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martes, 28 de julio de 2015

El monumento olvidado: La Capitana



 Juana Azurduy y Colón tienen su monumento...

Por Mario César Giordán
Especial para El Día
María Remedios del Valle, sin línea de historia en Argentina
¿por ser negra?

Hubo a lo largo de este 2010 muchos festejos, pero también mucho silencio en torno a la participación de la mujer en la Revolución de Mayo y en los años sucesivos hasta la Independencia.
Salvo algunas “damas aristocráticas” que la historiografía argentina ha salvado del olvido, la gran mayoría quedaron en el anonimato y peor aún, en la indiferencia.

Una de esas “mujeres olvidadas de la historia argentina” es MARÍA REMEDIOS DEL VALLE, a quien Belgrano designó como “LA CAPITANA”, grado que le otorgó por sus servicios en combate durante la Guerra de la Independencia.

Como tantos/as otros/as héroes nacionales, posee una característica que los iguala: es una olvidada.
Pero, ¿quién era María Remedios del Valle?

Poco se conoce de sus orígenes y fecha de nacimiento. Era negra y de condición humilde. Estaba casada y se sabe que tenía hijos.

Las primeras referencias de su participación en la guerra se remontan a la defensa de la ciudad, durante la primera invasión inglesa. Participó de la misma integrando el Cuerpo de Andaluces.
En 1810 se incorporó al Ejército Auxiliar para la expedición al Alto Perú, en compañía de su marido y de dos hijos. Sólo ella regresó viva de las campañas militares. Se había incorporado en esta operación comandada por el General Manuel Belgrano.

Unos días antes de la Batalla de Tucumán, se presentó ante Belgrano para que le permitiera atender a los heridos en las primeras líneas de combate, pero ante la negativa del general, y empecinada como era, se filtró entre la retaguardia y llegó al centro de la batalla, donde no sólo asistió a los heridos, sino que alentaba a los soldados a derrotar al enemigo. Ante tanto valor desplegado, los soldados comenzaron a llamarla MADRE DE LA PATRIA y Belgrano la nombró Capitana de su Ejército.

El 14 de noviembre de 1813, en la batalla de Ayohuma, se distinguió junto con otras mujeres por la atención que brindaron a los heridos en el frente. A este grupo de heroínas, la historia lo recuerda como las Niñas de Ayohuma.

Perdida la contienda, quedaron más de doscientos hombres muertos y otros tantos heridos. Más de quinientos fueron apresados por las tropas realistas comandadas por el general español Joaquín de Pezuela. Entre los prisioneros estaba la Capitana que había sido herida de bala. Durante su cautiverio, enferma y herida, organizó la fuga de varios oficiales patriotas, pero fue descubierta y sometida a nueve días de azotes públicos. Al final, pudo escapar y regresó a las escuadras patriotas.

Durante la jura de la Bandera en Jujuy, se la vio arrodillada junto al General Güemes y a Juan Antonio Álvarez de Arenales, uno de los hombres más destacados de Belgrano.


El historiador Carlos Ibarguren la recuerda de esta manera: “En la recova de la plaza de la Victoria o en el atrio de San Francisco, de San Ignacio o de Santo Domingo, veíase arrebujada en un manto de bayetón oscuro a una vieja mendiga, conocida en el barrio con el apodo de “La Capitana”, su figura era familiar a los vecinos: encorvada y magra, diríase la imagen mísera de la senectud con su tez terrosa y arrugada, su boca hundida sin dientes y sus ojos empañados.
Con voz débil ofrecía en venta a los transeúntes pasteles, tortas fritas o fruta que llevaba en una batea; a veces imploraba, por el amor de Dios, una limosna… Aterida de frío en invierno, chapaleando barro bajo la lluvia o sofocada por el sol de enero, recorría el mismo trayecto cotidiano en procura de su pan. Era cliente de los conventos donde comía la sobra y los desperdicios que le daban”.

En su diario caminar en busca del sustento diario, un día fue reconocida por el General Juan José Viamonte, compañero en la Campaña al Alto Perú. Conmovido decidió darle protección. Como diputado en la Junta de Representantes de la Pcia. de Buenos Aires presentó el 11 de octubre de 1827 un proyecto para reparar del injusto abandono en que se encontraba y otorgarle una pensión por los servicios prestados a la causa de la Independencia. Recién en julio de 1828 se debatió el tema. Tras largos debates se decidió otorgarle una pensión, componer una biografía para recordar su trayectoria patriótica y levantar un monumento en su homenaje. Sin embargo los años pasaron y esta mujer, la “Madre de la Patria”, “La Capitana del Ejército del Norte” jamás llegó a cobrar la pensión y siguió mendigando por las calles porteñas a donde llegaba de lejos, donde tenía su rancho.

El Estado burocrático venció y La Capitana murió como había vivido: en la indigencia y en el olvido; sin monumento que le rinda homenaje y sin una crónica que rescate su vida del olvido.
María Remedios del Valle representa “la pasión patriótica, el altruismo y el valor de las mujeres que contribuyeron a darnos patria”.

Documentación consultada:

* Ibarguren, Carlos: “En la penumbra de la Historia Argentina”. Edit. La Facultad – Bs. As. 1932. Pág. 7-14
* Repiso, Jorge. Periodista e investigador. Publicación de Internet.

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