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lunes, 3 de febrero de 2014

Vida y deuda

Por Javier Cornejo

Articulo publicado en el diario El Tribuno el 03-02-14

La aceleración de los sucesos que hacen a nuestro cotidiano vivir, que nos sumergen más y más en la instantaneidad de la fugacidad de nuestro existir, nos hace olvidar y, cada vez en mayor medida, desconocer absolutamente la razón, el motivo, de nuestra presencia en este planeta Tierra.
Por ello, hoy quiero abstraerme de las “urgencias” que sirven de tema diario y traer a esta columna los conceptos de Lyndon LaRouche producto de sus “encuentros” con Godofredo Leibinz:
Conceptos básicos en esta crisis existencial planetaria en que nos hundimos. Realidad que una vez reconocida, la pregunta importante es: “no sé si quedarán demolidos o no los rasgos de las creencias populares existentes, sino, más bien si las creencias alternativas que se escojan serán buenas o estúpidas”.
A partir de esta observación, es fácil concluir que la cuestión más urgente que se nos plantea es: “con qué criterio determinaremos si las nuevas creencias que se escojan serán venturosas o nos llevarán al desastre”.

Colonización cultural
Aquí es donde el punto crucial es la capacidad, el acervo espiritual, potencia de valores y propósitos morales con que un pueblo puede hacer frente a su futuro.
Desmantelada la común unión de las personas que componen una ciudadanía, nos convertimos en entes aislados y disgregados, asentados en una geografía que incluso consideramos locada, sin pertenencia.
Extirpado el amor a “nuestro lugar”, y aislados entre nosotros mismos, nuestro pueblo (convertido en “gente”) está condenado prontamente a perecer en manos de cualquiera o en un atroz auto-aniquilación producto de un inexistente horizonte.

Universo
Para usar un término de la actualidad global: al “desconectarnos” entre nosotros, nos aislamos de la “conectividad universal”, de la capacidad energética que nos permite formar parte integrante de la vida universal, biótica y abiótica.
Hoy, ante la comprobación que el polvo estelar del universo se encuentra compuesto por “agua” (1) nos revela que todo el universo es un único ser vivo del que todos formamos parte.
En tal comprensión es fácil concluir el grado de consecuencias que se producen cuando con nuestro “libre albedrío” alteramos esta divina ecuación: la vida.
A tal punto es imposible silenciar esta conclusión que el “padre” de los agujeros negros, el británico Stephen Hawking, ante esta decisiva comprobación estelar, se vio obligado a renunciar a sus postulados cuánticos, conmocionando a la comunidad científica a pocos días de tal comprobación, cuando el pasado 26 de enero en la revista New Scientist New England Journal of Medicine, contradijo toda su anterior teoría sosteniendo la inexistencia de los agujeros negros del universo. Sus palabras: “no existen porque no cuentan con lo que se conoce como un horizonte de sucesos”.
Si le sumamos los crecientes y reiterados descubrimientos de agua en todos los planetas del sistema universal, tal como el reciente de hielo en la superficie de Ceres, y su transporte por los asteroides, la negación de la vida es la contradicción flagrante a la naturaleza universal.
¿El señor Axel Kicillof podrá incorporar estos conceptos en sus recetas económicas con que pretende ajustar el cepo de nuestra esclavitud: “ la deuda perpetua”?.

(1) Laboratorio Nacional Lawrence Livermore de California Dr. John Bradley y colegas Rev. New Scientist del 22 de enero.

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