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viernes, 31 de julio de 2015

Orígenes de la banca dueña de Hispanoamérica



OLIVER CROMWELL, LA REPÚBLICA INGLESA, EL SIONISMO Y EL INTERES EN HISPANOAMERICA

Las citas y bibliografía correspondientes en la edición impresa.

Extracto del ensayo: “Atando Cabos. Crónica histórica para un argentino despistado” de Francisco Hotz.
1.er Lord Protector de la Commonwealth de Inglaterra,
Escocia e Irlanda
16 de diciembre de 1653-3 de septiembre de 1658

LA MISIÓN DE CROMWELL

Volvamos en el tiempo, ubiquémonos en el siglo XIII, época conocida como “Alta Edad Media”.
En el año 1290, el rey Eduardo i de Inglaterra, más conocido como el “Piernas Largas”, publicó el Edicto de Expulsión de las comunidades de judíos de su reinado (lo mismo había ocurrido ya en Francia en 1182 con Felipe Augusto y ocurriría en 1306 con Felipe IV, el hermoso). Las razones no están claras en los textos históricos; hay quienes por un lado hacen alusión al problema económico que generaban los préstamos usurarios que realizaban aquellos que ejercían la orfebrería y quienes, por el otro, sostienen que fueron expulsados para la confiscación de sus importantes propiedades.
Los cierto es que desde entonces y hasta la victoria de Oliver Cromwell 360 años más tarde, los judíos no pudieron volver a Inglaterra; esta decisión fue en todo momento apoyada por los comerciantes vernáculos, quienes veían en esta comunidad una amenaza y competencia para sus intereses comerciales.
Con el derrocamiento de la monarquía en manos de Cromwell, los dirigentes hebreos del resto de Europa, en especial el rabino de origen portugués radicado en Ámsterdam, Menasseh Ben Israel (cuyo nombre verdadero era Manoel Dias Soeiros), hicieron  intentos para lograr la derogación del Edicto de Eduardo i, todo a sabiendas de la simpatía de Oliver Cromwell para con la comunidad israelita.
Para ese entonces, Menasseh Ben Israel era una personalidad importante en Holanda, fue el fundador de la primera imprenta hebrea del país bajo (por entonces Provincias Unidas) y un rabino de gran influencia, habiendo sido condecorado con el carácter de Maestro “Haban” – expositor del Talmud –, sobre todo en la comunidad Shalom Neveh en la que fue nombrado rabí. Su popularidad e influencia fue tal que el mismo Víctor Hugo se refiere a él en su obra Cromwell de 1827, donde se puede leer en la escena IV una conversación en la que el rabino comunica a Cromwell que su hijo conspiraba en su contra:
Cromwell.- (Riendo.) Tú lo ves todo al través del dinero; mi hijo es ligero y tiene relaciones locas. Pero nada más.
 Manassé.- Pagan sin contar las monedas, eso es mucho.
 Cromwell.-Vamos, vete.
 Manassé.-Perdón, señor, pero ya que tengo el honor de serviros algunas veces, quisiera como recompensa que hicierais abrir nuestras sinagogas y revocar la ley que rige contra los astrólogos.
 Cromwell.- (Despidiéndole con un ademán.) Ya veremos.
 Manassé.- (Inclinándose hasta el suelo.) Os beso los pies. (¡Viles cristianos!)
 Cromwell.-Vive tranquilo. (¡Judío inmundo, digno de la horca!)

Como veremos enseguida, Ben Israel creía que la expansión de su pueblo por todo el mundo permitiría la vuelta profética a la tierra prometida, hete aquí su interés en llegar a un acuerdo con Cromwell que le posibilitara a su pueblo regresar a la por entonces máxima potencia marítima del mundo (fuerza naval que permitiría la expansión).
La primera aproximación a Cromwell fue llevada a cabo el 3 de noviembre de 1654 por el hijo de Ben Israel, Samuel Soeiro, y un converso español que tras mudarse a Ámsterdam se puso al servicio del reino holandés para informar del poderío económico y militar de España, un tal Manuel Martíenez Dormido – David Abraham Dormido/ David Abrabanel Dormido–, importante comerciante y pirata perteneciente a una familia de rabinos españoles, hombre  que no titubeaba en el uso de su posición a cambio de favores gubernamentales para él y su familia, personaje particularmente comprometido en el apoyo a los esfuerzos para establecer una colonia Sefardita en Londres y también en las colonias británicas, quien tras conocer a Ben Israel, adhirió a su causa. Esta primera entrevista con Cromwell en 1654 no tuvo éxito formal, sin embargo, de hecho comenzó la inmigración, logrando llamar a asamblea para discutir el tema públicamente en 1655.
Lo cierto es que durante el gobierno de Cromwell nunca hubo un pronunciamiento oficial por parte del gobierno británico sobre la derogación del edicto de expulsión, no obstante lo cual y en forma implícita, se comenzó a aceptar el ejercicio del culto religioso, creándose un tiempo después el aún en pie cementerio sefardí “Velho” de Londres, el más antiguo de la ciudad, y convirtiéndose Ben Israel en el presidente de la primera sinagoga londinense. Por lo tanto, podemos deducir que el astuto Oliver, haciendo la vista gorda, derogó de hecho la disposición de Eduardo i.
No es menos importante remarcar que hasta aquí –y como veremos a continuación –, las caras visibles de la comunidad israelita de Ámsterdam eran sefaradíes portugueses o españoles que llegaban a la ciudad buscando refugiarse de la Inquisición, he de aquí que tras instalarse en el país bajo adopten sus nombres y apellidos religiosos, como Menasseh Ben Israel (Manoel Dias Soeiros) o David Abraham Dormido (Manuel Martíenez Dormido). Es factible entender –y así lo entiende Cecil Roth– que el motivo principal por el que Ben Israel decidió que sea David Abraham Dormido / David Abrabanel Dormido quien acompañe a su hijo a la entrevista con Cromwell, era el acabado conocimiento que éste tenía del poderío militar español dada su conocida fama de pirata asaltador de buques españoles, popularidad que le hizo acreedor del seudónimo “Capitán Davis”. De manera que, presumiblemente, los dominios españoles en América fueron parte integrante del orden del día de ese primer encuentro, suposición para nada descabellada ya que, como veremos a continuación, Ben Israel y otro correligionario portugués tenían gran interés en la zona andina americana y estrecha relación con los piratas judíos que acechaban las américas.


CROMWELL, EL TRAIDOR

Existe una extraña coincidencia relativa a la ciudad de Ámsterdam (desde donde operaba Menasseh Ben Israel), Ebenezer Pratt, uno de los miembros de la comunidad de la cual Ben Israel era líder espiritual y Oliver Cromwell.
En un artículo que data del 3 de septiembre de 1921, Lord Alfred Douglas —quien fuera amante de Oscar Wilde— publicó el contenido de una correspondencia relacionada con la trama que se escondía detrás de la ejecución de Carlos i de Inglaterra (1600-1649). Según él, varios volúmenes de registros habían sido encontrados por los administradores de la sinagoga de Mulheim, Alemania, por su amigo, un tal L. A. Van Valckert. Decía Douglas que habían sido escritos en alemán, que estaban perdidos desde las guerras napoleónicas y que en los mismos había  una misiva enviada el 16 de Junio de 1647 por Oliver Cromwell a Ebenezer Pratt, un puritano de origen judío residente también en Ámsterdam, solicitándole ayuda financiera para la revolución a cambio de la readmisión de los judíos en Inglaterra. La carta se enviaba en estos términos:
Ejecución de Carlos I de Inglaterra

"A cambio de apoyo financiero propugnaré la admisión de judíos a Inglaterra; esto, sin embargo, imposible mientras Carlos viva. Carlos no puede ser ejecutado sin juicio, los fundamentos suficientes para el cuál actualmente no existen. Por lo tanto, aconsejo que Carlos sea asesinado, pero no tendré nada que ver con procurar un asesino, aunque deseando ayudar con su escape".

La réplica de Ebenezer Pratt data del 12 de julio de 1647:

"Concederé ayuda financiera tan pronto como Carlos eliminado y judíos admitidos. Asesinato demasiado peligroso. A Carlos debe ser dada la oportunidad de escaparse. Su recaptura hará entonces el juicio y la ejecución posibles. El apoyo será liberal, pero inútil discutir términos hasta que el juicio comience".

Así lo pedía Pratt a Cromwell y así se hizo. Para el 04 de junio de 1647 el rey se alojaba como prisionero en el palacio de Holmby en Northamptonshire cuando un grupo de 500 revolucionarios al mando del capitán George Joyce irrumpió y lo trasladó a Newmarket para luego permitirle escapar a la Isla de Wight, donde fue posteriormente detenido. Tras el intento de escape, la Cámara de los Comunes decidió enjuiciarlo. Ni un solo abogado inglés estaba dispuesto a elaborar un acta de acusación contra su soberano, sin embargo el rey se vio obligado a participar en un juicio ante un Tribunal Superior de Justicia en el que dos tercios de sus miembros eran acólitos a los intereses de Cromwell. Carlos se negó a alegar y fue declarado culpable.

“El príncipe de Galles escribió á Fairfax (Thomas Fairfax, General de Cromwell) y al consejo de oficiales, con esperanza de despertar en su corazón algún sentimiento de lealtad. Los comisionados de Escocia protestaron oficialmente en nombre del reino contra todo lo que pasaba. Se anunció la próxima llegada de una embajada de los estados generales enviada para intervenir en favor del rey. Ya el mismo John Cromwell, oficial al servicio de Holanda, y primo de Oliverio, estaba en Londres, quejándose al teniente general y casi amenazándole.”

 Al momento de su enjuiciamiento en manos del tribunal, el rey se dirigió al pueblo exclamando “Acordaos que el rey de Inglaterra es condenado sin que le sea permitido dar sus razones en favor de la libertad del pueblo …Pido ser oído en la cámara de los lores y comunes, sobre una proposición, que importa mucho más a la paz del reino y a la libertad de mis súbditos que a mi propia conservación” y luego, tras la afirmación que hizo John Bradshaw (presidente del tribunal de enjuiciamiento) de que esa decisión la había tomado el pueblo de Inglaterra, desde la muchedumbre se escuchó “¿dónde está el pueblo? donde su consentimiento? Oliverio Cromwell es un traidor”, y la multitud gritó "Dios salve al rey". El 28 de enero el rey lo pasó junto al obispo.

 “Dejemos esto, milord, le dijo Carlos; no tenemos tiempo de ocuparnos en ello, pensemos en nuestro grande negocio, es preciso prepararme para comparecer ante Dios, a quien dentro de poco tendré que dar cuenta. Espero hacerlo con sosiego, y que vos me ayudareis. No hablemos de estos miserables en cuyas manos estoy; están sedientos de mi sangre y la tendrán; que se haga la voluntad de Dios.”
Un día antes de ser decapitado, el 29 de enero de 1649, puso sobre sus rodillas a su hija, la princesa Isabel y a su hijo, el príncipe Enrique, duque de Gloucester. Tras explicarles qué iba a ocurrirle a su padre, les regaló sus joyas – la cruz de San Jorge y de la Jarretiere, todas destrozadas  –y se dirigió a Enrique diciendo:

“Está atento, hijo mío, a lo que te voy a decir: tú no debes ser rey mientras vivan tus hermanos Carlos y Jacobo, porque ellos (los mercenarios revolucionarios) cortarán la cabeza a tus hermanos si os pueden atrapar, y acabarán con cortártela a ti igualmente; te mando no consientas jamás en ser rey nombrado por ellos. —Mas pronto me dejaré hacer pedazos, respondió el niño conmovido –.”
 
Jacobo II de Inglaterra
Al día siguiente y sin el consentimiento de la Cámara de los Lores, el rey sería decapitado y Cromwell pasará a la historia chica de Inglaterra. Tal fue su traición a los intereses del pueblo inglés que una vez muerto Cromwell y la monarquía reestablecida con Jacobo II, hijo de Carlos I, su cadáver fue colgado de la mañana hasta las cuatro de la tarde junto a los otros dos regicidas, John Bradshaw, presidente del tribunal y Henry Ireton, yerno de Cromwell y firmante también su sentencia, luego fue decapitado y su cabeza se exhibió en un pico en el Salón Westminster.
El interrogante que deviene es el siguiente. De ser todo esto cierto, ¿qué relación habría entre Ebenezer Pratt, Ben Israel y la revolución que inició Oliver Cromwell? La pregunta es imposible de eludir, dado que los dos primeros bregaban por el mismo fin, desde el mismo lugar y en forma simultánea, teniendo ambos contacto directo con Cromwell. Por otra parte, ¿quién o quiénes financiaron verdaderamente al ejército de Cromwell, acabando con la monarquía inglesa y permitiendo al pueblo hebreo —compuesto en su inmensa mayoría por comerciantes y banqueros holandeses— volver a Inglaterra? El sacerdote argentino Julio Meinvielle no duda en afirmar que la revolución inglesa de Cromwell fue financiada por Manasseh Ben Israel y Ebenezer Pratt junto a Antonio de Carvajal (otro portugués referente de dicha comunidad en Londres que aparece en reiteradas ocasiones firmando documentos y solicitudes en representación de esta), así como también la de 1689 (La Revolución Gloriosa) lo fue por los banqueros internacionales de Ámsterdam, Salomón Medina, Suasso y Moisés Machado, lo mismo afirma, entre otros, el autor Robert Akers en Sibling Rivalry on a Grand Scale: The Devil's in the Details. Nuestra tesitura comparte estas afirmaciones, sobre todo en la inteligencia de que el pueblo inglés aún hoy mantiene su sistema monárquico vigente, ya que la república solo subsistió mientras Cromwell interfirió; además, sustentados en la documentación citada y en los hechos que se relatan a continuación, no podemos dejar de sospechar que la fuente de sus recursos provino de aquellos que se beneficiaron a partir de lo que Cromwell logró: la vuelta del pueblo judío de Holanda a Inglaterra, el cambio de la religión, la deposición de los Estuardo, la entrega de las riendas políticas del imperio a la Cámara de los Comunes y la instalación del interés sobre los dominios españoles en américa.


Como señalamos arriba, el interés del rabino en volver a Inglaterra estaba amparado en su creencia en que la reunión de las diez tribus hebraicas esparcidas sobre toda la tierra permitiría la venida del mesías. Sin embargo, sus anhelos iban más allá de las islas del Reino Unido: él sostenía que los americanos, especialmente “los indios de los andes de América del Sur” eran descendientes de las diez tribus perdidas de Israel, creencia que plasmó, junto con la nombrada en primer término, en su obra titulada Origen de los Americanos. Esto es Esperanza de Israel. Él estaba persuadido de que al menos una parte de los indios americanos todavía seguían ritos religiosos.
Esta teoría había sido revelada al rabino por el viajero portugués Aharon Leví, alias Antonio Montezinos (cuya imagen terminó siendo el sello de la imprenta de Ben Israel), hombre que le relató que en uno de sus viajes en Centroamérica  –específicamente en el Puerto de Honda –, conoció a un indio mestizo llamado Francisco del Castillo, quien le confesó que su tribu era hebrea y que las crueldades y tiranías hechas por los españoles serían vengadas “por vía de una gente oculta”, este indio supuestamente también le declaró que “los que quisieren venir a vivir con nosotros, les daremos tierras” y que sus “Mohanes” –hechiceros– , quienes “hablaban por boca de hebreos sabios” habían dicho que:

 “El Dios destos hijos de Israel, es el verdadero Dios, todo lo que está escrito en sus piedras, es verdad; al cabo de los tiempos, ellos serán señores de todas las gentes del mundo, vendrá a esta tierra gente que os trayga muchas cosas, y después de estar toda la tierra abastecida, estos hijos de Israel saldrán de donde están, y se enseñorearan de toda la tierra, como era suya de antes. Algunos de vosotros que quizierdes ser venturosos, pegaos a ellos…”(sic).

A lo largo de su obra, Ben Israel intenta yuxtaponer fundamentos bíblicos con costumbres comunes entre indios y hebreos, por ejemplo la circuncisión, que según él, los totones y los mejicanos practicaban, o el descanso los sábados, así como el impedimento a las mujeres recién paridas de ingresar a los templos. También, respecto a las predicciones de los indios hechiceros sostiene:

“Y quien sabe, si el pronóstico de los Moanes, que refiere nuestro Montezinos, tendrá brevemente cumplimiento (…) La declaración de los Mohanes, o hechizeros, acuerda con lo que se dize en el 4. de Ezras, acerca de los milagros que Dios usó con los Israelitas, al passar del rio Euphrates (sic)”.

Apunta al respecto quien fuera el precursor del Centro de Estudios Judaicos de la Universidad de Chile y la máxima autoridad en lo que a historia del pueblo judío en Hispanoamérica atañe, Profesor Günter Böhm:

…llegaba a la conclusión (Ben Israel) de que aquéllos (los indios de América del Sur) descendían de las doce tribus de Israel y que habían llegado a América en tiempos remotos. Basándose en un texto del profeta Daniel (12, 7) y de la Biblia (Deuteronomio: 28, 64) creía que la vuelta a la Tierra Prometida de los judíos se iba a realizar en el momento en que la dispersión total del pueblo judío se haya completado en todo el mundo, «de un extremo al otro de la tierra». Faltaba, según su opinión, únicamente la readmisión de los judíos en Inglaterra para que se completara la dispersión profetizada y empezar así la gran liberación mesiánica. Para este fin tradujo su libro al latín, dedicando esta edición al Parlamento Inglés y al Consejo del Estado. En esta ocasión recibió el apoyo de un grupo de puritanos (calvinistas) ingleses, entre ellos John Dury, John Sadler y Sir Edward Spencer que concordaban con su punto de vista.


La biografía de Menasseh Ben Israel realizada por el historiador y académico británico Cecil Roth (historiador judío de gran prestigio) bajo el título “A Life of Manasseh ben Israel rabbi, printer, and diplomat” publicada por primera vez en 1934 por la Jewish Publication Society Of  America, es tal vez la mejor fuente respecto a la vida de este rabino. En su obra, Roth desestima la veracidad de los hechos relatados por Montezinos, catalogándolo de “relato fantástico”, sin embargo, años más tarde, una descendiente del propio Montezinos llamada Elizabeth Levi de Montezinos residente en Nueva York publicó un documento del Archivo Histórico Nacional de Madrid que corroboraría parte del relato de Montezinos, confirmando su arresto y encarcelamiento por la Inquisición durante su viaje por Sudamérica.



Lo interesante de esta publicación es la afirmación que hace Elizabeth Levi acerca del propósito final de Montezinos. Según su propia familia, Montezinos resume sus planes al decir:

"Desta tierra no te dé cuydado, que todos los indios tenemos a nuestro mandado, en acabando con estos Españoles iremos a sacarvos a vos otros del captiverio en que estays, si quisiere Dios que si quererá, que su palabra no puede faltar" (sic).


Por lo que queda claro que Montezinos deseaba acabar con la presencia española en América logrando así la liberación de sus correligionarios, propósito que indudablemente persiguió Ben Israel y factiblemente haya motivado la presentación del primer plan de invasión a la América española presentado por Simón de Cáseres el mismo año en que Ben Israel logra la readmisión en Inglaterra mientras publica Esperanza de Israel.
Estos hechos deben ser atendidos en relación a la interpretación de Joseph D. Benmaman, para quien  Elizabeth Levi de Montezinos vio en su ancestro Antonio de Montezinos al precursor del sionismo.
Rematando, no podemos dejar de mencionar que Nahum Sokolow, autor de Historia del Sionismo (1918), comienza su obra mencionando a Ben Israel como el padre del mismo, posición que compartimos, sobre todo en la inteligencia de que fue éste rabino el precursor en la interpretación talmúdica de que el mesías no debía ser pasivamente aguardado, sino que debía impulsarse la vuelta a Sion –para la cual la readmisión en Inglaterra era primordial –.  


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