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jueves, 22 de mayo de 2014

Pescanova tendrá que desactivar una ‘bomba’ en Malvinas



El nuevo presidente de Pescanova tendrá que desactivar una ‘bomba’ en Malvinas
Vista general de una junta general de accionistas de Pescanova. (EFE)

21/05/2014
Al plato y a las tajadas. Pescanova es un pozo sin fondo en lo que concierne a su actividad internacional y a los problemas congénitos derivados del proceso de expansión auspiciado por Manuel Fernández Sousa. Ahora resulta que la multinacional tiene dos buques faenando en aguas británicas de las Islas Malvinas al mismo tiempo que trabaja en Argentina con una flota compuesta por casi una veintena de barcos pesqueros. Una situación desconocida a nivel oficial por el Gobierno de Cristina Kirchner y que puede producir un quebranto inesperado en las deterioradas cuentas del grupo gallego.
Los bancos del G-6 que se han hecho con el control de la compañía van a tener que sudar la gota gorda para que el levantamiento de la suspensión de pagos no se convierta en el preludio de una liquidación ordenada de los distintos negocios en el exterior. La eventual ‘guerra’ de Pescanova en las Malvinas es considerada dentro de la propia empresa como una ‘bomba de relojería’ que puede estallar en cualquier momento porque la legislación argentina prohíbe terminantemente la duplicidad de actividades paralelas en el archipiélago ocupado por el Reino Unido.
Pescanova no puede permitirse ningún desliz con las autoridades del país latinoamericano, donde opera desde hace años a través de su filial Argenova dedicada a la captura, procesamiento y comercialización de langostino, merluza negra y pota con destino a los mercados de España, Italia, Japón, Estados Unidos y China. La compañía entró en concurso preventivo en mayo de 2013 pero su evolución ha sido muy positiva desde entonces alcanzando niveles récord de facturación que garantizan la viabilidad del negocio a medio plazo.
La actividad en Las Malvinas es comparativamente más reducida y está concentrada básicamente en la pesca de pulpo, pero representa en todo caso un segmento esencial de la cuenta de resultados. No en vano, Pescanova genera un ebitda de casi 16 millones de euros con sus dos barcos factoría de 900 toneladas de capacidad y que emplean cada uno a casi 60 trabajadores. La desinversión obligada de este negocio constituye una amenaza latente que los nuevos dueños del grupo gallego tendrán que gestionar más pronto que tarde si no quieren enfrentarse a un proceso de expropiación como los que ya han padecido otras empresas españolas en Argentina.
Foto: Pescanova
El segundo ‘affaire’ y no menos importante que deberá afrontar Pescanova es la pérdida de Pesca Chile y su subsidiaria Acuinova, sociedad especializada en la producción de salmón. La filial chilena está bajo control de la administración concursal que ha emprendido el proceso de liquidación a fin de resarcir en la medida de lo posible a los distintos acreedores. Los responsables judiciales de la suspensión de pagos no confían en los planes industriales elaborados por el grupo desde España y quieren apurar con urgencia la venta de los negocios chilenos en aplicación de la ley de quiebras que existe en el país.
Pérdida virtual de las filiales chilenas
La ejecución de los negocios en Chile supondrá de entrada la desaparición del cultivo de salmón, pero además repercutirá también en el balance de la matriz, que tiene riesgos contraídos en estas filiales por valor de 90 millones de euros. Cabe recordar que la aportación de fondos frescos anunciada por los bancos para apuntalar el nuevo convenio de acreedores se sitúa en 150 millones de euros para todo el grupo. Estos datos inducen a pensar que algunos de los proyectos internacionales pasarán a segundo plano con el fin de asegurar la viabilidad de la compañía en España.
La definición de un plan industrial es precisamente la gran incógnita que pesa sobre el futuro de una empresa gestionada, de momento, con criterios estrictamente financieros. Pescanova está sumida en un proceso de transición a expensas del levantamiento de la suspensión de pagos y la más que segura salida de Juan Manuel Urgoiti como titular de la compañía. Los bancos desconfían del actual presidente pero quieren apurar su labor para que defienda los intereses del grupo y dé convenientemente la cara ante la junta general que debe celebrarse antes del 30 de junio.
El relevo de la cúpula directiva de Pescanova estaba planeado a un mes vista pero la filtración sobre la candidatura de Jacobo González-Robatto como presidente del grupo no ha sentado nada bien a Urgoiti. El antiguo consejero delegado del BBV ha pasado las de Caín en estos nueve meses de travesía por el desierto y no quiere sentirse otra vez utilizado como pieza de inventario, lo que obliga a buscar una solución pactada que puede complicar un poco más todavía las prioridades de la nueva Pescanova.
Lo más lógico es que el relevo se acelere en las próximas horas y esta misma semana el responsable de los negocios internacionales del Banco Popular sea designado nuevo presidente de Pescanova. González-Robatto tendrá el respaldo también de BBVA, Sabadell y La Caixa pero la verdad es que no se le arriendan las ganancias. 

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