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lunes, 14 de septiembre de 2015

Tienes hambre? toma droga, y ni sentirás la inflación.



Los pasos fundamentales para no reconocer qué pasa.

josefina g. stegmann / madrid
Día 13/01/2015
Once años de populismo kirchnerista pasan factura a un país con un futuro muy incierto
ENRIQUE MARCARIAN
Dicen que los argentinos son exagerados. Vistos desde fuera están, aparentemente, incómodos en el equilibrio, en el término medio. Se dice que hablan mucho, analizan demasiado, que se hacen notar allí donde van, pero sobre todo, que alardean. Tratándose o no de un análisis sarcástico o cargado de ironía, la realidad es que hay algunos motivos que permiten explicar por qué los argentinos sientan un nada disimulado orgullo por la «patria».
Argentina es el octavo país del mundo con nada menos que 2.791.810 kilómetros cuadrados de superficie; cuenta con 43.131.966 millones de habitantes (estimados para 2015), un PIB de 609,9 mil millones de dólares …¿Qué pasa entonces en Argentina? ¿Por qué el orgullo se ve empañado por una realidad reconocida por sus propios ciudadanos que se contradicen y reniegan de un país que consideran no tiene solución? Y es que estos datos se ven oscurecidos por otros que han empujado al país a una situación de emergencia que en 11 años el gobierno «K» (teniendo en cuenta la legislatura de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner) no ha sabido controlar.
Pobreza y desnutrición
Argentina comenzaba el año con una noticia que conmovió al país. Néstor Femenía, un niño de 7 años moría de meningitis tuberculosa. Pero no fue esta la causa real de su muerte. Néstor pesaba solo 20 kilos. Había contraído esta enfermedad porque estaba desnutrido. «Esto tuvo repercusión pública pero cientos de chicos mueren así», asegura Abel Albino, médico y presidente de la Fundación CONIN que lleva desde 1993 combatiendo la desnutrición y la pobreza extrema. «He visto en Mendoza (provincia argentina) chicos dormir en un pozo en la tierra tapados con perros porque no tienen ropa de cama, abrigo, ni techo. Se tapan con sangre caliente», lamenta el reputado médico.
«He visto chicos dormir en un pozo en la tierra tapados con perros»
Albino se pregunta cómo un país, que es el sexto del mundo en riqueza y el primero en riqueza en relación a sus habitantes tiene un 30% de pobreza (12 millones de personas en total, de las cuales 3 millones son niños). «Aquí hay que tener voluntad política para hacer las cosas bien, un gobierno patrio que sea realmente argentino y que no venga a servirse sino a servir. Se necesita un pacto de gobernabilidad y políticas que se mantengan en el tiempo aunque cambien los gobiernos. Eso implicaría cloacas, agua corriente, luz eléctrica...dejar de gastar en estupideces como aviones presidenciales o viajes de políticos a costos exorbitantes». El símbolo de la pobreza argentina es el creciente número de villas (chabolas) que crecen de forma vertiginosa en todo el país.
El drama de la inseguridad
De acuerdo con un informe de la ONU (2013-2014) sobre seguridad ciudadana, Argentina es el estado de América Latina con más robos por habitante. En el país se registraron en 2011 973.3 robos por cada 100.000 habitantes superando a países «históricamente» inseguros como Brasil, México o Venezuela. Y ello sin tener en cuenta los robos que no son denunciados por desconfianza en la justicia o por dificultades para notificar estos delitos. El informe aclara, además, que en la región seis de cada diez robos son cometidos con violencia. En Argentina, ha crecido en los últimos años el fenómeno de los «motochorros» (chorro, término coloquial para designar a los ladrones). Los motochorros circulan por las ciudades dispuestos a arrebatar las pertenencias de los viandantes. Suelen ser dos personas que van generalmente armadas. Una se mantiene en el vehículo y la otra se baja, ya sea para asaltar a la gente a la salida de los bancos, romper los cristales de los coches o atacar directamente a la víctima. Pero esto es solo una pequeña muestra del panorama de la inseguridad argentina que incluye: homicidios, delincuencia organizada, extorsión o secuestros. Por este motivo, se ha venido incrementando desde 2001 la construcción de barrios cerrados. Se trata de urbanizaciones con acceso exclusivo a los propietarios, vallas electrificadas y personal de seguridad fuertemente armado.
Narcotráfico
Argentina se convirtió en un «paraíso narco». Desde los años 90 pasó de ser un país de tránsito a un país productor de droga. «Empezaron a funcionar las cocinas donde se rebaja la droga y se acondiciona, tanto para el consumo interno como para la exportación», explica Guilermo Camporini, fiscal de la ciudad de Rosario, en la provincia de Santa Fé, una de las más golpeadas por el narcotráfico. El país se ha convertido en un objetivo interesante para los narcos. «La ubicación geográfica la convierte en un lugar de acceso. Por ejemplo, Rosario es un lugar de paso de las rutas que vienen del norte, donde está Bolivia, por ejemplo, que produce cocaína». A ello se suma, «que se permitió que se asentaran los grupos de narcos porque se produjo un alto grado de corrupción policial. Los controles policiales no funcionaron y los asentamientos se hicieron cada vez mas fuertes», señala Camporini.
«Se permitió que se asentaran los grupos narcos por la corrupción policial»
Rosario fue la ciudad con más número de homicidios por narcotráfico en 2013 y 2014 y allí se dio el curioso fenómeno de los «búnkeres». Se trata de fortificaciones completamente cerradas donde los vendedores de droga, jóvenes de 16 años, se quedaban encerrados 12 horas y solo tenían una especie de buzón por el cual recibían el dinero y entregaban la droga. Camporini asegura que la situación está cambiando ligeramente. «Se tomó conciencia de que se llegó a un punto muy grave que se está tratando de revertir, pero tardaremos mucho tiempo en ver las soluciones», concluye.
Inflación y caída del consumo
La inflación es otro de los temas que más preocupan a los argentinos. La subida de precios se sitúa en el 30 por ciento, aunque los datos de los organismos oficiales, que se ha denunciado que están manipulados, la sitúan en torno al 15 por ciento. ¿Por qué hay tanta inflación? «Hay una emisión de la moneda superior al crecimiento de la economía. El gobierno necesita fondos para financiar su sistema, su modelo «K». Dichos fondos los obtiene ya sea por impuestos, deuda o emisión de moneda (pesos). Cuando se recurre a la emisión de moneda hay mucha circulación de papel y a la vez, no hay más bienes porque la producción está parada. Si la producción no crece y los bienes son los mismos con respecto a una moneda que crece en circulación, estos van a valer cada vez más. De ahí, la inflación. El productor, para resguardarse en un contexto de incertidumbre, sube los precios», explica el economista Federico Etchelecu. Pero, ¿por qué no se produce en la Argentina? «Porque hay poco incentivo a la inversión. Y sobre todo, existe incertidumbre».
«Se cerró el grifo de la financiación y a ello se sumó la inflación y la pérdida de empleo»
La inflación conduce a su vez a que la gente no quiera comprar. «El consumo fue el caballo de batalla de los “K” en la última década. La gente optaba por gastar porque tenía formas de financiación y porque si dejaba el dinero en el banco lo perdía, ya que si tienes una tasa de interés del 20% y una inflación del 30%, al final la tasa real es de -10. Pero la situación cambió. Se cerró el grifo de la financiación y a ello se sumó la inflación y la pérdida de empleo. Todo ello condujo al miedo y el consumo terminó cayendo», explica el economista Lucio Martínez.
Locura por el dólar
«El valor de las importaciones frenadas se sitúa en torno a los 5.300 millones de dólares. Se frenan para mantener las reservas y no perder dólares pero así pisan la actividad económica», señala Martínez. Además, «el gobierno quiere fomentar el consumo de bienes argentinos», añade Etchelecu. Pretenden evitar también que el dólar se dispare porque si así sucediera sería cada vez más caro importar, el peso se depreciaría y se volvería a aumentar la inflación. El gobierno, por lo tanto, le ha puesto trabas a la compra de divisas. Y lo hace porque sabe que en Argentina hay una tradición de «dolarizar» los ahorros. ¿Por qué? Por la incertidumbre, por la inflación, porque no se cree en la moneda, ni en la estabilidad del país. «Por ello, el gobierno manipula el tipo de cambio oficial», explica Etchelecu. Y como el mercado lo sabe, aparece un tipo de cambio paralelo. De ahí surgen las famosas «cuevas» que aluden al lugar donde se hacen estas transacciones ilegales pero normalizadas y de cuyos cambios informan hasta los telediarios.
Desinversión
«Han creado un modelo cortoplacista en todo el sentido de la palabra: solo les interesa comprar votos sin construir a largo plazo. Las partidas de educación o salud están al final. Todo lo que es energía, transporte y lo que impacta en el bolsillo del votante en el día a día es en lo único que invierten». La falta de inversión pública la vivió en sus propias carnes la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner al sufrir un esguince la última semana del año en su residencia de Río Gallegos, en la provincia de Santa Cruz. Fue trasladada al Hospital Regional pero como no funcionaba ni el tomógrafo ni el resonador tuvo que viajar a Buenos Aires.
Pero no solo no se invierte dentro, tampoco llega inversión extranjera. «Aquí sucede todo lo contrario a lo que un inversor quiere. Quiere un marco de certidumbre en las normas, estabilidad en las tasas impositivas, que la inflación no suba, que el tipo de cambio no cambie constantemente. Los inversores no tienen la certeza de lo que va a pasar en una semana», concluye Etchelecu. Los argentinos, tampoco.


Albino derribó mitos sobre la desnutrición


No es deshidratación, infección ni problema cultural, como dicen los gobernantes: "Es mala alimentación".
La desnutrición no da tregua y sus víctimas son los más excluidos de la región más pobre del país: los niños de los pueblos wichi, de Salta, y qom, de Formosa y Chaco.
La muerte en Chaco de Oscar Sánchez, de 14 años, que pesaba 11 kilos, recorrió el mundo. Su caso volvió a desnudar la ineficiencia del sistema preventivo de salud y el desamparo de las comunidades aborígenes. El adolescente qom murió en el Hospital Pediátrico de Resistencia, después de pasar por un puesto sanitario de El Impenetrable y los hospitales Néstor Kirchner, de Villa Río Bermejito, y Bicentenario Martín Miguel de Gemes, de la localidad de Juan José Castelli.
Pudo ocurrir en Salta, donde en los últimos cuatro años se registraron no menos de 23 muertes de menores aborígenes por inanición. Tal como ocurrió sistemáticamente en nuestra provincia, el gobernador chaqueño Jorge Capitanich, lo atribuyó a una "cuestión cultural". Los médicos hablaron de meningitis, neumonía y tuberculosis.
Fue hambre, en un país que es potencia alimentaria.
El doctor Abel Albino, fundador de Conin y desde hace unos años referente en esta materia, habló del caso y advirtió que "mientras no se tiene un buen diagnóstico no se puede llevar un tratamiento".
"Un chico mal alimentado tiene que hacer economía de guerra. Cancela su programa de defensas y cancela su programa de bomba de sodio. Como no tiene programa de bomba de sodio se deshidrata con facilidad. Como no tiene programa de defensa, se infecta con facilidad. Entonces hacen gastroenterocolitis, deshidratación. Eso es desnutrición".
Sobre la hipótesis de que la desnutrición es un problema cultural, Albino respondió que "cuando no hay educación siempre podemos decir eso. Pero tiene que haber educación. El país depende de que cada niño se controle".
Las familias aborígenes alimentaron a sus niños desde que el mundo es mundo. La realidad cultural es la exclusión, cuyas causas son complejas pero que los gobiernos de Chaco y Salta no asumen ni resuelven.
"El cerebro es el órgano que más rápido crece y el primer año marca la suerte del sistema nervioso central. Por eso es tan importante la alimentación en los primeros años de vida", dijo Albino.
"La desnutrición es el resultado final del subdesarrollo. Debemos hacer un abordaje integral de la educación nutricional, educación para la salud, lactancia materna, jardín maternal, jardín infantil, estimulación temprana, lectoescritura para analfabetos, escuela para padres, documentación y legalización de la familia, alcoholismo, inmunizaciones, agua corriente, agua caliente, luz eléctrica, cloacas... Así se combate la desnutrición. ­Una política de Estado! Si no, estamos paveando".
"En un país africano hay hambre porque falta el elemento físico para llevarse a la boca. Pero en la Argentina hay una patología social diferente; aquí hay desnutrición porque hay esos elementos; es un país que produce alimentos para 400 millones de habitantes y tiene territorio para producirlo para 1.500 millones. ­¿Cómo no va a mantener 40 millones?! Esa es la verdadera falla cultural", enfatizó Albino en una reciente entrevista con El Cronista.


 
¿Cómo incluir y que los chicos aprendan? Es la pregunta que desvela a la directora de un colegio en el que se unen dos realidades sociales extremas. Un film recién estrenado retrata ese desafío
Una escuela secundaria adonde los varones concurren con riguroso saco y corbata. A la que las chicas asisten con vestidos largos, discretamente maquilladas. Todos correctamente peinados, ceremoniosos, silenciosos, muy atentos a las palabras de su docente. Esta es la imagen final de los estudiantes del Colegio Sarmiento en el documental Después de Sarmiento, la reciente película de Francisco Márquez (ver trailer al pie de la nota).
Pero es la única vez que se los ve así: es la ceremonia de graduación, último día para los alumnos del quinto año.
La habitualidad es otra: gorros de todo tipo y color; capuchas, buzos, aritos, remeras con las inscripciones más raras y sobre todo zapatillas: muchas zapatillas de todas clases, modelos, marcas y colores. Y algunas de las chicas con sus bebés en brazos y otros chicos con una mirada que parece haber dejado la adolescencia hace rato. Y sus muecas. Y sus sonrisas. Y sus enojos. Y acentos de todo tipo en esta babel pedagógica: desde lunfardo bien porteño al formoseño, el jujeño, el paraguayo. Las diferencias laten.
El Colegio Sarmiento es una institución escolar de nivel medio que supo ser referente de las clases acomodadas de Buenos Aires. Está ubicado en el corazón del barrio de La Recoleta, el sector de mayores ingresos por antonomasia de la Ciudad, donde habita la clase alta tradicional: las avenidas parecen promenades parisennes, las galerías de arte se reproducen y los turistas preguntan por la tumba de Evita.
Para llegar al Sarmiento, los chicos de la Villa 31 cruzan Libertador, esa frontera nada imaginaria
El "Nacional Sarmiento" era la escuela a la que concurrían los adolescentes de ese barrio y que poseía una fama contradictoria, allá en los setenta: por un lado, se decía que sus estudiantes se habían enfrentado en trifulcas heroicas contra los "conchetos" del Champa [Colegio Marista Champagnat], la escuela privada religiosa cercana; por otro lado, se afirmaba que era una escuela copada por pequeños nazis vernáculos, miembros de la agrupación Tacuara o de la Alianza Libertadora Nacionalista y de otros engendros locales. Es probable que ambas versiones sean verdaderas, o quizás alguna otra que no me hayan contado. Lo cierto es que toda esa tradición se terminó cuando la clase media y alta de la Argentina decidió que abandonaría las escuelas públicas y enviaría a sus hijos a escuelas privadas.
El vacío, ese lugar normal que cantaba Cerati, fue llenado por los pobres del barrio que viven en la villa 31 de Retiro y que ahora pueblan la escuela, quienes para llegar deben cruzar las vías del ferrocarril y la Avenida Libertador: una frontera nada imaginaria; un límite hiperreal que permite identificar, claramente, que hay dos lados y que no se tocan. Los mismos dos lados del inicio del documental: el Himno a Sarmiento interpretado en su versión clásica por Kevin Johansen irrumpido violentamente por la versión cumbiera de Pablito Lescano de Damas Gratis condensan los dos lados de Libertador.
La película retrata en forma precisa la vida cotidiana de una escuela: momentos divertidos, aburridos, conflictivos. Allí acontece lo que en cualquier escuela: las profesoras tradicionales, las modernas, los recreos, el aburrimiento o la organización del centro de estudiantes. Pero todo esto aparece articulado por el deseo de una educadora, Rosana Levinsky y los profes del Sarmiento, de cambiar la realidad educativa, de incluir a los más pobres sin perder el interés por el conocimiento y la exigencia del pensamiento.
Este proyecto reconoce una grieta: los de la mañana (los "blanquitos"), los de la tarde ("los de Retiro")
Este proyecto reconoce una historia diversa y una grieta que divide a los alumnos: los de la mañana (los "blanquitos") y los de la tarde ("los de Retiro"), una división que, por ejemplo, impide armar un único centro de estudiantes: los de la tarde temen ser manipulados por los de la mañana, que no se los tenga en cuenta, que se los margine. Ahí todo es sospecha y hasta la rectora es victimaria: "Roxana te psicologea", dice uno de los de la tarde, advirtiendo sobre sus argucias argumentativas para convencer a los chicos.
Pero Roxana sigue, imbatible. Habla con los chicos, enseña literatura, estimula la reflexividad y la innovación. Debate las identidades de los estudiantes: la villa, el barrio, la capital, la provincia, el extranjero. Conversa con los preceptores, arenga a los profesores. Organiza equipos docentes. Crea talleres tutoriales y ayudantes para los chicos con más problemas escolares y emprende reuniones con ex alumnos: quiere que la tradición le juegue a favor pero no hay caso, ella misma le explica a un ex alumno: "Antes eran pobres, ahora viene el excluido que no es lo mismo que el pobre".
¿Cómo incluir y que los chicos aprendan? La respuesta es pedagógica: es la forma, el modo, la técnica y la pasión por enseñar lo que incluye y educa al mismo tiempo.
"Sólo llamaron a las escuelas que aceptan lo que el Ministerio propuso"
Por eso Roxana se ilusiona con la implementación de la denominada "Nueva Escuela Secundaria de la Ciudad" que propone "el Ministerio": quiere que la "nueva escuela" sea realmente nueva y se entusiasma estableciendo redes con otras instituciones, presentando proyectos, demostrando la banalidad del sistema de aprobación vigente desde hace un siglo y anunciando que varias escuelas de la Capital quieren imitar el proyecto del Sarmiento. Pero "el Ministerio" responde negativamente: "Sólo llamaron a las escuelas que aceptan lo que el Ministerio propuso" dice Roxana. Intentaban convencer a los de la tarde para que confíen en los de la mañana sin darse cuenta que todos son del turno tarde.
No soy crítico de cine, ya se habrá notado. Pero sé distinguir un proyecto escolar de un revoltijo burocrático (o tecnocrático) de palabras huecas (progres o conservadoras) que destilan deterioro educacional. Y es evidente que El Sarmiento es un gran proyecto educativo y que merece verse y debatirse Después de Sarmiento, la película documental que retrata ese gesto, a veces cotidiano, a veces heroico, pero siempre perseverante, imbatible, terco, que expresa la posibilidad de educar a todos, a pesar de todo.

Profesor de la Universidad Di Tella


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