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viernes, 4 de diciembre de 2015

Eloim, Eloim, lmana shabaktani!!!



["lama sabactani" no es una expresión griega. Tampoco hebrea. Originalmente era una expresión aramea:"lmana shabaktani", "lmana", significa "para esto"; "para este propósito"; "para esta finalidad"] (1)

  
El Sol podría liberar llamarada 1000 veces más potente
Científicos de la Universidad de Warwick han observado una súper llamarada de una estrella de la Vía Láctea, con los patrones de ondas que las que se han observado en las erupciones del Sol.
Sin embargo, estas erupciones son miles de veces más potentes que cualquiera que se haya registrado en la estrella del Sistema Solar.
Los científicos sugieren que las llamaradas de esta estrella, una binaria conocida como KIC 9655129, y las del Sol tienen la misma física subyacente, por lo que, a su juicio, el Sol también podría producir una súper llamarada como la observada.
Las erupciones solares más habituales pueden tener energías equivalentes a 100 millones de megatones, es decir, que una súper llamarada del Sol podrían liberar la energía equivalente a una bomba de mil millones de megatones. Si el Sol registrara este fenómeno, las comunicaciones de la Tierra y los sistemas de energía podrían estar en grave riesgo de destruirse.
Una llamarada solar.

Sobre las posibles consecuencias de una súper llamarada solar, la investigadora principal, Chloë Pugh ha indicado que, “si el Sol fuera a producir una súper llamarada sería desastroso para la vida en la Tierra; los GPS y sistemas de comunicación de radio podrían perturbarse gravemente y podría haber cortes de energía a gran escala, como resultado de las fuertes corrientes eléctricas inducidas en las redes”, ha explicado.
En este sentido, ha añadido que, afortunadamente, las condiciones necesarias para que se produzca una súper llamarada son extremadamente “poco probables” en el Sol, basándose en las observaciones anteriores de la actividad solar.
Los investigadores realizaron para este trabajo, publicado en Astrophysical Journal Letters, un análisis de series de tiempo para detectar patrones de onda en la curva de luz de una llamarada que emana de KIC 9655129, a partir de datos recopilados por el telescopio espacial Kepler de la NASA.


Rastros cósmicos en árboles de Japón

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Ricardo Alonso
30-11-2015 -
Entre los grandes peligros a los que está sometido el planeta Tierra, siempre miramos hacia los fuertes terremotos; o a los tsunamis, que al igual que con una piedra arrojada a un estanque, cruzan en horas el océano para ir a impactar con sus olas al otro lado del mundo; o a las erupciones volcánicas que pueden llegar a ser catastróficas; y a los peligros latentes del espacio exterior como es la caída de meteoritos o asteroides. Estos últimos han sido relevantes en el pasado geológico y a ellos se los culpa, entre otras cuestiones, de la extinción de los dinosaurios. 

Los científicos rusos han sido consecuentes en señalar, en distintas épocas, su preocupación por los fenómenos de naturaleza solar o galáctica como potenciales responsables de muchas de las heridas que sufrió la Tierra en el pasado. Independientemente de la caída de los cuerpos cósmicos.

Shatskiy, Stepanov, Khain, entre otros, consideraron como responsables mayores de extinciones en la Tierra a eventos del cosmos más que a cuestiones internas del planeta. Sin que cayeran en la tentación de las influyentes teorías de Inmanuel Veliskovsky, el famoso autor de "Mundos en colisión", que desató una larga y controversial lucha entre científicos y no científicos. 

Tal vez el fenómeno mejor conocido en tiempos modernos sea el "Evento Carrington". Este fenómeno ocurrió en agosto-septiembre de 1859 y fue la peor tormenta solar registrada. Lo lamentable es que ya ha sucedido antes y volverá a ocurrir. Se trata de una "erupción de masa coronal" en el Sol, en pocas palabras, una gigantesca erupción de material supercaliente y eléctricamente cargado desde la atmósfera solar. La llamarada solar fue tan potente que logró deformar el campo magnético terrestre que nos protege. Esto provocó impresionantes luces de auroras en todo el mundo y en latitudes inusuales. Lo grave fue que sobrecargó eléctricamente toda la atmósfera terrestre y como consecuencia el sistema de telégrafos de aquella época se llenó de cortocircuitos e incendios en los aparatos de las líneas de transmisión. Felizmente la tecnología eléctrica de 1859 era muy fácil de reparar y en poco tiempo se logró restablecer el servicio normal. Nadie sabe con certeza cada cuánto ocurre una erupción de estas características. Los científicos discrepan en esto. 

Pero algo es seguro: si esto ocurriera hoy sería un verdadero desastre. Al punto que destruiría todos los servicios eléctricos en el mundo y provocaría incendios en los transformadores y las centrales eléctricas. Además ocasionaría daños graves en los satélites. Arreglar y recuperar los servicios normales sería cosa de años o tal vez algunos nunca se recuperarían.

 Las erupciones solares se producen cada 11 años con distintas intensidades. Lo único predecible es que estas erupciones gigantescas ocurren solo cuando el Sol está en su máximo de actividad magnética. La mega tormenta solar de Carrington pareciera que fue única en su tipo. Sin embargo el estudio de anillos de árboles en Japón deparó una gran sorpresa. Unos científicos que investigaban los taladros realizados para estudios de dendrocronología en unos cedros centenarios encontraron valores anómalos de Carbono-14 en los anillos correspondientes a los años 774 y 775 de nuestra era. 

Los doctores Fusa Miyake, Kentaro Nagaya, Kimiaki Masuda y Toshio Nakamura publicaron en 2012 en la revista Nature un artículo donde daban cuenta de un fuerte incremento de los rayos cósmicos para el siglo VIII. El análisis de los anillos correspondientes a los años de 774 y 775 de nuestra era mostraban un aumento del 12 por mil en el contenido del Carbono-14, lo cual era 20 veces mayor que cualquiera de las llamaradas solares ordinarias. Los valores obtenidos los convencieron que ni una tormenta solar, ni la explosión de una supernova cercana, pudieron ser responsables y lo atribuyeron a una "explosión de rayos gamma". 

El hallazgo disparó investigaciones en todos sentidos, tanto de la fuente desconocida de las radiaciones como de los registros isotópicos que pudieron haber quedado grabados en otros ambientes, ejemplo los hielos árticos y antárticos. Dos científicos alemanes de la Universidad de Jena, V.V. Hambaryan y R. Neuhuauser, descartaron en principio la supernova (no hay registros de que se haya visto explotar en los cielos una supernova en aquella época), pero señalaron que la explosión de rayos gamma pudo tener origen en nuestra galaxia a distancias no mayores a unos 15 mil años luz. Luego fueron los doctores Adrian L. Melott y Brian C. Thomas, de la Universidad de Kansas, quienes nuevamente en Nature y a fines de 2012, volvieron a apuntar al Sol como responsable de una intensa emisión de protones solares, que podría ocurrir cada mil años aproximadamente. 

Dejaron constancia que de verificarse un evento similar, podría representar una amenaza potencial enorme a la civilización moderna. En 2013, un equipo de científicos rusos, americanos y alemanes, liderados por I. G. Usoskin, publicaron en una revista de astronomía y astrofísica una nueva versión del evento sobre la base de otros isótopos y el estudio de los anillos de crecimiento en robles alemanes. Ellos apuntaron a la culpabilidad exclusiva del Sol e identificaron el fenómeno del año 775 como el mayor evento solar en varios milenios. Un grupo de científicos norteamericanos, liderados por Brian C. Thomas, retomaron el tema y publicaron en una prestigiosa revista geofísica un análisis en el que continúan la línea de razonamiento de los investigadores anteriores haciendo hincapié en cuáles pudieron ser los efectos terrestres de ese fenómeno astrofísico ante la disminución del ozono y el aumento de las radiaciones ultravioletas. Un aporte distinto al tema provino de los doctores D. Eicher y D. Mordecai, quienes atribuyeron el raro evento al impacto de un cometa en el Sol. 

En octubre de 2015, un nuevo trabajo en la revista Nature, volvió a poner el tema en el tapete. Esta vez fue un equipo multidisciplinario internacional, liderado por Florian Mekhaldi de la universidad sueca de Lund, quienes estudiaron hielos árticos y antárticos midiendo las concentraciones conjuntas de isótopos de Berilo-10 y Cloro-36. Llegaron a la conclusión de que el fenómeno del año 775 y su concentración anómala de Carbono-14 se debió a un fenómeno extraterrestre y coincidieron en un origen solar. Al menos cinco veces más importante que cualquiera de los que se haya registrado hasta ahora por métodos instrumentales. Se trataría de un evento muy fuerte con altos flujos de protones solares y energías por encima de los 100 megaelectronvoltio. 

Además encontraron en el análisis de los hielos otro evento en los años 993 y 994 de nuestra era, pero de menor intensidad. Como se aprecia, el estudio original de los cedros de Miyake fue un enorme disparador para que científicos de todo el mundo se preocuparan y ocuparan en el tema. Por ahora parece haber un consenso de opiniones en que estos eventos fueron causados por eyecciones de masa de la corona solar. Y también que de repetirse po drían causar una verdadera catástrofe.



(1) En su Traducción de la "Holy Bible From The Ancient Eastern Text", El Dr. George Lamsa, erudito y traductor, nos brinda una versión muy diferente de ese controvertido pasaje bíblico.
Pero antes, será bueno tener muy en cuenta que la Segunda Carta del Apóstol Pablo a los Corintios, en su Capítulo 5, Versículo 19 indica
"que Dios estaba EN Cristo, reconciliando consigo al mundo..."
La palabra "en", la he remarcado con mayúsculas, pues eso es lo que significa:
EN: Dentro de. Bien metido allí...
En el idioma griego de los Textos Bíblicos, la palabra es también "en" (así se escribe).
Dios siempre estuvo con Jesús, porque Jesús nunca se apartó de hacer Su Voluntad.
Jesús no era Dios: Era Su Hijo. Y fue obediente a Su Padre, obediente hasta la muerte, y muerte en un madero.
"lama sabactani" no es una expresión griega.
Tampoco hebrea.
Originalmente era una expresión aramea:
"lmana shabaktani"
"lmana", significa "para esto"; "para este propósito"; "para esta finalidad"
"Shabak", la palabra raiz de "shabaktani", significa "guardar", "reservar", "preservar".
Los antiguos traductores cristianos AGREGARON a estas palabras lo que consideraron como una interpretación de las mismas, añadiendo al Texto de Mateo 27 : 46 la expresión
"Esto es: Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has desamparado?",
en una clara alusión al Salmo 22, Salmo que no guarda relación alguna con la muerte de Jesús en el madero.
Pero las palabras "Dios mío, Dios mío ¿por qué me has desamparado?" NO FIGURABAN en los manuscritos antiguos. Fueron añadidas.https://ar.answers.yahoo.com/question/index?qid=20090507160954AAjA6lB&page=1

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