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miércoles, 20 de abril de 2016

És o no és Peronismo?



PERONISMO O KIRCHNERISMO, ESA ES LA CUESTIÓN
Posted on April 20, 2016

Días pasados, el dirigente político Fernando “Chino” Navarro declaró que la fuerza política que él integra “está obligada a construir unidad” entre el peronismo y el kirchnerismo, porque “el peronismo sin el conjunto del kirchnerismo no va a volver a ser mayoría, y que el kirchnerismo sin el peronismo no construirá tampoco mayoría”.

Evidentemente, el señor Navarro sabe que el peronismo y el kirchnerismo son dos realidades absolutamente distintas, que deberían unirse para “volver a ser mayoría” y así ganar elecciones. Pero con esto confunde lo táctico –lo electoral- con lo estratégico –el proyecto revolucionario que transforma a una sociedad. En esa confusión, pretende unir dos realidades que se han mostrado distintas y antagónicas, más allá de la “unidad” forjada en estos últimos 12 años a golpes de látigo y chequera por un lado, y sumisión rastrera por parte de cierta dirigencia política, que convirtió al peronismo en una franquicia para hacer negocios millonarios.

Perón y Evita liberaron al país de las garras de la dominación económica, financiera y política llevada a cabo por Gran Bretaña durante más de un siglo; consolidaron la industrialización nacional; forjaron la unidad del movimiento obrero; dignificaron a los trabajadores; promovieron la movilidad social ascendente; rescataron la deuda externa; se mantuvieron fuera de las garras del poder financiero internacional e hicieron del arte de la conducción política un acto de servicio sagrado, a favor de la Nación y del pueblo argentino, hasta el último minuto de sus vidas. No se hicieron millonarios trabajando en la función pública, sino todo lo contrario.
En forma totalmente inversa, en sus 12 años de gestión el kirchnerismo gobernó apoyándose en las leyes económico-financieras del Proceso de 1976, concentró y extranjerizó la economía como en los peores momentos de nuestra historia (como lo ha reconocido en estos días su “vocero” Página12), avaló y duplicó la fraudulenta deuda pública externa, utilizando las reservas del Banco Central, afianzó el esquema agro-exportador dependiente de insumos industriales extranjeros, hizo del subsidio y clientelismo una política de Estado, incrementó la existencia de asentamientos urbanos, etc. Y sus dos máximos dirigentes hicieron de la función pública la fuente de su descomunal e inexplicable enriquecimiento personal. Pretendieron ser los jefes máximos de un movimiento superador del peronismo, promoviendo dirigentes extraños al movimiento nacional o decididamente antiperonistas (Amado Boudou, Martín Sabatella, Carlos Zanini, Carlos Heller, Diana Conti, Axel Kicillof, etc.), para terminar siendo los gestores de una derrota electoral sin atenuantes frente a una fuerza política local de reciente formación, mientras que Perón se cansó de ganar elecciones, incluso desde el exilio.
Al poner en paralelo un discurso de Perón y otro del matrimonio santacruceño, se percibe muy bien la diferencia entre la doctrina de vida predicada por un conductor político que sigue enseñando desde la eternidad y la vanidosa actitud auto-referencial vacía de contenido de quienes se creyeron los gestores de una revolución que sólo existió en su imaginación.
Señor Navarro: el peronismo no es un movimiento conservador que encajona la doctrina en formas rígidas, ni tampoco es un movimiento progresista que habla hasta vaciar la doctrina de contenido. Es ortodoxamente humanista y cristiano.


“Esto no es peronismo, estúpido”

Posted on October 15, 2015

Llama poderosamente la atención que en nombre del progresismo se pretenda descalificar al peronismo en forma absoluta, como supuesta “encarnación” de todos los males que aquejan a la vida política nacional. Una de las últimas expresiones condenatorias es el libro publicado por Fernando Iglesias, Es el peronismo, estúpido. Cuándo, cómo y por qué se jodió la Argentina. Aunque pretende ser una mirada progresista crítica con visión de futuro, este tipo de expresiones resulta ser en esencia una concepción política que coincide en forma absoluta con la política antiperonista liberal de la Revolución Libertadora, es decir, el “izquierdista liberal” Fernando Iglesias coincide en forma absoluta con Isaac Rojas, Pedro Aramburu, Videla Balaguer, etc. Peor aún, en el fondo este libro resulta ser la versión siglo XXI del “pensamiento” antiperonista del famoso ex embajador estadounidense Spruille Braden y de su engendro político, la Unión Democrática. En el fondo, con este tipo de visión y expresión, Fernando Iglesias termina justificando los golpes pro-británicos e imperialistas de 1955 y 1976.
 
Fernando Iglesias
David Rockefeller

Como nadie del campo “nacional y popular”, oficialista u opositor, ha salido a responder a esta paradigmática expresión de barbarie ilustrada que representa el filoso polemista, desde estas humildes líneas queremos responder a las injuriosas expresiones del autor de este libelo, frutos de la ignorancia y del resentimiento político, típico del pensamiento formado en autores e ideas extrañas a nuestra realidad nacional. Reconoce que le resulta imposible definir al peronismo (“es imposible identificar en él cualquier tipo de esencia”), pero pretende reconocerle “algunas características que lo hace único e inconfundible”, para lo cual recurre a conceptos extraños y ajenos a lo que pretende definir –populismo, autoritarismo, fascismo, etc.-, surgidos en otros ámbitos y realidades políticos. Por ejemplo, ¿ignora este intelectual progresista que populismo es un concepto “creado” por intelectuales marxistas rusos y por intelectuales yanquis para identificar respectivamente a la organización de campesinos y de granjeros, contraria a la organización gremial proletaria urbana? ¿También ignora que el fascismo fue una experiencia típicamente italiana, basada en la tradición republicana romana y en la recuperación de su grandeza imperial? Como desconoce la historia argentina, y en especial la situación en vísperas de la aparición del peronismo, el señor Iglesias sostiene infundadamente que “para el general Perón el modelo a seguir era el del fascismo italiano”. Evidentemente, este señor desconoce que el fascismo se fundamentaba en la tradición milenaria de la Roma italiana y tenía como meta forjar la grandeza del Estado y la expansión imperial, mientras que el peronismo tiene como sustento doctrinal ideológico la tradición filosófica humanista, cristiana y popular de la Argentina, y que su meta era y es forjar la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación, concibiendo al Estado como el instrumento que permite hacer posibles esos objetivos. Para el fascismo, el individuo sólo alcanza su plenitud como miembro del Estado; para el peronismo, el individuo sólo alcanza su plenitud como pueblo libre, organizado, mientras que el Estado debe proteger esa libertad del pueblo organizado.
Spruille Braden



La Argentina pre-peronista. El señor Iglesias hace gala de una ignorancia histórica suprema, ya que desconoce totalmente la realidad económica, social, política y cultural que padecía la comunidad argentina antes del surgimiento del peronismo. Según su interpretación, la Argentina era un país serio que el peronismo vino a degradar. Bien podría el señor Iglesias informarse con autores como Norberto Galasso, Raúl Scalabrini Ortiz, Fermín Chávez, Jorge Abelardo Ramos, José María Rosa. Ignora que hasta 1943 la Argentina cumplía el rol de “granero del mundo”, para alimentar a la economía británica; que las inversiones dependían de capitales ingleses y se enfocaban en las áreas de transporte, servicios y finanzas; que los gobernantes se elegían fundamentalmente en la Cámara de Comercio argentino-británica, y por lo general eran abogados vinculados a empresas británicas radicadas en el país; que en 1933 la Argentina había firmado un infame Tratado con Gran Bretaña (Roca-Runciman), en la que el país se aseguraba el mercado inglés para la exportación de carnes, pero concedía la creación del Banco Central dominado por la banca inglesa (1935) y la concesión del transporte público en la ciudad de Buenos Aires. Ignora que la política era dominada por la oligarquía agro-ganadera liberal y asociada al imperialismo inglés, bajo el régimen de una democracia restrictiva, sustentada en el llamado “fraude patriótico”. Ignora lo que reconocen los mismos historiadores antiperonistas: que desde 1852 y hasta 1943 dominó y manejó la Argentina una alianza entretejida entre el sector ganadero bonaerense, la burguesía mercantil porteña y las finanzas inglesas (H. S. Ferns, La Argentina, Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1972).

Ignora el señor Iglesias que hacia 1937 el 95% de las personas que trabajaba en el campo no era propietaria; que gran parte de las ganancias obtenidas por los dueños de las tierras no eran reinvertidas en la producción, sino que se despilfarraba en gastos suntuarios; mientras el intermediario (por ejemplo, Bunge y Born) acopiaba granos y los exportaba, fijaba el precio final de la producción, según los valores internacionales, además de ser dueño de gran parte de toda la cadena de comercialización (almacenes, empresas de ultramar, transporte ferroviario, etc.). Desconoce que el proceso económico agropecuario se motorizaba en gran parte con empréstitos externos.

En síntesis: FI desconoce que antes del peronismo el país, en materia económica, padecía una fuerte presencia del capital extranjero (mayoritariamente inglés), estaba exteriormente endeudado, necesitaba contar siempre con superávit en la balanza comercial para poder girar fondos al exterior, carecía de políticas comerciales, y los pagos y giros al exterior excedían en un 30% a lo obtenido por las exportaciones. Además, carecía de una política social adecuada que estableciera una justa distribución del ingreso, y los saldos de la balanza comercial se obtenían sobre la baja del consumo de la clase obrera, la cual sufría en mayor medida el ajuste económico.

Algunas realizaciones históricas del peronismo. El señor Iglesias desconoce que la obra revolucionaria del peronismo le quitó al poder financiero internacional, fundamentalmente británico y angloamericano, el control y manejo de los recursos económicos del país, ya que nacionalizó el Banco Central y los depósitos bancarios, rescató la deuda pública externa, nacionalizó los ferrocarriles, los sistemas de telecomunicaciones, la industria del gas, gran parte de la producción de energía eléctrica, la actividad aseguradora, e instituyó el control estatal del comercio exportador de cereales y carnes (eliminando el oligopolio del comercio exterior en manos privadas extranjeras). Además, fundó empresas estatales de aeronavegación, de navegación de ultramar y de cabotaje, estableció una industria aeronáutica propiedad del Estado, etc. (H. S. Ferns, La Argentina, Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1972). Desconoce e ignora también que en 1947 Perón repatrió la totalidad de la deuda externa que tenía el país, y que mantuvo a la Argentina país fuera de las garras del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, sin contraer deuda externa en lo más mínimo.

En concreto, el autor de este texto panfletario nada dice sobre el rediseñó del Estado y la planificación gubernamental a través de la elaboración de Planes Quinquenales. No está enterado que el rescate de la deuda externa y la nacionalización de empresas públicas benefició a la economía nacional, porque disminuyó el giro de remesas al exterior (del 30% de las exportaciones al 5% de las mismas), y que el gobierno ejecutó políticas económicas y sociales sin depender de las finanzas foráneas (método de los gobiernos anteriores). Tampoco dice nada sobre la impronta industrial del gobierno peronista, en cuanto aprobó el Plan Siderúrgico Nacional, creó la Dirección de Industrias, el Banco de Crédito Industrial, la empresa Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado, la planta siderúrgica de San Nicolás y los Altos Hornos de Zapla. Nada dice sobre los inicios de la investigación de la energía nuclear a través de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Y que en 1943 había 65.803 establecimientos fabriles, que en 1948 habían aumentado a 104.000 y en 1955 la cifra se había elevado a 181.773 establecimientos.

Evidentemente, no sabe el señor Iglesias que la industrialización de signo nacional ofrecía la posibilidad de romper el ciclo agroexportador que para subsistir dependía de los precios internacionales y del financiamiento externo. Desconoce en forma absoluta la importante función que cumplió el Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI), que interactuaba entre los productores nacionales y los compradores extranjeros, en particular en las exportaciones de cereales, carnes y cueros, neutralizando el poder concentrador dominante de las empresas multinacionales en perjuicio de los productores; que defendían la eventual caída de precios internacionales de nuestros productos en la época de la pos-guerra; que abarataba los precios importados, al concentrar el poder de compra en una sola mano; que cuando los precios internacionales bajaban subsidiaban al productor por encima de ese precio. Tampoco parece estar enterado que este organismo otorgaba fondos a las reparticiones públicas para compra de bienes de capital; que intervino en la compra de los ferrocarriles y de buques para la marina mercante; que financió a varias provincias para la compra de camiones, tractores y para la realización de obras viales; que encargó a astilleros holandeses e ingleses la fabricación de buques de pasajeros y de carga refrigerada.

Respecto a la situación social, entre otras cosas ignora el señor Iglesias que el salario real industrial aumentó un 60% desde 1943 a 1955; un 400% la fabricación de heladeras; un 163% la compra de aparatos de radio; un 269% el turismo a Mar del Plata; un 368% la afiliación al sistema previsional (de 481.837 a 2.256.580 personas). Tampoco sabe que el porcentaje de los créditos otorgados a la industria en relación con el total pasó del 34% en 1944 al 56% en 1949; que se otorgó a los trabajadores el sueldo anual complementario (aguinaldo) y se implantó el sueldo mínimo; que se sancionó el Estatuto del Peón, la Ley de Despido (que preveía el preaviso y la indemnización) e instituyó las vacaciones pagas, dando vigor extraordinario al turismo en lugares y zonas donde sólo podían concurrir los ricos.

Causa gracia que este señor llame demagogia y populismo al hecho que en la distribución del ingreso interno neto la política peronista aplicada lograra que la remuneración de los trabajadores pasara del 45,20% en 1946 al 55% en 1955, al mismo tiempo que los ingresos de propietarios, profesionales y empresarios pasara del 54,80% en 1946 al 45% en 1955. También causa gracia que ignore que desde el año 1943 hasta el año 1946 la Argentina tuvo un saldo positivo en su balanza de pagos: m$n 3.646 millones; desde 1947 a 1949 un saldo negativo de m$n 2.818 millones; en 1950 un saldo positivo de m$n 693 millones; de 1951 a 1952 un saldo negativo de m$n 2.449 millones, y de 1953 a 1954 un saldo positivo de m$n 2.122 millones. Esto significó un saldo positivo en la balanza de pagos, desde 1943 a 1954, de m$n 1.194 millones. También ignora que la balanza de pagos a 1954, según datos del Banco Central, era de m$n 696,70 millones a favor del país (con Austria, Checoslovaquia, Chile, Dinamarca, Finlandia, Israel, Hungría, Japón, Noruega, Países Bajos, Paraguay, Polonia, Reino Unido, Suecia, Unión Soviética y Yugoslavia) y de m$n 765,40 millones en contra (Alemania, Brasil, Ecuador, Francia, Italia, Rumania), con un saldo negativo de m$n 68,70 millones.
Desconoce que, en el plano educativo, el gobierno peronista eliminó el arancel universitario y edificó más de 1000 escuelas, hasta el año 1950 (Ana Jaramillo, El peronismo y la educación, Universidad Nacional de Lanús, 2011). Que en el plano de la salud disminuyó la cifra de 23.000 enfermos palúdicos agudos (en 1938) a 500 (en 1949); que promovió la fabricación nacional de penicilina, insumo básico que se importaba en su totalidad; que incrementó los servicios de salud con sus respectivos establecimientos, pasando de un total de 66 mil camas hospitalarias en 1946, a 114.600 camas en 1951 y a 134 mil en 1954 (Daniel Alberto Chiarenza, Santiago del Estero – Belém do Pará, Una vida, un destino… Ramón Carrillo, Edición del autor, Burzaco, 2010, pp. 184, 196 y 204). Ignora que en el plano de la maquinaria industrial agrícola, de 109 establecimientos con 8.000 personas ocupadas en 1951 se pasó a 276 establecimientos con 18.000 personas ocupadas en 1955, con una producción que representaba en 1955 seis veces el promedio de los años 1937-1939. Que en el plano de la producción de electrodomésticos, de 14.319 heladeras fabricadas en 1941 se llegó a 83.600 fabricadas en 1953, de 4.774 calefones fabricados en 1941 a 33.686 en 1953, de 84.900 planchas en 1941 a 224.619 en 1953, de 15301 ventiladores fabricados en 1941 a 269.539 en 1953 (Claudio Belini, La industria peronista, Edhasa, Buenos Aires 2009, pp. 108 y 138). Que en el ámbito de la vivienda, desde 1948 hasta 1954 se construyeron 26 millones de m2; que se construyeron grandes barrios obreros (Crisoldini, Barrio Obrero Berazategui, Modelo, Ciudad Evita, Los Perales, etc.); que de 10.000 casas construidas en 20 años por la Comisión Nacional de Casas Baratas se pasó a 70.000 viviendas por año en el gobierno peronista (Horacio Gaggero-Alicia Gorro, Del trabajo a la casa. La política de vivienda del gobierno peronista 1946-1955, Biblos, Buenos Aires 1996). Nada dice que en el ámbito cultural aumentaron anualmente los estrenos de cine nacional: 23 películas en 1945, 32 en 1946, 38 en 1947, 42 en 1948 y 47 en 1949 (Clara Kriger, Cine y peronismo, Siglo XXI, Buenos Aires 2009, pp. 50-51).

Las categorías hermenéuticas híbridas que utiliza el señor Iglesias le impiden aceptar que el peronismo modernizó las relaciones sociales, promovió los derechos de la mujer (básicamente con la sanción del voto femenino), fortaleció las organizaciones sindicales, hizo realidad las conquistas laborales sancionadas legislativamente pero que no tenían ninguna vigencia, además de promover conquistas nuevas (vacaciones pagas, sueldo anual complementario, convenios colectivos de trabajo, creación de las comisiones y delegados de fábricas, inembargabilidad del salario, etc.). Nada dice que dinamizó la economía, generando el pleno empleo y elevando los salarios reales; tampoco dice nada respecto a la redistribución de los ingresos lograda a favor de los trabajadores, la creación de los tribunales de trabajo y el funcionamiento de las delegaciones de la Secretaría de Trabajo y Previsión en el interior del país, la institucionalización de los sindicatos (mediante la Ley de Asociaciones Profesionales).

Tampoco entiende el profundo significado político, económico y soberano de la nacionalización de los ferrocarriles en manos de empresarios británicos y franceses, tan magistralmente resaltado por Raúl Scalabrini Ortiz. Ninguna referencia hace tampoco a la nacionalización de las telecomunicaciones, en manos de la norteamericana International Telegraph and Telephon (ITT), y la creación de la estatal ENTEL. Lo mismo le pasa con la nacionalización del servicio de gas y la creación de Gas del Estado, con la posterior provisión domiciliaria del gas, y con la promoción del Plan Siderúrgico Nacional y la creación de SOMISA. Desconoce absolutamente la importancia de la nacionalización de la actividad aseguradora. Nada dice de los esfuerzos por lograr la integración económica con los países hermanos de Sudamérica y la unión de los trabajadores latinoamericanos.

Lamentablemente, el señor Iglesias no tiene la más pálida idea de lo que significó históricamente la decisión de Perón de mantener a la Argentina fuera de la influencia del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, conservando así la independencia económica y financiera, indispensables para forjar la independencia económica nacional y consolidar el desarrollo integral del país. Minusvalora los intercambios comerciales entablados por el gobierno peronista con los países de Europa, no sólo Inglaterra, con Estados Unidos y los países socialistas europeos, dando muestras de una política exterior independiente de las garras diplomáticas y financieras británicas.

Este crítico del peronismo, eximio en ignorancia, desconoce el deterioro y retroceso económico, en perjuicio del pueblo argentino y para beneficio de los pequeños pero poderosos grupos de poder, que produjo el golpe de Estado de 1955: el retorno a la política dependiente colonialista, a favor de Inglaterra, gracias a lo cual este país pagaba un 28% más barato las exportaciones argentinas de carne (mientras los países europeos abonaban con un 11-15% de aumento). En este contexto, las reservas del Banco Central volvieron a ser utilizadas para financiar la compra de insumos al exterior, pero con la diferencia que el país vendía barato lo que exportaba y compraba caro lo que importaba, razón por la cual el comercio exterior comenzó a ser deficitario a partir de 1957.

No sabe este señor que entre setiembre de 1955 y agosto de 1957 el costo de vida general aumentó en Argentina un 50%, el salario del obrero industrial un 32%, el sueldo del empleado público un 20% y los haberes jubilatorios un 12%. En el consumo popular se reflejó visiblemente este deterioro: de 1955 a 1960, el consumo de carne bajó de 92,3 kg. a 68,2 kg. por habitante; de 96 a 83 litros de leche por habitante; de 56 a 23 unidades de huevos por habitante; de 63 a 41 kilos de papa por habitante. Los ingresos por habitante, según datos de la CEPAL, de los m$n 3.568 en 1955 pasó a m$n 3.481 en 1956, a m$n 3.477 en 1957, a m$n 3.506 en 1958, a m$n 3.367 en 1959 y a m$n 3.459 en 1960.

Tampoco sabe que, respecto al esparcimiento público, en 1955 concurrieron 4.736.697 personas a ver partidos de fútbol profesional en todo el país, mientras que en 1960 fueron 3.956.642 personas; en 1955 concurrieron 432.100 personas a ver peleas de box profesional en Capital Federal, mientras que en 1960 fueron 296.000; en 1955 concurrieron 4.344.200 personas a teatros de la Capital Federal, mientras que en 1960 fueron 2.988.000; en el rubro de cinematógrafos de la Capital Federal, en 1955 concurrieron 64.658.000 de personas, y 54.985.800 en 1960.

Tampoco conoce los datos de muestran el deterioro que presenta la producción agrícola, luego del golpe de Estado de 1955. En 1954/55, la producción de trigo alcanzó las 7.690 mil toneladas, la avena las 890 mil toneladas, la cebada las 1.112 mil toneladas, el centeno las 844 mil toneladas y el lino las 405 mil toneladas. En 1960/61, la producción de trigo disminuyó a las 4.000 mil toneladas, la avena a las 820 mil toneladas, la cebada a las 790 mil toneladas, el centeno a las 530 mil toneladas, mientras que el lino subió a las 570 mil toneladas. En síntesis: del total de 10.341 mil toneladas producidas en 1954/5, se pasó a un total de 6.710 mil toneladas. la producción en la década 1946-1955.

Tampoco valora este personaje las grandes medidas transformadoras que implementó el gobierno peronista en 1973-1976, como fue la nacionalización de los depósitos bancarios, la nacionalización de las bocas de expendio de combustibles, el impulso dado a la construcción de viviendas populares, el fortalecimiento de los salarios reales, la implementación del Pacto Social (que le costara la vida al dirigente sindical José Ignacio Rucci), la convocatoria a la unidad nacional y la consulta impulsada con la mayoría de los partidos políticos, más allá de la supremacía electoral comprobada en las elecciones de setiembre de 1973 (62,9% del padrón electoral).

Bien le vendría al señor Iglesias abandonar su erudita y profusa ignorancia, además de su deformación intelectual, y recurrir a la lectura de la biografía de Perón publicada por el historiador Norberto Galasso, para enterarse de la obra revolucionaria y patriótica del peronismo y la tremenda importancia histórica que tuvo en la vida de la Nación (Norberto Galasso, Perón. Formación, ascenso y caída, Ediciones Colihue, Buenos Aires 2005, 2 Tomos). También podría abordar un texto más breve del abogado español Fernando Alonso Barahona, Perón o el espíritu del pueblo, Criterio Libros, Madrid 2003), para enterarse un poco de la obra revolucionaria de Juan Domingo Perón.

El desvarío ideológico. En su kilométrico parloteo progresista, el señor Iglesias desconoce que “el peronismo histórico fue el gran protagonista de la recuperación de la memoria colectiva” y que “desarrolló un proyecto autónomo integrador de la sociedad que se propuso también la integración geográfica”; que “puso la moneda al servicio del desarrollo nacional, más allá de los errores de instrumentación” (Carlos Leyba, Economía y política en el tercer gobierno de Perón, Editorial Biblos, Buenos Aires 2010). Ignora también que el peronismo fue tránsito obligado hacia la construcción de un mercado nacional, ampliado a través de la redistribución del ingreso y abastecido mediante una nueva industria nacional, protegida e impulsada por un Estado dinamizador. Desconoce el “intérprete” progresista que la etapa del peronismo fue en esencia una etapa fundadora, ya que después de Perón el país fue definitivamente otro.

Pero en base a no sabemos qué formación intelectual, el señor Iglesias se permite hacer descalificaciones personales de Juan Domingo Perón, en cuanto lo define como “cínico”, como expresión del “nacionalismo populista autoritario argentino”, como expresión de la “fracción populista del Partido Militar argentino”, como “padre de la mafia justicialista” etc. Con este tipo de lenguaje y calificativos, este confeso partidario de la socialdemocracia internacional se muestra como verdadera reencarnación del nefasto Spruille Braden. En contra de Perón, Iglesias rescata la figura progresista de Fernando Henrique Cardoso, olvidando que el ex presidente brasileño forma parte de la Fundación Rockefeller y de Diálogo Interamericano, el dispositivo progresista social-demócrata imperialista creado por David Rockefeller y Cyrus Vance en octubre de 1982.
En realidad, esta fobia antiperonista del señor Iglesias se nutre por su pertenencia al Movimiento Federalista Mundial, en emprendimiento globalizador internacionalista, de origen suizo pero asentado en Estados Unidos y Holanda, el cual constituye la matriz de la que se nutre su ideología mundialista y contraria a la soberanía nacional de los pueblos y los Estados. Esta organización fue creada inmediatamente después de la finalización de la Segunda Guerra mundial, en 1947 en la ciudad de Montreaux (Suiza), con la finalidad de promover la “realización de la paz global y de la justicia a través del desarrollo de instituciones democráticas y la aplicación de la ley internacional”, razón por la cual “trabaja asociada con las Naciones Unidas, con gobiernos y otras instituciones internacionales y regionales en todo el mundo” para promover “una misión de paz, prosperidad y seguridad para todos”.

En la Declaración de Montreaux (documento fundacional) se explicita el carácter mundialista-internacionalista del movimiento, acorde con el objeto de la plutocracia financiera anglosajona de instituir un nuevo orden mundial: “nosotros, federalistas mundiales, estamos convencidos que el establecimiento de un gobierno federal mundial es el problema crucial de nuestro tiempo”. El conflicto de fondo, para este mundialismo, es entre el federalismo y los poderes políticos, porque “sólo el federalismo puede asegurar la supervivencia del hombre”. En este contexto, estos federalistas mundiales sostienen que “la humanidad puede liberarse a sí misma de la guerra sólo a través de un gobierno federal mundial”. En tal sentido, uno de sus principios fundamentales es la de “limitar la soberanía nacional, y transferir al gobierno federal mundial los poderes legislativo, ejecutivo y judicial en relación con los asuntos mundiales” (Principio n. 2). Otro de sus principios es la “creación de fuerzas armadas supra-nacionales capaces de garantizar la seguridad del gobierno federal mundial y de sus Estados miembros” y el “desarme de las naciones miembros al nivel de sus requerimientos políticos internos” (Principio n. 4). Una de las líneas de acción que se propone en esta Declaración es la de “presionar a gobiernos y asambleas legislativas para transformar la ONU en un gobierno federal mundial, mediante el aumento de su autoridad y recursos”.

Entre las organizaciones que aportan fondos para el trabajo mundialista anti-nacional de este movimiento se cuenta la Fundación Ford (clan Rockefeller y Departamento de Estado norteamericano), la John D. and Catherine T. MacArthur Foundation, la Open Society Foundation (de George Soros), la Samuel Rubin Foundation, la Herman Goldman Foundation, la Unión Europea, el gran Ducado de Luxemburgo, el Reino de Bélgica, el Reino de Dinamarca, el Reino de Holanda, el Reino de Noruega, el Reino de Suecia, el gobierno de Nueva Zelanda, las repúblicas de Austria y Finlandia, el principado de Liechtenstein y la Confederación Suiza.

Se entiende ahora el antiperonismo del señor Fernando Iglesias, en función de su pertenencia a un movimiento mundialista que busca limitar las soberanías nacionales, en coincidencia con el objetivo de la plutocracia financiera mundial de raíz anglosajona de instituir un nuevo orden mundial. Ataca la figura de Perón y al peronismo porque constituyen justamente la expresión más acabada de la nacionalidad argentina, contraria al imperialismo anglosajón que ha perturbado la historia argentina y el desarrollo nacional hasta nuestros días.

También se entiende por qué el señor Fernando Iglesias exhala un profundo sentimiento antiperonista: no sólo reencarna el espíritu fundacional antiperonista de Spruille Braden, sino que expresa también una coincidencia absoluta con David Rockefeller (“Perón les hizo muchísimo daño a los argentinos”, 12/10/2004) y con su discípula Condolezza Rice, funcionaria de Chevron Corp., miembro del Council on Foreing Relations y ex secretaria de Estado en el gobierno de Bill Clinton (“Perón fue un populista cuya demagogia no hizo bien a su país”, 12 de mayo de 2005).
 
En realidad, el señor Fernando Iglesias se muestra como un verdadero experto en la ignorancia de la historia argentina y como fiel vocero de David Rockefeller y el imperialismo financiero-industrial anglosajón que este representa. Por eso se le puede recomendar a este neo-Braden nacido accidentalmente en Argentina que agarre los libros que no muerden, estudie y se instruya, porque confunde y pone al mismo nivel a Juan Domingo Perón y al peronismo con las últimas expresiones de neo-peronismo pejotista y kirchnerista, que han olvidado y exiliado históricamente a Perón, de quien se creen superiores y superadores. Esperemos que el señor Fernando Iglesias se dé cuenta que “esto no es el peronismo, estúpido”. 

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