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martes, 21 de octubre de 2014

Desnudar a la Reina



domingo, 19 de octubre de 2014
Por Enrique Avogardo
"Algunos causan alegría donde quiera que vayan; otros, donde quiera se vayan". Oscar Wilde

La enorme presión del fondo MNL, de Paul Singer, que sólo mostró una puntita de lo mucho que sabe sobre las rutas del dinero Bóvedas Báez/Kirchner y Timba López/Kirchner por el mundo entero, y el natural terror que generó en el ánimo de la Presidente la certeza de quedar desnuda, hizo que cambiara radicalmente la postura del Gobierno respecto a la anunciada negativa a negociar después del 1° de enero de 2015, cuando el artificial argumento de la cláusula Rufo haya dejado de tener vigencia.

El viernes se supo que Alejandro Vanoli, Presidente del Banco Central, comentó ante un grupo de banqueros internacionales que el Gobierno sí negociará entonces; está por verse cuánto durará ahora en su sillón, ya que la Casa Rosada estará tironeada entre dos frentes: cambiarlo, a días de su nombramiento, sería un nuevo papelón mayúsculo; mantenerlo, iría contra la costumbre de matar a quienes dejan filtrar información reservada.

Como Cristina había exigido pegarse un nuevo tiro en el pie, el obediente Congreso sancionó hace poco la Ley de Pago Soberano, que impide ofrecer a los fondos buitre algo más que lo que fue aceptado por quienes entraron en los canjes de 2005 y 2010. Este escollo legal, pequeño para quien está dispuesta a transgredir todas las leyes, Constitución Nacional incluida, no será nada en comparación con el arduo trabajo que deberá desarrollar el área de comunicación del Gobierno para transformar, en el discurso militante, el lema "Patria o buitres" en otro que transfigure a las aves carroñeras en simpáticos canarios; resultará patético observar como digieren los "pibes para la liberación" la sopa de afiches que deberán tragar y aplaudir.

De todas maneras, auguro que este tardío arreglo con quienes obtuvieron sentencias favorables en las cortes norteamericanas no redundará en la lluvia de dólares que el Gobierno espera para transitar, con cierta tranquilidad, el final de su prolongada década. Así, sin dinero y con un panorama económico-social a punto de explotar, sólo le ha quedado el desesperado intento de aterrorizar a quienes reciben tantos planes y subsidios con el fantasma de una oposición aniquiladora; Alfredo Leuco, en su columna de ayer en el diario Perfil, se preguntó si esa campaña para infundir miedo no se refería en realidad a su prolijo inventario de las atrocidades que se cometieron en estos años.

La opinión pública y el periodismo independiente están contemplando, azorados, la falta de iniciativa de todos los "presidenciables" para intentar recuperar el centro de la escena política, ocupada hoy exclusivamente por doña Cristina, dueña de una innegable capacidad de generar hechos que, aunque carezcan de efectos prácticos, consiguen concitar un debate de bajísimo nivel pero no por ello menos efectivo a la hora de ganar los títulares de los diarios.

Quienes desempeñan el rol de opositores en ambas cámaras del Congreso sufren, día a día, el peor "ninguneo" imaginable de parte de sus colegas del oficialismo quienes, escudados en la obligación de responder a mayorías circunstanciales ya perdidas -como quedó demostrado en octubre de 2013-, ejercen su papel de meros votantes formales de todos y cada uno de los disparates que el Ejecutivo envía para su aprobación. El resto de los partidos con representación parlamentaria resulta así totalmente incapaz de modificar la agenda que impone la Casa Rosada, aún cuando ésta contenga iniciativas suicidas o se transformen en simples dibujos, como el Presupuesto Nacional.

En los últimos tiempos, y en los que seguirán hasta que el kirchnerismo abandone -por las buenas o por las malas- el poder, han pasado y pasarán por el Congreso leyes trascendentales para un futuro mensurable en décadas, como el nuevo Código Civil y Comercial, la citada Ley de Pago Soberano, la Ley de Abastecimiento, la Ley Antiterrorista, los futuros nuevos Código Penal y Procesal Penal, la limitación de las medidas cautelares y de la responsabilidad del Estado y sus funcionarios, los acuerdos secretos con el Club de Paris, con Repsol, con Chevron, con China y sus swaps y su base en la Patagonia, con Rusia y, en general, el alineamiento internacional que Cristina nos está imponiendo con estos verdaderos campeones de la libertad y de los derechos humanos. Muchos de esos proyectos, hay que recordarlo, fueron acompañados por algunos idiotas útiles que aún creen ver buenas intenciones tras las iniciativas oficialistas.

De cara a la ciudadanía, y como se ve en todos los medios de comunicación, la oposición está siendo esmerilada por la irremediable falta de acción activa a la que la condena la forma atomizada en que los argentinos hemos votado. En general, los ciudadanos de a pie ignoran quiénes fueron los legisladores que formaron parte de la "lista sábana" que eligieron en cada oportunidad y, mucho menos, saben cómo votaron cada uno de los proyectos que envió el Ejecutivo.

Para cambiar esa imagen, me permitiré formular una sencilla propuesta a todos los senadores y diputados que hoy integran ese confuso magma que, aún oponiéndose, no consigue siquiera unificar su discurso en temas tan absolutamente graves.

Les sugiero que, cada vez que se llame a sesión, en cualquiera de las cámaras, no solamente no presten su presencia para dar quórum, dejando al oficialismo y a sus aliados en soledad, sino que se reúnan en la Plaza de los Dos Congresos. Si es necesario, que armen allí una carpa, como la que tuvieron tantas organizaciones sociales, para sesionar en paralelo; que pasen lista de los presentes y que, tanto la concurrencia cuanto cada una de las intervenciones, sean difundidas en tiempo real por los medios de prensa. Esta conducta permitirá a los argentinos saber quién es quién, y cómo cada uno de ellos representa a sus mandantes y a los intereses de éstos y evitará que el desgaste al que los somete el oficialismo siga contribuyendo al desprestigio de toda la actividad parlamentaria.

Así, la desnudez de la Reina quedará expuesta, y se verá que sólo cubren sus cada vez mayores impudicias los legisladores cómplices que pretenden conservar sus prebendas y, para ello, están dispuestos a cometer las más injustificables bajezas. Si la oposición no asume, ya mismo, una actitud como la propuesta, u otra similar, demostrará que es verdaderamente incapaz de comandar, en el corto plazo, la indispensable recuperación de la Argentina.

Cuando el hombre comenzó a organizarse en comunidades, creó una organización, a la que llamó "estado", para encomendarle algunas funciones básicas para la vida en común:  la creación de una moneda que permitiera las transacciones superando al trueque, la seguridad de la comunidad, la salud y la educación de sus miembros, la defensa pública y la administración de justicia. Desde ese punto de vista, resulta claro ya que el nuestro es un Estado fallido, puesto que no está cumpliendo -ni se encuentra en condiciones de hacerlo- ninguna de esas funciones que el pacto social -la Constitución Nacional- le ha delegado.  

Si nuestra sociedad no recupera rápidamente a su Estado y termina con todos los males que dejará el kirchnerismo -el narcotráfico es uno de los principales-, la propia Argentina se transformará en un país inviable y, como ha sucedido con tantos otros en la historia, dejará de ser una nación independiente. Se convertirá así, simplemente, en un rico territorio susceptible de desmembración, ya que el mundo no puede darse el lujo de dejar que tantos dones de la naturaleza, que le han dado un lugar de privilegio a la hora de producir alimentos y energía, se encuentren en manos de cuarenta millones de imbéciles suicidas.

Tal vez, sólo tal vez, podamos evitarlo si conseguimos ser muchísimos quienes, el 13 de noviembre, saldremos a decir que no queremos ese destino. Depende de nosotros.

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