Me gusta

jueves, 7 de mayo de 2015

Antigravedad, ¿proyecto borrado?



Townsend Brown pionero de la antigravedad

La antigravedad electromagnética es un tema excomulgado en el mundo aeronáutico. Hoy se niega su existencia, siendo relegada exclusivamente al campo de la cienciafícción. Su rastro todavía puede ser seguido en las publicaciones y enciclopedias científicas hasta los años setenta. Para realizar una aproximación a ella, y comprender sus bases, es imprescindible hablar de Townsend Brown, el hombre que más la popularizó, debido a que realizó su labor investigadora de forma abierta.
En marzo de 1956 Derek Wood, redactor de Interavia en Inglaterra, remitía un curioso artículo a su editorial. El autor era un americano que usando el apodo de Intel había exigido cobrar en dólares pues salía enseguida para su país. El artículo se publicó en mayo levantando una polémica que duró dos años. Se recibieron 326 cartas pidiendo toda clase de explicaciones. No resulta extraño. Con el título “Hacia la locomoción aérea sin esfuerzo ni peso” se presentaban en España las dos palabras malditas en la aviación: Antigravedad y electromagnetismo.
El causante de aquel alboroto fue Townsend Brown, un ingeniero preocupado por el electromagnetismo desde niño. Su profesor de origen alemán Paul Alfred Biefeld (compañero de universidad de Albert Einstein en Suiza) le mostró algo muy curioso: si a un objeto se le inducía un campo electromagnético experimentaba un extraño empuje hacia el polo positivo perdiendo parte de su peso. Observaciones paralelas le hicieron ver en sus resultados una acción antigravedad. El efecto Biefeld-Brown fue publicado en Science and Invention en 1929 sin llamar demasiado la atención.
Brown explicando cómo se desplazaría
un platillo volante gracias a su sistema
Mason Rose, presidente de la University for Social Research, escribió en 1952 que los platillos de Brown se elevaban emitiendo sólo un ligero “zumbido eléctrico” e irradiando un raro resplandor en la oscuridad producido por el efecto corona. Si añadimos a esto el poderoso campo electromagnético que emitían a su alrededor, enseguida vienen a nuestra mente las historias clásicas de las personas que vieron un OVNI típico de aquellos años, incluidos los zumbidos que los acompañaban, las interferencias captadas por las radios de sus coches, la paralización de los motores y el agotamiento instantáneo de las baterías.
Falso platillo alemán similar al propuesto
por Brown a la marina de los Estados Unidos.
Mientras tanto las prácticas empresas aeronáuticas de Estados Unidos se lanzaban a la búsqueda de la antigravedad, al tiempo que las universidades se dedicaban al campo teórico. Para ello se contó con los científicos que durante la guerra habían trabajado para el gobierno alemán, como el Dr. Burkhard Heim que había planteado innovadoras ideas en la Universidad de Goettingen. Martin Aircraft contrató al físico alemán Pascual Jordan invirtiendo sus esfuerzos en experimentar sistemas de vuelo semejantes al de Brown. El doctor Charles Dozier de la empresa Convair se fotografió junto a uno de los discos en los que estaban trabajando. Gluhareff Helicopter & Airplane voló un platillo basado en las ideas de Brown y dirigido a distancia sobre el estado de Nueva York, que fue fotografiado pasando a la historia de la ufología. La lista es larga y llega hasta más de cuarenta investigaciones realizadas, incluyendo la unión entre las fuerzas aéreas de Estados Unidos y la empresa Avro de Canadá; el mismo fabricante del Avrocar basado en el efecto Coanda.
Aquel curioso resultado electromagnético no fue tomado por todos como una anulación de la gravedad. Quizá no anulaba la gravedad pero “empujaba” a los objetos que era lo importante. Se esperaban maniobras irrealizables en aeronáutica: giros de 90 grados, ascensos y descensos en vertical o llegar a invertir el vuelo de golpe. Para los que creen en la antigravedad del efecto Biefeld-Brown, el piloto iría sumergido en su propio campo de gravedad y no se vería afectado por los bruscos movimientos.
Los hallazgos de Brown no sólo permitirían el vuelo en la atmósfera, pues también hacían viable el viaje en el espacio. El empuje que experimentaban los objetos hacia el polo positivo se producía igualmente en el vacío. Si no era interrumpido se multiplicaba, siempre teóricamente, hasta la velocidad de la luz. Con un correcto control de la inducción electromagnética era posible alcanzar una velocidad inimaginable.
Supuesta nave extraterrestre de Adamski
comparada con el modelo de pruebas de Brown


Ampliando sus trabajos a lo que denominó “viento eléctrico”, Brown diseñó un aparato que ha tenido una influencia decisiva en la ufología. George Adamski, primera persona que aseguró estar en contacto permanente con seres extraterrestres en los años 50, nos lo vendió como un tipo de nave procedente de Venus. Sus fotografías inundaron las revistas durante décadas creando la moda del contactismo.
Townsend Brown compitió con empresas que trabajaban para el gobierno, y que posiblemente habían avanzado hasta puntos que sólo podemos sospechar. Gracias a la difusión de su labor hoy comprendemos lo que en su día fue un tema llevado en la más absoluta discreción.
Sin financiación Brown se trasladó a Cleveland en 1952 y allí planteó un proyecto al que llamó Winterhaven. Superando las trabas que le habían puesto esperaba poder ofrecer a los militares su aeronave. En 1953 mostró el vuelo de dos discos que alcanzaron los 185 Km/h. Contó con el apoyo inicial del almirante Arthur W. Radford, en esos momentos Comandante en Jefe de la Flota en el Pacífico y después Jefe del Estado Mayor de Ejército las ordenes directas de Eisenhower entre 1953 y 1957. La prueba se llevó a cabo en la base naval de Pearl Harbor. A los discos, de tres metros de diámetro cada uno, les fueron suministrados 150.000 voltios en sus anillos exteriores; y volaron en un círculo de 50 metros alrededor del poste en donde habían sido sujetos. Tras el éxito inicial, Brown presentó una propuesta para desarrollar un disco de combate que volaría a tres veces la velocidad del sonido. El proyecto Winterhaven fue clasificado como secreto, y posteriormente, siempre según la versión oficial, se desestimó.

El nuevo sistema antigravedad, unido a otros convencionales, permitiría alcanzar el espacio

En su viaje a Europa por fin pareció sonreírle el éxito y en 1955 la Societe National de Construction Aeronautique Sud Ouest se interesó por sus trabajos. Varios discos volaron en el vacío con el uso de 200.000 voltios. Esto hizo ver a los franceses que la máquina que necesitaban para su aviación había sido encontrada. Se hicieron planes para crear una gigantesca campana de vacío y un generador que suministraría quince millones de voltios, pero en ese momento hizo su aparición Estados Unidos. La sociedad fue comprada por los americanos y rebautizada como Super Douglas of France Sud Est. Una de las primeras medidas adoptadas por el nuevo presidente de la empresa fue prohibir los trabajos antigravedad.
Brown fue uno de los fundadores en 1956 de la Comisión Investigadora Nacional de Fenómenos Aéreos, el NICAP, y parte del presupuesto de la organización de ufólogos se dedicó a financiar sus investigaciones en octubre de ese año. La alegría le duró poco. En enero se le retiró el dinero, fue acusado de excederse y el nuevo presidente con poderes ilimitados suspendió los trabajos. Curiosamente se trataba de un antiguo miembro de la marina, el Mayor Donald E. Keyhoe, ferviente defensor de la idea extraterrestre y hoy una leyenda entre los ufólogos.
De nuevo Brown encontró el apoyo en el campo privado, trabajando en 1958 para la empresa Bahnson Company of Winston-Salem. Más tarde creó la Rand International Limited. Después dejó la antigravedad y buscó una relación entre la gravedad, la electricidad y la corteza terrestre (petroelectricidad) financiado por Stanford Research Institute, University of California y Ames Research Center of NASA. Murió en 1985 y su familia poco quiere saber de entrevistas ya cansados del tema, aunque facilitan información sobre sus informes y experimentos.
Numerosos particulares han intentado repetir la investigación, pero sin los recursos económicos y técnicos necesarios no han podido pasar de comprobar las primeras fases, elevando o haciendo girar pequeños objetos.




La antigravedad, hace muchos años
Hace muchos años, en las décadas de los 50 y 60 del pasado siglo, la antigravedad no era un tema tabú, incluso las enciclopedias científicas hablaban sobre las investigaciones realizadas y la incluían como una cuestión científica más. Anoche, hablando con un amigo me acordé, y se me ha ocurrido poner un ejemplo.
Es curioso que eligieran la forma de un platillo volante






EL MUNDO DE LA CIENCIA
TOMO III
SALVAT EDICIONES, S. A.
BARCELONA, 1962
Página 365





OVNIs que no eran de otros mundos
Es incomprensible para la lógica que la mayoría de ellas se han visto en hangares del ejército o volando cerca de sus bases, y los ufólogos, en lugar de pensar en aeronaves simplemente humanas, han llegado a afirmar que los extraterrestres habían hecho un pacto con los militares, o que pasaban su tiempo espiando nuestras rudimentarias armas.
En ocasiones los platillos volantes estadounidenses han sido vistos fuera del país por gran cantidad de personas. El 23 de julio de 1974 varios pilotos, pasajeros, personal e incluso la directiva del aeropuerto de Bariloche, Argentina, fueron testigos de las evoluciones a baja altura de un platillo estadounidense. Cuando comparamos la borrosa imagen obtenida por un testigo con la de un Avrocar, el OVNI desaparece y se transforma en un objeto perfectamente reconocible.
La Fuerza Aérea Argentina emitió una explicación el 17 de septiembre, en la que se aseguraba que el incidente había sido producido por un avión RB-57 Camberra de la USAF con base en El Plumerillo. No hace falta decir que semejante explicación indignó a los profesionales que vieron el aparato.
El caso de Bariloche tiene un interés especial para la historia aeronáutica, pues, según las fuentes oficiales, el AVZ-9 realizó su último vuelo el 17 de mayo de 1961, tras lo cual fue cancelado el proyecto. ¿Qué hacía 13 años después en otro país?.
Los rumores que corren entre los ufólogos pueden ayudarnos a comprender los objetos desconocidos que cruzan nuestros cielos. De haber hecho caso a los comentarios recogidos por Berlitz y Moore en su libro “El Incidente”, según los cuales un ala circular había vuelto a las pistas en 1974, no habría existido el caso de Bariloche. Es una lastima que los autores pensaran que el platillo era extraterrestre.

Solemos creernos las noticias aparecidas en la prensa y los comunicados oficiales, sin prácticamente poner en duda su autenticidad; especialmente si la noticia aparece en televisión. Esta desinformación es fácilmente identificable en algunas ocasiones, aunque casi siempre consigue su objetivo y nos impide saber con exactitud lo que están haciendo hoy los gobiernos (aunque sí lo sospechemos) Pero al mirar hacia atrás podemos hacernos una idea de lo que encontraremos en el presente y en el futuro. La ufología debería hacer caso al viejo dicho de "quien olvida su historia corre el peligro de repetirla".
Durante la Segunda Guerra Mundial, España se declaró país no beligerante. La frase "no beligerante" nos puede llevar al error de pensar que era neutral, puesto que oficialmente se ayudó al Eje de diferentes modos sin llegar a entrar en guerra. Pese a ello, se acordó con los aliados auxiliar en el norte de África a los aviones que sufrieran problemas.
Y es que "de la verdad el hecho hay un largo trecho". Estados Unidos ha volado las aeronaves más extrañas que podamos imaginar, llevado a cabo pactos con países enemigos y realizado un sinfín de actos aparentemente incomprensibles.
La ufología nació en aquella nación y de allí llegaron testimonios y fotografías que tradujeron "ala circular" por "nave extraterrestre". La mayoría eran confusiones o fraudes pero, sin duda, una parte de ellas tenían como base los prototipos y las aeronaves experimentales.
Con el tiempo los OVNIS estadounidenses se presentaron con las más variadas formas y sería interminable explicar una a una. De todos modos hablaré en concreto de los llamados "cigarros puros"; naves con ventanillas y alargadas como mísiles.
En 1958, Hall L. Hibbard, vicepresidente de Lockeed, celebró una gira de conferencias por varias ciudades europeas, afirmando que su empresa estaba comprometida, desde hacía años, en una encarnizada competencia con Douglas y Boeing por construir un avión comercial de despegue vertical sin alas que volaría a 3.000 Km/h. Cuando se le preguntó por la patente número 2802333 solicitada por dos de sus ingenieros, Price y Hawkins, se negó a formular comentarios. De todos modos aclaró que el proyecto estaba planteado para siete años, y que hasta 1970 la aeronave no realizaría el primer vuelo transatlántico.

Durante más de una década una parte importante de la industria aeronáutica estadounidense estuvo comprometida en la creación de "cigarros puros". En este campo es de destacar el trabajo del alemán afincado en Estados Unidos Alexander Lippisch, entonces jefe de proyectos aerodinámicos de Collins Radio Co.
Lo más curioso es que este aparente secreto no era tan secreto como puede pensarse a primera vista. Lippisch publicó al menos dos artículos sobre sus trabajos en Interavia, Una nueva fórmula: El aerodino (nº 1 - 1958) y Reflexiones sobre el aerodino (nº 5 - 1960), lo que consiguió hacer famosos sus diseños en todo el mundo. Pero los ufólogos permanecieron con la venda extraterrestre tapando sus ojos, pese a que la revista presentaba esquemas iguales a los "cigarros puros de otros mundos"; incluidos, si nos fijamos bien en las imágenes, detalles como la entrada de aire al motor situada debajo del aparato o las famosas ventanillas que dieron pie a más de un chiste sobre autobuses turísticos interplanetarios.
Bastaba que una aeronave no tuviese alas para decir que era extraterrestre. Posiblemente varias personas llegaron a fotografiar los secretos aerodinos durante sus vuelos de prueba, lo que unido a la experimentación con mísiles creó entre el público la leyenda de los "cigarros puros extraterrestres”. Un mito potenciado por George Adamski, un exótico personaje, que se encargó de hacer correr ese y otros muchos rumores.
Como era de esperar cuando alguien veía una aeronave sin alas y, además, en un país que no era Estados Unidos, enseguida creía estar viendo algo alienígena. A finales de los cincuenta, retomando un viejo proyecto alemán de la guerra, se comenzó a trabajar en el Dyna-Soar, una nave que ha culminado en el famoso trasbordador espacial. Se trataba de un cuerpo sin alas con capacidad de volver a la tierra y aterrizar evitando los laboriosos rescates de las cápsulas en alta mar.

Las empresas se lanzaron a la investigación, y pronto presentaron algunos cuerpos sustentadores sin alas que les molestasen en su reentrada a la atmósfera. Pero eso sí, todos compartían una doble cola. El 16 de septiembre de 1965, mientras los técnicos de Northrop se encontraban en España, más de 300.000 testigos observaron sobre el cielo de Valladolid y las localidades cercanas un OVNI triangular de doble cola, y el padre Antonio Felices del colegio Dominicos llegó a confeccionar un dibujo ya clásico en la historia de la ufología española.
Acuerdos secretos pueden permitir que prototipos estadounidenses sean probados en otros países. España ha mantenido una tradicional relación cordial con esta nación y entre los acuerdos bilaterales parece imposible que nunca les hayamos dejado ensayar sus aparatos en nuestro suelo, sobre todo sabiendo que otros países lo han hecho; basta recordar el caso de Bariloche en Argentina.
Una de las premisas usadas por la ufología para apoyar la hipótesis extraterrestre es presentar imágenes de aparatos similares captados en países diferentes ¿Cómo iba a estar volando un prototipo americano sobre Alemania o Rusia? La explicación clásica ha sido que otra raza llegaba a nuestro planeta visitando los lugares del mundo más separados entre sí. Lo cierto es que diferentes países han trabajado en la misma clase de aeronaves al mismo tiempo. Un buen ejemplo fueron las "camas voladoras" en la era en que se desarrolló el despegue vertical o más modernamente los aviones invisibles al radar.
Entre ellos destaca el Luciérnaga europeo, pues se trata de un trabajo secreto del que pocas personas estaban enteradas. Sus prestaciones eran muy superiores a su homólogo estadounidense, el F-117, tanto en combate, velocidad y maniobrabilidad, como en invisibilidad electrónica, pero el ejército alemán fue obligado a suspender su desarrollo.
A nadie se le ocurriría creer que los gobiernos y los militares no mantienen investigaciones reservadas que se ocultan al gran público, sea por seguridad nacional, por impedir el espionaje o porque rayan en la ilegalidad. En realidad la información facilitada es amplia y ha permitido encontrar explicación a muchos hechos presentados en su día como extraterrestres, especialmente las llamadas “oleadas OVNI”.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario


Advertencia sobre comentarios

Advertencia sobre comentarios
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...