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jueves, 27 de junio de 2013

Banco Vaticano - Banco Mundial



Fuerte impulso del Papa a la reforma del banco vaticano

Internacional Roma/ Fuerte jugada de Francisco para poner orden en las cuentas de la Iglesia, sospechadas de irregularidades
26.06.13 Quiere llegar a una armonización del Instituto de Obras de la Religión con la misión de la Iglesia católica.La comisión está integrada por dos cardenales, dos obispos y una prestigiosa jurista estadounidense.

El papa Francisco ha tomado una de las decisiones más esperadas en este inicio de pontificado: el nombramiento de una comisión de investigación para reformar el llamado banco del Vaticano, el Instituto para las Obras de la Religión (IOR), envuelto desde hace años en numerosos escándalos financieros.
La oficina de prensa del Vaticano publicó ayer el documento firmado por el Papa el 24 de junio en el que se anuncia la creación de esta comisión, formada por cinco miembros y que tendrá carta blanca para investigar todo lo que ocurra en la sede del “banco de Dios”.
Mientras que la comisión para reformar la Curia, otra de las decisiones que se esperaban en este Pontificado, comenzará a trabajar en octubre; los que investigarán al banco están ya trabajando y, según el documento papal, podrán dotarse de “colaboradores y asesores” externos.
Además, el Papa da por hecho que contarán con la “colaboración de los dirigentes del IOR y de todo su personal” en sus investigaciones.
La oficina de prensa del Vaticano destaca cómo la creación de esta comisión es un expreso “deseo del Papa para conocer mejor la posición jurídica y las actividades del Instituto y para llegar a una mejor armonización del instituto respecto a la misión de la Iglesia católica”.
Esta decisión se enmarca “en el contexto más general de las reformas que sea oportuno realizar por parte de las Instituciones que ayudan a la Santa Sede”, dice la nota.
La comisión estará presidida por el cardenal italiano Raffaele Farina y compuesta por el español Juan Ignacio Arrieta Ochoa de Chinchetru, que será el coordinador, por el cardenal francés Jean-Loise Pierre Tauran, la jurista estadounidense Mary Ann Glendon y el asesor de la Secretaria de Estado vaticana, Peter Bryan Wells, será el secretario.
Por el momento, la comisión “recogerá documentos, datos e informaciones necesarias para el desarrollo de sus funciones institucionales”, sin obstáculos -añade el documento papal- porque “el secreto profesional y otras restricciones establecidas por el ordenamiento jurídico (del IOR) no limitarán el acceso a la comisión”.
Los miembros de esta comisión tendrán que informar periódicamente al Papa y entregarle un informe al final de su trabajo, que aún no se ha dado a conocer por cuánto tiempo durará.
No se trata de una intervención, pero el Santo Padre no quiere perderse ni un detalle de lo que ocurre en el IOR y para ello ya nombró el pasado 18 de junio a Battista Ricca, de 57 años, como nuevo prelado, una especie de secretario que puede participar a todas las reuniones de los órganos de decisión.
Los pasos de Benedicto XVI
Benedicto XVI también había intentado dar un cambio al instituto, al nombrar el pasado 15 de febrero al abogado alemán Ernest von Freyberg, de 55 años, nuevo presidente del IOR en sustitución del italiano Ettore Gotti Tedeschi, destituido el 24 de mayo del pasado año por el Consejo de Supervisión de esa entidad tras verse salpicado por una serie de irregularidades.
Son muchos los escándalos que han golpeado con fuerza al “banco de Dios”, como la quiebra del Banco Ambrosiano de Roberto Calvi, encontrado ahorcado bajo un puente de Londres en 1982, y que originó la quiebra de unas treinta empresas.
Aunque el Vaticano siempre rechazó cualquier responsabilidad, sí admitió su “implicación moral” y pagó 241 millones de dólares de la época a los acreedores de la entidad.
En enero se bloqueó el uso de tarjetas de crédito internacionales en el Vaticano cuando se descubrió que en una cuenta abierta por el Instituto para las Obras de la Religión (IOR) en un banco alemán circuló en un año una cifra cercana a los 40 millones de euros.
Informe Moneyval 
Moneyval, el órgano de control del Consejo de Europa para la lucha contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo, anunció ayer que en diciembre debatirá un nuevo informe sobre las finanzas del Vaticano. Moneyval publicó el año pasado su primer informe sobre el Vaticano, en el que celebró los progresos realizados e instó a evaluar los riesgos relacionados con el blanqueo y la financiación del terrorismo.
Según dijo el secretario ejecutivo de la entidad, John Ringguth, “en diciembre podremos ver los progresos que ha hecho el Vaticano en sus finanzas”. Y añadió: “Moneyval es consciente de su contribución significativa a la visibilidad del Consejo de Europa gracias a la publicación de su informe de evaluación detallado sobre la Santa Sede”. El Vaticano, con estatuto de Estado observador en el Consejo de Europa desde 1970, solicitó en 2011 que Moneyval evaluara su ley financiera y bancaria.

Artículo publicado en el diario El Tribuno en Noviembre de 2011


Tiempos acelerados
07.11.11 DR. JAVIER CORNEJO
En El Tribuno del 24/5/10 pág. 20 bajo el título: “Mundo nuevo no es mundo mejor” y un año después, el 13/6/11 titulado: “Finalizó la globalización”(II), exponía los disparadores del paso de la globalización hacia la mundialización, entendiendo por tal el férreo control del sistema global previamente armado.
El 24 de octubre pasado el Pontificio Consejo para la Justicia y Paz del Vaticano, presidido por el cardenal Peter Turkson, basándose en la encíclica de Benedicto XVI “Caritas in veritate”, propuso la creación de una autoridad política mundial y un banco central mundial. Ante tal noticia es preciso referir que Cristo ni siquiera quiso “tocar” con sus manos el dinero: “Mostradme la moneda del tributo” “Dad pues al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22,19-21; Marcos 12,15; Lucas 20,24-25). Categóricamente el “dinero” no es de Dios.
El Pontificio Consejo echa por tierra y destruye la base esencial de la “personalidad” de los estados: su soberanía. Denominando “surrealista” y “anacrónico” nada menos que a Nicolás de Cusa, el cardenal que logró poner fin a la Guerra de los Treinta Años, con la Paz de Westfalia (1648), con lo que se jalonó el principio de los estados nacionales soberanos cimentando las bases de la ciencia moderna y la revalorización de la verdadera economía física real (no financiera de dinero con valor intrínseco). Con ello se puso fin a la denominada “era de tinieblas” del siglo XIV, en la que la población existente fue reducida en un tercio, convulsionada en medio de una dramática crisis integral.
Curiosamente estos anuncios se formulan en situación de actual crisis global con un planeta con 7.000 millones de humanos y programas de reducción poblacional malthusianas por doquier , acordes con el MNS 200 de Henry Kissinger.
Basado en el inglés Thomas Hobbes, el cardenal Turkson reclamó: “Los estados deben ceder de manera gradual parte de sus soberanías a una autoridad política mundial y a un banco central mundial. Esta autoridad política mundial debe tener un horizonte planetario, siendo la expresión de un acuerdo libre y compartido entre los países. Por lo que el ejercicio de esta autoridad tendrá que ser necesariamente supra partes, creando mercados eficientes y eficaces para que no estén protegidos por políticas nacionales paternalistas. Y así promover una equitativa distribución de la riqueza mundial mediante formas inéditas de solidaridad fiscal global, regulando el sistema de los cambios monetarios y las actividades bancarias y financieras”.
Es de destacar que los recientes acontecimientos en Libia pueden servir como ejemplo a los países y jefes de Estado que no accedan a un “libre acuerdo” de cesión de sus soberanías. Curiosamente también, el argentino José Gabriel Funes, director del Observatorio Astronómico del Vaticano (Specola Vaticana) anticipa: “Abrir las conciencias hacia nuestro hermanos extraterrestres, que son también creación de Dios”.
Parece que los ecos del Banco Ambrosiano trascienden las galaxias globales e intentan acompañar el new age que se observa ya impuesto a la humanidad plena. 


Documento del Vaticano en Octubre de 2011


Por una reforma del sistema financiero y monetario internacional en la perspectiva de una autoridad pública con competencia universal
Nota del Consejo Pontificio Justicia y Paz
25 de octubre de 2011 | 5576 hitos
CIUDAD DEL VATICANO, martes 25 octubre 2011 (ZENIT.org).- A continuación les ofrecemos el texto en español tomado de Radio Vaticano de la Nota del Consejo Pontificio Justicia y Paz de la que dimos amplia información este lunes.
* * * * *

Prólogo
«La presente situación del mundo exige una acción de conjunto que tenga como punto de partida una clara visión de todos los aspectos económicos, sociales, culturales y espirituales. Con la experiencia que tiene de la humanidad, la Iglesia, sin pretender de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados, “sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu Paráclito, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido”».
Con estas palabras Pablo VI, en la profética y siempre actual Encíclica Populorum progressio de 1967, trazaba de manera límpida «las trayectorias» de la íntima relación de la Iglesia con el mundo: trayectorias que se cruzan en el valor profundo de la dignidad del ser humano y en la búsqueda del bien común, y que además hacen a los pueblos responsables y libres de actuar según sus más altas aspiraciones.
La crisis económica y financiera que está atravesando el mundo convoca a todos, personas y pueblos, a un profundo discernimiento sobre los principios y de los valores culturales y morales que son fundamentales para la convivencia social. Pero no sólo eso. La crisis compromete a los agentes privados y a las autoridades públicas competentes a nivel nacional, regional e internacional a una seria reflexión sobre las causas y sobre las soluciones de naturaleza política, económica y técnica.
En esta prospectiva, la crisis, enseña Benedicto XVI, «nos obliga a revisar nuestro camino, a darnos nuevas reglas y a encontrar nuevas formas de compromiso, a apoyarnos en las experiencias positivas y a rechazar las negativas. De este modo, la crisis se convierte en ocasión de discernir y proyectar de un modo nuevo. Conviene afrontar las dificultades del presente en esta clave, de manera confiada, más que resignada».
Los líderes mismos del G20, en la declaración adoptada en Pittsburgh en el año 2009, han afirmado que “The economic crisis demonstrates the importance of ushering in a new era of sustainable global economic activity grounded in responsibility”.
Recogiendo el llamamiento del Santo Padre y, al mismo tiempo, haciendo propias las preocupaciones de los pueblos – sobre todo de aquellos que en mayor medida sufren los efectos de la situación actual – el Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, en el respeto de las competencias de las autoridades civiles y políticas, desea proponer y compartir la propia reflexión “Por a una reforma del sistema financiero y monetario internacional en la perspectiva de una autoridad pública con competencia universal”.
Esta reflexión desea ser una contribución a los responsables de la tierra y a todos los hombres de buena voluntad; un gesto de responsabilidad, no sólo respecto de las generaciones actuales, sino sobre todo hacia aquellas futuras, a fin de que no se pierda jamás la esperanza de un futuro mejor y la confianza en la dignidad y en la capacidad de bien de la persona humana.
Peter K. A. Card. Turkson † Mario Toso, SDB
Presidente Secretario

Artículo publicado en el diario El Tribuno en Enero de 2012


Silencio ante un documento católico
16.01.12 DR. JAVIER CORNEJO
En El Tribuno del 7/11/11, en la página 20 y con el título “Tiempos acelerados” me refería al documento que el Pontificio Consejo Justicia y Paz del Vaticano hizo conocer el 24/10/11 bajo el título: “Por una reforma del sistema financiero y monetario internacional en la prospectiva de una autoridad pública con competencia mundial”.
Competencia
Analizando este documento se concluye que no resulta un trabajo relativo a cuestiones de fe, sino al ámbito económico- financiero, por lo que se trata de materia opinable.
En tal sentido surgen los siguientes interrogantes:
1.- Se advierte que el concepto de globalización es propuesto en una aceptación como una realidad inevitable e independiente de su valoración ética.
2.- No parece apropiado que la Iglesia proponga la creación de un Banco Central Mundial para regular el flujo de los intercambios monetarios (Por otra parte, la función de un Banco Central es la emisión monetaria). Resultando contradictorio que desde la Iglesia se plantee la instauración de una autoridad pública mundial en materia económico-financiera.
3.- Que contradiga los principios de los Estados soberanos logrados en 1648, con la Paz de Westfalia.
4.-Soslaya y pasa por alto las deudas de los Estados (en muchos casos fraudulentas, ilegítimas e ilegales) que son la verdadera causa del actual caos y crisis financiera (no de economía física real) de los países y del hambre de los pueblos.
5.- Se soslaya el comportamiento de los centros financieros privados, responsables y culpables de la crisis financiera global.
6.- Increíblemente propone la “recapitalización” de los bancos, cuando los grandes bancos y fondos financieros son los causantes del caos imperante. Evitándose mención de los paraísos fiscales y su papel en la concepción financiera internacional.
7.-Una noción de un “bien común universal” a base de la aceptación de hecho de un mundo que dependa de una autoridad mundial.
8.- Confusión de los órdenes de razonamiento espiritual y temporal de este documento de la Iglesia, que se proyecta de lo financiero al plano de una autoridad mundial.
9.- Se altera sustancialmente la posición crítica tradicional de la Iglesia Católica al mundo financiero dinerario.
Encíclicas
Contradice la autoridad de las encíclicas, tales como la “Quadragesimo ano”, del Papa Pío XI ( 1931) uno de los principales textos relativos a las relaciones entre economía, finanzas y Estado.
A la “Rerum novaro”, de León XIII, sobre la denuncia de la acumulación de riquezas y la tiranía económica en manos de unos pocos y el dominio tiránico del dinero sobre las finanzas y el crédito.
A la “Mater et magistra”, de Juan XXIII, sobre la cuestión social, la dictadura del dinero y el camino del lucro del poder que subordina los poderes públicos.
Llama la atención, y más el manto de silencio que le fuera impuesto, la presentación de un documento de la Iglesia Católica de tales características, que no se encuentra en línea con la doctrina y enseñanzas de las encíclicas papales referidas a las relaciones entre finanzas, economía y ética cristiana.

 

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