban otras cuestiones cuando lo hallaron, hablan de la posibilidad de que su calor aumente la tasa de pérdida de hielo de una de las principales corrientes de hielo del continente.
En enero de 2010 un equipo de expertos diseñó dos líneas de investigación con distintos sismógrafos en la Tierra de Marie Byrd, en la Antártida Occidental, siendo la primera vez que los expertos desplegaban diversos instrumentos en el interior del continente para poder operar durante todo el año, incluso en las partes más frías de la Antártida.
El sismógrafo matriz usó perturbaciones creadas por terremotos distantes para obtener imágenes de hielo y roca en lo profundo de la Antártida Occidental. El objetivo, según explica Doug Wiens, profesor de Ciencias Terrestres y Planetarias en la Universidad de Washington en St. Louis, Estados Unidos, y uno de los investigadores principales del proyecto, era esencialmente medir la capa de hielo para ayudar a reconstruir la historia climática de la Antártida.
Para hacer esto con precisión, los científicos tenían que saber cómo respondería el manto terrestre a una carga de hielo y dependía de si estaba caliente o frío y líquido o viscoso, por lo que analizaron los datos sísmicos para comprobar las propiedades del manto. Así, el software automatizado de detección de eventos se puso a trabajar para identificar los datos de cualquier suceso inusual.
Cuando la máquina se encontró con dos ráfagas de eventos sísmicos entre enero de 2010 y marzo de 2011, la estudiante de doctorado Amanda Lough, miró detalladamente para ver qué estaba sacudiendo. Cuanto más observaron, los investigadores se mostraron más convencidos de que se trataba de un nuevo volcán que se estaba formando a un kilómetro bajo el hielo.
Los eventos sísmicos detectados eran débiles y de muy baja frecuencia, lo que sugiere que no eran de origen tectónico, puesto que los temblores sísmicos de origen tectónico de baja magnitud tienen frecuencias de 10 a 20 ciclos por segundo y este temblor era de 2 a 4 ciclos por segundo.
Para investigar más a fondo, Lough utilizó un modelo informático mundial de velocidades sísmicas, que mostró que casi la totalidad de los hechos habían ocurrido a una profundidad de entre 25 a 40 kilómetros, extraordinariamente bastante profundo para estar cerca del límite entre la corteza terrestre y el manto, llamado Moho, lo que posiblemente descarta un origen glacial y pone en duda uno tectónico.
"Un evento tectónico podría tener un hipocentro en entre 10 a 15 kilómetros de profundidad, pero a los entre 25 y 40 kilómetros, es demasiada profundidad", considera Lough. Un colega sugirió que por la forma de las ondas de las sacudidas parecían terremotos 'Deep Long Period' o DPLs, que se producen en las zonas volcánicas y tienen las mismas características de frecuencia y son igual de profundos.
CENIZA ENCERRADA EN EL HIELO
Los sismólogos contactaron con Duncan Young y Don Blankenship, de la Universidad de Texas, en Estados Unidos, que vuelan aerotransportando un radar sobre la Antártida para obtener mapas topográficos de la roca madre. "En estos mapas, se puede ver que hay elevación de la topografía del manto en la misma ubicación donde se producen los eventos sísmicos", dice Lough, quien añade que las imágenes de radar también revelan una capa de ceniza enterrada bajo el hielo.
Su mejor conjetura fue que provenía de Monte Waesche, un volcán existente cerca del Monte Sidley, pero los científicos no saben cuándo estuvo activo y la capa de ceniza establece la edad de la erupción en hace 8.000 años. "La mayoría de las montañas en la Antártida no son de origen volcánico, pero la mayor parte de esta zona lo son", señala Wiens, añadiendo que es probable que haya un punto caliente en el manto que produce magma muy por debajo de la superficie.
"No hay una seguridad total de qué causa DPL -subraya Lough-. Creo que varía según el complejo volcánico, pero la mayoría de la gente piensa que es el movimiento de magma y otros fluidos lo que conduce a las vibraciones inducidas por la presión en las grietas dentro de los sistemas volcánicos e hidrotermales".
Según Lough, como el radar muestra una montaña bajo el hielo, es posible que haya habido una erupción en el pasado. Los investigadores calculan que se necesitaría una gran erupción, una que libere un millar de veces más energía que una erupción típica, para romper el hielo sobre el volcán. Una erupción subglacial y el flujo de calor del que va acompañada fundirán una gran cantidad de hielo.
"El volcán creará millones de galones de agua bajo el hielo", dice Wiens. Este agua se precipitará bajo el hielo hacia el mar y alimentará la cuenca hidrológica de la corriente de hielo MacAyeal, una de las varias corrientes principales que drenan hielo de la Tierra de Marie Byrd en la plataforma de hielo de Ross.
Por la lubricación de la roca madre, permitirá acelerar el flujo del hielo suprayacente, tal vez aumentado la tasa de pérdida de masa de hielo en la Antártida Occidental. "No esperábamos encontrar nada como esto", reconoce Wiens.

Registran sismo de magnitud 6,8 en Océano Atlántico Sur
Fuerte sismo de magnitud 6,8 registrado en Océano Atlántico Sur. (Foto: Archivo)
Hay pocas probabilidades de que el terremoto, que sucedió a las 03H34 GMT del sábado, provoque daños o heridos debido a su aislada localización, aseguró el Instituto Geofísico de Estados Unidos.
El Instituto Geofísico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) informó la noche del viernes que un fuerte sismo de magnitud 6,8 fue registrado en una remota zona del Mar de Scotia, situado entre el extremo de Sudamérica y la Antártida.
Hay pocas probabilidades de que el terremoto, que sucedió a las 03H34 GMT del sábado, provoque daños o heridos debido a su aislada localización, aseguró el USGS.


Capturan en la Antártida a dos neutrinos llegados del espacio exterior
Las dos partículas subatómicas que fueron atrapadas por el complejo IceCube, una estructura científica enterrada a dos kilómetros de profundidad en el hielo polar, tienen una carga energética nunca vista
+ Daniel Mediavilla/esmateria.com - 18.11.2013
Este año, en una gigantesca trampa horadada en el hielo en la Antártida, quedaron atrapados Epi y Blas, los dos neutrinos más energéticos conocidos hasta la fecha.
Después de muchos meses de investigación, aún no se sabe con seguridad de dónde proceden, pero se sospecha que estos dos espías cósmicos han viajado largas distancias desde las inmediaciones de algún monstruo del universo como los agujeros negros o las supernovas.
Este origen exótico viene escrito en su nivel de energía. Normalmente, los neutrinos que llegan a la superficie terrestre, se producen unos pocos kilómetros más arriba, fruto del choque de los rayos gamma que llegan desde el espacio.
Esos neutrinos tienen energías de entre uno y 10 TeV (teraelectronvoltio), 100 como mucho. Epi y Blas, sin embargo, llegaban a los 1.000, algo que indica que son fruto de algún fenómeno mucho más poderoso.
El interés de los neutrinos como mensajeros del espacio profundo es su sigilo. Su falta de carga eléctrica hace que no se vean afectados por la fuerza electromagnética, convirtiéndolas así en unas partículas poco sociables.
Además, en los niveles de energía en que se mueven, la gravedad tampoco les afecta con lo que pueden viajar millones de kilómetros atravesando estrellas, planetas o el propio vacío interestelar sin inmutarse.
Esto los diferencia de otros correos del espacio como los rayos cósmicos. Estas partículas son las más energéticas que se conocen. No se sabe qué tipo de objetos pueden acelerarlas hasta las velocidades a las que impactan contra la atmósfera y como están cargadas, se ven afectadas por los campos magnéticos de nuestro planeta y no es fácil determinar su origen.
“Cualquier acelerador (un agujero negro o una supernova) que produce hadrones de alta energía producirá, casi con total seguridad, neutrinos ultraenergéticos como derivado”, explica Jakob van Santen, uno de los investigadores que trabajan con los datos del IceCube construido a unos dos kilómetros de profundidad bajo el hielo antártico.
Como los neutrinos son unas partículas asociales, no se dejan absorber o desviar por otros objetos y “pueden servir para conocer el origen de los rayos cósmicos y averiguar qué tipo de fuentes los producen”, afirma el investigador de la Universidad de Wisconsin.
Los neutrinos son mensajeros que pueden resultar muy útiles, pero como se ha comentado, son extremadamente escurridizos. Para capturarlos se construyó IceCube, el descomunal detector de neutrinos compuesto por 5.000 dispositivos ópticos enterrados en hileras como si fuesen collares de perlas en 86 agujeros perforados con agua caliente.
Allí, a profundidades que van del kilómetro y medio a los dos kilómetros y medio, se insertaron aquellas ristras de detectores para que después el hielo las volviese a cubrir creando una trampa en la que es posible capturar a los neutrinos. Esto sucede cuando, muy de vez en cuando, un neutrino impacta contra un átomo de hielo y produce un destello que queda registrado en los detectores ópticos.
Bautizo errado
Epi y Blas (en realidad Bert y Ernie, las versiones anglosajonas de los personajes de Plaza Sésamo) quedaron retratados en esta maraña de dispositivos enterrados en el hielo. El nombre se le ocurrió a Van Santen, que no quería asignar el habitual número a dos partículas tan especiales. Una de ellas recibió el nombre de Epi (Bert), porque aterrizó en una dirección más horizontal.
Blas (Ernie), el personaje de la cara alargada, llegó en una trayectoria más vertical y era ligeramente más grande. Lo curioso del asunto es que Van Sant, acostumbrado a trabajar en un campo que requiere una gran precisión, se confundió en el bautizo y asignó el nombre del teleñeco de cara alargada al neutrino más horizontal y viceversa. Para entonces, según explica el investigador, era demasiado tarde: “El nombre había calado”.
Ahora, los investigadores que trabajan en IceCube tratarán de asegurarse de que Epi y Blas y otros neutrinos ultraenergéticos que están cayendo en sus redes proceden de fuentes astronómicas.
Después, poco a poco, tratarán de resolver el misterio de su origen concreto. Los neutrinos, esos fantasmas a los que parece que todo lo que sucede en el universo les resbala, pueden empezar a revelar algunos de los misterios más intrincados sobre los grandes monstruos del cosmos.
 

 

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