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viernes, 8 de abril de 2016

Malvinas The Great Pretender


Blindaje a las Malvinas
Por Javier Cornejo

El 11 de marzo pasado, la Comisión de la ONU (Convemar) dio a conocer un dictamen relativo a la jurisdicción sobre las 350 millas de plataforma continental en los mares del Sur, distancia que en la zona en disputa con el Reino Unido de Gran Bretaña quedó congelada. Se trata de una circunstancia que, posiblemente, termine favoreciendo a quien resulte titular soberano de tales territorios de los que no está exento el continente Antártico.

Como un sarcástico regalo por la conmemoración de nuestra gesta patria, el día 3 de abril el británico The Independent publica que por una cuestión de recursos y para recortar el presupuesto el gobierno británico dejó al archipiélago de las Islas Malvinas sin protección por primera vez desde la guerra de 1892. Explicando que tal decisión obedece a la necesidad de concentrar sus recursos en supervisar los movimientos navales rusos.

¿El imperio nos quiere hacer creer que después de su victoria por las armas el 14 de junio de 1982 , y por la infame abdicación jurídica de Carlos Menem y Domingo Cavallo, materializada en los Acuerdos de Madrid del 15 de febrero de 1990 y el Tratado de Londres del 11 de diciembre de 1990, va a ceder un centímetro cuadrado de todo lo que nos arrebató?

La euforia del presidente Mauricio Macri sobre los millones de kilómetros que ganamos por el dictamen de la CONVEMAR crea la ilusión de que estamos apabullando a Londres, un imperio que sólo decidió el "reemplazo" de una fragata de patrulla en las islas. Nada se dice del buque de patrulla de alta mar HMS Clyde, ni de la flota de apoyo Royal Fleet Auxiliary, ni de los más de 1.500 efectivos que operan los caza bombarderos Typhoons de la Royal Air Force, ni de las defensas terrestres. Nadie nos dice de la posibilidad que, tras el dictamen, todo se reduzca a instaurar un "arbitraje" derivando en una cuestión de límites entre los territorios usurpados por los británicos y la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, pomposo nombre luego de la provincialización del territorio nacional, donde se pretendería instalar una especie de explotación compartida con el apoyo de una "complementariedad continental" para el desempeño de las empresas y actividades que se desarrollen en la zona.

Obviamente la palabra "soberanía" es la gran ausente.

El 17 de febrero, por primera vez en 10 años, el ministro de Defensa británico, Michael Fallow, visitó nuestro archipiélago y, en categóricas declaraciones, afirmó: "Gran Bretaña no hará negociaciones que impliquen soberanía o cualquier acto de tal naturaleza por parte de Argentina". "Tenemos previsto invertir 180 millones de libras en mejorar la defensa de las islas durante los próximos 10 años". No obstante sostuvo que "el deshielo que se produce con la administración Macri es una gran oportunidad real de construir relaciones positivas con el Reino Unido" recordando una vez más que "la soberanía es innegociable".
Finalizó su visita inspeccionando las obras que se realizan como parte del paquete de los 180 millones de libras para modernizar las infraestructuras defensivas del archipiélago. ¿Hacen falta más palabras?

En la medida que nuestros representantes en el Gobierno se nieguen a "denunciar" los acuerdos y tratados referidos no existe ninguna posibilidad de que algo cambie; todo se orienta a que nos toque asistir, como espectadores pasivos, a la succión de nuestros recursos y a la definitiva pérdida de nuestra geografía, que forma parte del cronograma de un ya proyectado fraccionamiento territorial cuando debamos cederlo en pago de la deuda perpetua.





Eurofighter Typhoon
La Argentina enfrenta limitaciones hasta para transportar efectivos al archipiélago
Las Fuerzas Armadas carecen de la capacidad bélica que le atribuye el gobierno británico
LA NACION
Miércoles 25 de marzo de 2015
En un escenario de guerra insular, el bando atacante debe asegurarse de entrada el dominio del mar y del aire. En una hipótesis de esa característica, la Argentina tiene hoy la capacidad de proyectar una fuerza de ocupación sólo hasta la isla Martín García...
En concreto, nuestro país no puede siquiera llegar con militares equipados para el combate a las islas Malvinas. Eso más allá de cualquier deseo o fantasía de política doméstica. Los 650 kilómetros hacia las islas Malvinas representan una barrera infranqueable. No hay buques de desembarco ni barcos de transporte de tropas. Ni siquiera está en servicio el rompehielos Almirante Irízar como para ser usado como plataforma de logística militar, como en 1982. Esa sola situación táctica elimina cualquier otra posibilidad.
Podrá argumentarse que la Argentina tiene decidida la compra de cuatro barcos polares a Rusia. Los problemas de abastecimiento de las bases antárticas fueron evidentes hace un par de años. Los alquileres permanentes de dos buques rusos para las campañas de entrega de suministros en la Antártida llevaron a la conclusión de que se gastaría menos con la adquisición de barcos similares. Y en caso de completarse ese contrato, esos buques llegarán con otro gobierno en el poder.

La base militar Mount Pleasant, en las islas Malvinas.Foto:EFE
Algo similar pasa con la demorada compra de aviones de combate. Los Mirage no sólo no pueden combatir, sino que tienen prohibido el vuelo en días nublados por reiterados problemas en su instrumental. Y la cantidad de misiles aire-aire de los A4 alcanzarían para una sola misión de cobertura aérea. La Argentina negocia la compra de un escuadrón -18 aviones, contándose los biplazas de entrenamiento y un par para canibalizar para repuestos- y ése será en dos o tres años el núcleo operativo de la Fuerza Aérea. En la guerra de 1982, se contaba con más de 120 aviones de combate de primera línea.
La Armada entonces también era una orgullosa unidad de ataque. Podía proyectar el poder naval con la presencia de un portaaviones y varias unidades de superficie que conformaban un apreciable grupo de combate.
El 1° de mayo de 1982 estuvo a minutos de medirse con la flota británica. Era la operación Banzai, en la cual las entonces nuevas corbetas aprovecharían su velocidad para meterse por el flanco británico y lanzar dos docenas de misiles Exocet. Minutos después llegaría una oleada de aviones A4Q con seis bombas de 500 kg cada uno. Luego aparecerían los Super Etendard y sus Exocet. La falta de viento demoró el despegue de los cazabombarderos embarcados y ese combate aeronaval fue anulado. Quienes estaban a punto de participar de esa operación analizaron que el posible resultado hubiese sido la destrucción mutua de las flotas.
Hoy la realidad es diferente. Hasta hace poco, los buques argentinos practicaban tiro con munición vencida de los años 50. No hay portaaviones y los vehículos anfibios de Infantería de Marina -vitales en el 2 de abril- no están disponibles, aunque se tuviese con qué llevarlos a las islas. El destructor Hércules fue reconvertido en un transporte rápido para no más de 150 infantes, y su par Santísima Trinidad se hundió amarrado en el muelle... Sin esas dos unidades navales, tampoco se tiene disponible cobertura antiaérea.
Y en las islas Malvinas los modernos Typhoon aseguran el control del aire. Durante el gobierno kirchnerista, una corbeta argentina persiguió a un pesquero chino en infracción hasta dentro del perímetro de defensa delimitado por los británicos. Un Typhoon interceptó al buque argentino, que informó de la situación y avisó que dispararía sobre el pesquero que escapaba. El piloto británico movió sus alas en saludo y se despidió con un "buena cacería". Un caso que ejemplifica que ambos lados, pese a la retórica, evitan incidentes.

 

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