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martes, 3 de marzo de 2015

El verdadero dragón chino, en casa




Por Javier Cornejo
Artículo publicado en el diario El Tribuno el 03-03-15

El acuerdo con China recuerda el pacto Roca - Runciman, un negocio en el que Argentina se somete a condiciones leoninas

El Congreso convirtió en ley un acuerdo comercial con China que compromete seriamente el futuro de la Argentina. Y si decimos que es el Congreso, porque formalmente la ley se aprobó, la realidad es que lo hizo la exigua mayoría kirchnerista. Un acuerdo de esta naturaleza requiere, imperiosamente, un mínimo consenso.
 
El acuerdo garantiza financiamiento para un gobierno que naufragó en todos los intentos por arreglar su situación con el exterior, y no lo consiguió por ineficiencia propia y por falta de solidez ideológica. Pero la suerte de ese gobierno, hoy en retirada, compromete a generaciones de argentinos. Se trata de un negocio estrictamente chino, que se asegura la provisión de soja para sus cerdos, que avanza sobre la soberanía argentina y hasta impone condiciones leoninas para sus inversiones futuras.
 
El 19 de febrero de 1972, el día en que Cristina Fernández cumplía 19 años, en que el general Alejandro Lanusse firmaba con Mao el reinicio de las relaciones diplomáticas. Han pasado 43 años y se cierra el ciclo.
"Cambiamos de collar, pero seguimos siendo perros", advertía Arturo Jauretche. Los "acuerdos" ya están, y es preciso reiterar: el collar es distinto pero no solo el perro, sino también el amo es el mismo.
 
Tal como ayer lo demostraba Raúl Scalabrini Ortiz y hoy Julio González, quien decide en forma absoluta en esta geografía fue y es el Imperio Británico, cuyo axioma le ordena "ejercer el poder sin exhibirlo".
El 1 de mayo de 1933 se firmaba el convenio entre el vicepresidente argentino Julio Argentino Roca (h) y el presidente del British Board of Trade, Sir Walter Runciman, encargado de negocios británico. Es el pacto Roca Runciman al que el actual oficialismo descalifica como "claudicante".
 
Ese acuerdo destruía nuestra industria enviando a Inglaterra nuestras carnes y recibiendo chafalonería. En las acaloradas sesiones que protagonizara Lisandro de la Torre un intento de asesinato del senador costó la vida a Enzo Casiano Bordabehere. Fue el "Asesinato en el Senado de la Nación", la película de Juan José Jusid protagonizada por actores como Pepe Soriano, Oscar Martínez y Miguel Angel Solá, próceres del elenco kirchnerista.
 
Poco tiempo después la angustia terminaba con la vida de don Lisandro.
 
Hoy un fiscal de la Nación muere en los avatares de "acuerdos" parecidos. No con China, sino con Irán, en la maraña de la intriga internacional.
 
Son las mismas recetas; solo cambian los tiempos y personas. Es paradójico que hasta se usen los mismos giros gramaticales para evadir decir las cosas por su nombre: al verdadero "Tratado" Roca- Ruciman se lo denominó "pacto". A los tratados de absoluta sumisión a Gran Bretaña como consecuencia de la Guerra de Malvinas, también casualmente en febrero de 1990, se lo denominó "Acuerdos de Madrid". Hoy la entrega de nuestro cuerpo (geografía) y alma (idiosincrasia, raíces) es regalado a la "aplanadora" asiática a través de "Acuerdos con China".
 
Son tratados que tienen una jerarquía jurisdiccional superior a la de nuestra Constitución Nacional designando a Londres como el "árbitro" permanente de lo que nos pase.
 
La unión entre Londres y Pekín fue cimentada por la British East India Company a partir de la guerra del opio (1839-1860), una interrelación que hoy se encuentra totalmente vigente a través de las mixturas societarias de joint-venture, que luego del Tratado de Nankin que en 1942 puso fin a esa guerra y produjo la cesión de Hong Kong a Gran Bretaña.
 
Hoy, la mirada está puesta en las reservas latinoamericanas, el continente antártico y los mares argentinos.
La otra cara
 
¿Qué más viene con estos acuerdos?
 
Junto al "combo" de swaps de monedas chinas, supermercados chinos, inmigrantes chinos, mano de obra china, bases militares chinas, armamento chino, aviones chinos, centro confucios chinos, y cuántas más cosas chinas se nos ocurra imaginar, también vienen otros personajes siniestros y macabros que se pueden englobar en lo denominado como las "tríadas" chinas, es decir: las mafias chinas, instalando entre los argentinos una sofisticada y milenaria crueldad, de las que seremos sus indefensas víctimas por nuestro absoluto desconocimiento de sus reales dimensiones.
 
Los practicantes de Falun Gong, un sistema de ejercicios con un fuerte componente espiritual, son severamente reprimidos. Los libros "Nueve comentarios sobre el partido comunista chino" y "Cosecha Sangrienta" de David Kilgour y David Matas, sostienen que son la fuente de órganos para trasplantes del sistema militarizado de donaciones en ese país . El viceministro de Salud, Huang Jiefu, afimó en agosto de 2009 en el China Daily: "Estoy confiado que en poco tiempo los hospitales acreditados dejarán de usar órganos de los prisioneros". Esta es una de las "otras caras" del régimen con el que el país celebra estos acuerdos. Un régimen que, por lo pronto, asumió lo peor del capitalismo, que es la explotación extrema del trabajador hasta llegar al trabajo esclavo, y lo peor del comunismo, que es la negación de las libertades y de los derechos gremiales.



“No se puede ser tan chiquito de cabeza ¿Qué miedo les tienen a los chinos?"
Apertura de sesiones ordinarias
1 MAR 2015 Sin hacer menciones puntuales, pero con duras palabras contra quienes la criticaron, Cristina defendió los acuerdos con China. "No se puede ser tan estúpido, tan colonizado y subordinado intelectualmente", advirtió a los candidatos que "tienen aspiraciones de conducir la Argentina".
"¿Qué miedo les tienen a los chinos?"
 “No se puede ser tan chiquito de cabeza ¿Qué miedo les tienen a los chinos?", disparó Cristina en su defensa a los "acuerdos" de asociación estratégica con China y advirtió a los candidatos que "tienen aspiraciones de conducir la Argentina" y a los opositores que los cuestionan, que "no se puede ser tan estúpido, tan colonizado y subordinado intelectualmente".

En su último discurso como jefa de Estado ante la Asamblea Legislativa, comparó los acuerdos en materia energética, con "los que nos decían que tengamos relaciones carnales con aquellos nos saqueaban" en los '90.

Y arremetió: "¿Cómo no lo vamos a hacer con China?", que según vaticinó "el mundo dentro de 5 años, no de 5 siglos, va a ser diferente y China va a ser el actor más importante, si ya no lo es, del mundo". "No se puede ser tan estúpido, tan colonizado, tan subordinado intelectualmente", enfatizó, al tiempo que destacó entre los cambios globales la decisión de los Estados Unidos de terminar con el bloque económico y político a Cuba.
http://www.larazon.com.ar/economia/puede-chiquito-cabeza-miedo-chinos_0_656400106.html



La entrega de la Pesca a las potencias internacionales (la historia se repite)
Publicado el 2015/02/27 por Germán Mangione
Fuente: Juventud Somu
UN CUENTO CHINO.
Los sucesivos gobiernos nos tienen acostumbrados a negociar en una debilidad extrema con las Grandes Potencias. El ex Canciller Caputo promovió los llamados “Acuerdo Marco” que permitían el ingreso de 18 buques pesqueros al Atlántico Sur y pescaron 200 buques mellizos rusos porque la Argentina carecía de todo control. Cavallo con el apoyo de Felipe Solá ratificó esos acuerdos y promovió los Acuerdos con la Unión Europea que habría de significar la mayor depredación de la historia pesquera. Con ello, se inauguró en la Argentina, el desempleo y el subsidio al ex ocupado pesquero, al que se le agregarían los millones de desempleados subsidiados.      
El 16 de noviembre de 2004, Néstor Kirchner y Hu Jintao firmaron convenios, en una supuesta sociedad estratégica, que permitiría a nuestro país recibir inversiones por unos 20.000 millones de dólares en los próximos 10 años; miles de millones que no llegaron a la Argentina, sino que, por el contrario, embarcaciones extranjeras, en su gran mayoría asiáticas, pero también españolas, con o sin licencias ilegales del invasor británico en Malvinas extraen todos los años 1 millón de toneladas de pescados y calamares del Atlántico Sur, lo que equivale en el comercio final internacional una suma del orden de los 14 mil millones de dólares anuales. Mientras esto ocurre la Argentina desembarca 800 mil toneladas/año y exporta por valor de U$S 1.500 millones/año. La Argentina no tiene una política de comercialización nacional e internacional del pescado y por ello cientos de miles argentinos no acceden al empleo.
El 18 de enero de 2010, a poco más de cinco años de aquella promesa incumplida, el entonces Ministro de Agricultura argentino Julián Dominguez firmó la Resolución 5/10 que autorizó a suscribir un “Acuerdo de Cooperación sobre Pesca” con el Ministerio de Agricultura de China.
En base a ello y a posteriores resoluciones de la Subsecretaría de Pesca -además de los cientos de barcos que pescan ilegalmente- 20 buques pesqueros chinos fueron autorizados a pescar en el mar argentino asociados a empresas pesqueras chinas radicadas en la Argentina; a condición de que procesen en tierra el 10% de las capturas. Porqué 10% de las capturas y no el 100% de las capturas? Porque los chinos a las capturas en el mar argentino las consideran chinas y no pagan ningún arancel de ingreso a China, contrario a lo que ocurre con los productos argentinos que deben pagar aranceles de importación a China. Un verdadero negocio chino.
No hay “intereses comunes con China en el desarrollo de la pesca, de beneficio recíproco”. El Estado argentino, es el propietario del recurso, tiene un desarrollo tecnológico excelente en la investigación, captura, conservación e industrialización pesquera; mientras que China, sólo importa el 6% de materia prima pesquera Argentina, con un bajísimo valor agregado (U$S 1.300/tonelada), mientras que los principales importadores de pescado argentino compran a valores equivalentes a los U$S 2.700 la tonelada (Brasil), U$S 3.300 (España) o U$S 4.300 (Italia), etc. Un dato elocuente que demuestra que los chinos vienen por nuestras materias primas, no agregan valor ni generan empleo.
Estos Acuerdos se firman en base a supuestos “…principios de igualdad y beneficios mutuos…”, y en verdad se trata de la entrega de nuestros recursos naturales, hasta que se hayan agotado y con ello se genere el cierre de las empresas nacionales, el desempleo, la despoblación de todos los puertos del litoral marítimo y la desocupación de las áreas estratégicas de la nación, como el territorio Patagónico, el Atlántico Sur, las Islas Malvinas, el canal del Beagle y la Antártida Argentina.
China con 51,5 millones de toneladas anuales es el primer productor y exportador mundial de productos pesqueros; es decir,  produce 50 veces más que Argentina. Por lo tanto será un mercado menos de Argentina. Las capturas chinas en el mar argentino no sólo habrán impactar directamente en lo económico-comercial, sino que éstas capturas habrán de actuar sobre el equilibro biológico de las especies en el mar argentino y con ello, este impacto negativo alcanzará sobre estas y otras especies que capturan las empresas nacionales.
Hay unos 95.000 buques pesqueros en el mundo, de los cuales 40 mil son Chinos, la mayoría ubicados en el área austral; deberíamos estar muy preocupados por este desequilibrio, donde la Argentina tiene sólo unos 500 buques pesqueros, que siendo un número sobredimensionado para el recurso máximo sostenible, no alcanza para ocupar todo el mar argentino, cuyo control está limitado a tres buques de la Prefectura Naval.
La política de este gobierno, instrumentada por el entonces Secretario Moreno, de exigirles a los importadores que exporten lleva también a concentrar el negocio en unos pocos, al igual que lo que ocurre en materia de granos y con ello a la pérdida de rentabilidad del industrial argentino. El gigante asiático está en condiciones de quedarse con toda la actividad pesquera argentina.
Si la Argentina tuviese vocación o capacidad de controlar el mar, que no la tiene. Si la Argentina tuviese una situación política, económica y soberana de fortaleza, que no la tiene, otro podría ser el escenario, y seguramente no firmaría este Acuerdo claudicante. Como con los Acuerdos de entonces con la URSS se acordará el ingreso de algunos buques pesqueros chinos y pescarán cientos de buques mellizos sin control alguno o con un supuesto control que encubra la corrupción. Derogar los acuerdos con la URSS, que se prolongaron por años, fue una difícil batalla política, de intereses económicos y una clara demostración de la debilidad negociadora de Argentina. Derogar los Acuerdos con China, en una Argentina soja-dependiente, será un misión imposible, con un país colonizado, sin empleo argentino y devaluados y depredados sus recursos naturales. Será mar arrasado.
En un país soberano y serio no hay excedentes pesqueros para entregar a terceros: toda la proteína la obtiene racionalmente el Estado Nacional para alimentar bien a su pueblo; y más aún si en su población hay altos índices de pobreza”. El acceso al recurso pesquero es un derecho de tercera generación.
Este no es un Acuerdo Chino. Este es un verdadero cuento chino, donde el pez grande se come al chico.
(Dr. Cesar Augusto Lerena 24-02-2015).

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